De internet, información y pictogramas: sobre el paciente empoderado (a propósito del Día del Internauta)

Hoy, 23 de agosto de 2016, se cumplen 25 años desde que se hizo público el acceso a la primera página web tal como hoy las conocemos, creada por Sir Tim Berners-Lee en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (conocida generalmente por  el acrónimo CERN, que responde a las siglas del nombre francés Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire) de Suiza, por lo que hoy se celebra el Día del Internauta.

Dia de internet

Imagen con la que Facebook celebra el Día del Internauta.

Internet es un conjunto de redes de comunicación interconectadas de alcance mundial, que permite la transmisión de una cantidad ingente de información (en diversos soportes y formatos). Sus orígenes se remontan a 1969, cuando se estableció la primera conexión de computadoras, conocida como ARPANET, entre tres universidades en California (Estados Unidos). Pero fue el 23 de agosto de 1991 cuando el CERN de Suiza puso a disposición de cualquier visitante (internautas, en la terminología actual) el contenido del portal web previamente creado por Berners-Lee, que inicialmente había tenido su acceso restringido exclusivamente para los miembros de la organización.

Decir que internet ha supuesto una auténtica revolución por su impacto social (en absolutamente todos los ámbitos) es una perogrullada: baste decir que la sociedad actual recibe el nombre de «sociedad de la información», precisamente por el intercambio y disponibilidad de esas cantidades ingentes de información (de todo tipo) a la que nos referíamos antes.

Lógicamente, una parte importante de la información que se comparte y que se busca en internet es información referente a temas de salud y enfermedad. Ya hemos hablado de eso en entradas anteriores de este blog. Sin duda, esa disponibilidad de información ha contribuido a que muchas personas puedan afrontar de un modo diferente su enfermedad y la relación con el equipo sanitario asistencial encargado de sus cuidados, hasta el punto de que hoy hablamos de «paciente empoderado» o «paciente experto» para referirnos a un paciente informado y motivado que asume responsabilidad en los cuidados que su enfermedad requiere y se implica activamente en colaborar con el equipo asistencial encargado de su tratamiento.

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Las posibilidades del paciente empoderado se reflejan perfectamente en este chiste de Glasbergen, en el que la enferma dice a su médico:

“¡Usted tiene que aprender sobre miles de enfermedades, pero yo sólo tengo que centrarme en arreglar lo que va mal en MÍ! Ahora, ¿cuál de nosotros cree usted que es el experto?”

Sin embargo, como también abordamos a propósito de lo que llamamos «la temeridad del Dr. Google» (cuya lectura, o relectura, recomendamos, por estar muy relacionada con el objeto de esta entrada), aunque el conocimiento siempre es bueno, lamentablemente conocimiento e información no son sinónimos. El exceso de información, si no lleva al conocimiento, puede ser perjudicial en sí misma: el término infoxicación es una contracción de información e intoxicación, y hace referencia a los efectos nocivos que puede tener un exceso de información para quien carece de los elementos necesarios para procesarla. Incluso en las ocasiones en que no resulte perjudicial, la información, si no lleva al conocimiento, es inútil.

Hoy hemos conocido un estudio de la Universidad de Burdeos (Francia) que concluye que los pictogramas incluidos en los envases de medicamentos peligrosos para la conducción son ineficaces a largo plazo para reducir el riesgo de accidente de tráfico. Ya hemos hablado de esos pictogramas en otras ocasiones, pues algunos antihistamínicos (medicamentos muy utilizados como tratamiento sintomático de algunas alergias) pueden producir somnolencia y, por tanto, resultar peligrosos para la conducción de vehículos.

Francia presentó hace una década un pictograma graduado de color que fue colocado en el embalaje exterior de todos los medicamentos con riesgo para la conducción. Se definieron tres niveles de riesgo, amarillo, naranja y rojo, e instrucciones para la conducción segura. El estudio al que nos hemos referido, dirigido por Ludivine Orriols y Emmanuel Lagarde, de la mencionada Universidad, y publicado en la revista British Journal of Clincal Pharmacology, analizó el impacto de este cambio en los accidentes de tráfico, comparando el contenido de tres bases de datos nacionales francesas y los datos nacionales de los seguros de salud, informes policiales y bases de datos de la policía sobre accidentes perjudiciales.

En realidad, los antihistamínicos (aunque, como hemos dicho, algunos de ellos llevan este pictograma, tanto aquí como en el país vecino) no se incluyeron entre los fármacos que se tuvieron en cuenta en el estudio: se prestó atención a medicamentos ansiolíticos e hipnóticos (dicho de otra forma, medicamentos utilizados precisamente por su efecto tranquilizante o/y facilitador del sueño). El uso de ansiolíticos de tipo benzodiacepina se asoció con un 42 % de aumento de la probabilidad de ser responsable de un accidente de tráfico durante el periodo previo a la introducción del pictograma. El aumento del riesgo desapareció inmediatamente después de la introducción del pictograma, pero volvió a ser significativo en periodos de tiempo posteriores.

Además, este resultado fue similar para los hipnóticos de tipo benzodiacepina, aunque un menor número de individuos tomaron estos fármacos, por lo que los resultados fueron insignificantes. Sin embargo, el estudio ha demostrado que el riesgo de ser responsable de un accidente fue mayor en los usuarios que se trataban con  otro tipo de hipnóticos.

Los autores concluyen que la inclusión del pictograma no ejerció el efecto que se esperaba, pues el riesgo de ser responsable de un accidente en relación a estos medicamentos no disminuye a largo plazo tras la introducción de este tipo de mensajes. Y que, puesto que el consumo de medicamentos sigue siendo responsable de un porcentaje no despreciable de los accidentes de tráfico, las políticas de prevención deben ser revisadas.

¿Quiere eso decir que es inútil proporcionar esa información directamente al consumidor del fármaco? No, en absoluto. En consulta, algunos pacientes nos preguntan por el significado de esos pictogramas (algunos de esos medicamentos se venden sin receta médica) y piden más información al respecto, lo cual indica que no pasan (al menos, no siempre) desapercibidos. Pero el trabajo de Orriols y Lagarde invita a reflexionar sobre que tal vez los mensajes no sean igual de efectivos cuando se proporcionan prescindiendo del profesional sanitario.

En un escenario ideal, y a diferencia de lo que plantea el chiste de Glasbergen expuesto arriba, el paciente empoderado no compite con su médico para ver quién atesora más información: ambos colaboran juntos en pos del objetivo común; y el paciente experto nunca lo será realmente si no cuenta con el apoyo, orientación y tutela de su médico, que le permita convertir la información en conocimiento.

 

 

Europa regulará más en profundidad las sustancias utilizadas para hacer tatuajes

Pertenecer a la Unión Europea implica depositar una parte de nuestra soberanía popular en una institución supranacional. Es decir, implica que Europa elabora normas que nosotros debemos aceptar y acatar. De hecho, nuestra propia legislación interna (la española) no puede ir en contra de la europea. Algunas de esas normas europeas son de aplicación directa en los países miembros, y otras necesitan una adecuación al escenario normativo de cada país, pero esa adecuación debe respetar los imperativos que plantea la Unión.

Alguna de esas normas europeas ha sido objeto de atención de este blog en el pasado (por ejemplo,  el Reglamento (UE) nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo sobre información alimentaria al consumidor), ya que, orientadas a proteger la salud de los ciudadanos, versan sobre aspectos relacionados con las enfermedades alérgicas y su tratamiento o su prevención.

En los últimos años está aumentando la tendencia a tatuarse. Hace décadas era una actividad minoritaria, casi marginal, y con frecuencia cargada de simbolismos y significados (en algunos colectivos estaban dotados de significados reconocibles), pero en la actualidad cada vez más personas lo hacen: los tatuajes se han popularizado e incorporado progresivamente a la sociedad occidental, cumpliendo hoy funciones puramente estéticas. Aunque, lógicamente, no existen registros que nos permitan saber con exactitud la cantidad de personas que llevan un tatuaje (y muchos de ellos están ubicados en zonas que se mantienen ocultas salvo para el círculo más íntimo), se estima que en Europa el porcentaje de personas tatuadas ha pasado de un 5 % en 2013 a un 12 % en 2016, lo cual implica que aproximadamente unos 60 millones de europeos (aproximadamente un tercio de los cuales son jóvenes entre 16 y 34 años) tienen uno o más tatuajes en su piel.

Lamentablemente, como sabemos, los tatuajes no están exentos de riesgos para la salud. Y algunos de ellos son, precisamente, el riesgo de reacciones alérgicas a alguno(s) de sus componentes.

Como consecuencia de un informe reciente de la Dirección General de Justicia y Consumidores de la Comisión Europea, que destaca la necesidad de implementar nuevas medidas destinadas a la fabricación de las tintas utilizadas y a las campañas de información sobre los riesgos para tatuadores y clientes con el fin de mejorar la seguridad de los tatuajes, La Agencia Europea de Sustancias Químicas, a propuesta de la propia Comisión Europea, va a estudiar nuevas medidas para evaluar, autorizar y restringir el uso de las sustancias y procedimientos utilizados para realizar tatuajes.

Aunque en la actualidad, las tintas permanentes del maquillaje disponibles en el mercado europeo una combinación de varios ingredientes, y más de 100 colorantes diferentes y 100 aditivos están actualmente en uso. Algunos de ellos pueden resultar altamente sensibilizantes, como es el caso de la Para-fenilendiamina o PPD, que se añade a la henna para darle color negro. Por otra parte, los pigmentos habitualmente utilizados no son productos específicamente fabricados para aplicaciones de tatuajes y maquillaje permanente, y algunos contienen impurezas.

Con carácter general, más del 80 por ciento de los colorantes utilizados son productos químicos orgánicos y más del 60 por ciento de ellos son un cierto tipo de pigmentos, llamados azo-pigmentos, algunos de los cuales pueden liberar aminas aromáticas cancerígenas.

En la actualidad, en España, estos productos están regulados por la normativa que afecta a los cosméticos y a los productos sanitarios. Las Comunidades Autónomas, por su parte, tienen su propia normativa en la que se recogen los requisitos que tienen que cumplir los centros en los que se realizan tatuajes y piercings. Los tatuadores y otros profesionales del sector llevan años pidiendo una norma que regule el ejercicio del tatuado y anillado corporal (piercing) a nivel nacional, con unos requisitos comunes para todo el país, para evitar desigualdades territoriales, pero esa no ha sido una prioridad del Gobierno hasta ahora.

Tal vez, entonces, mientras nuestros políticos están ocupados discutiendo asuntos que obviamente les parecen más acuciantes, Europa regule finalmente esta materia de forma específica, con base en la evidencia científica disponible.

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