Contaminación atmosférica

La expresión contaminación atmosférica es la que utilizamos para referirnos a la presencia en el aire de materias o formas de energía que impliquen efectos nocivos (riesgo, daño o molestia grave) para las personas y bienes de cualquier naturaleza. Se incluyen en este concepto, entonces, todas las sustancias (vivas o inertes) o formas de energía (radiaciones, ruido, …) que puedan resultar perniciosas para la salud de personas o animales, o atacar a distintos materiales, reducir la visibilidad o producir olores desagradables.

El nombre de contaminación atmosférica suele reservarse, entonces, por lo general, a las alteraciones del ambiente que tienen efectos perjudiciales para los seres vivos y los elementos materiales, pero no suelen aplicarse a otras alteraciones (elementos químicos o de otro tipo) que resulten inocuas.

Los principales mecanismos de contaminación atmosférica derivada de la actuación humana son procesos artificiales que implican combustión, ya sea en industrias o en vehículos de motor o aparatos domésticos, que generan gases como dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, entre otros. Hay también industrias que emiten otros gases tóxicos en sus procesos productivos, como cloro o hidrocarburos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho público recientemente un informe sobre las consecuencias de respirar aire contaminado, donde se ofrecen datos alarmantes: se relaciona la exposición a la polución con siete millones de muertes sólo durante el año 2012, pues está implicada en la génesis o evolución de múltiples enfermedades, como infecciones respiratorias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedades cardiovasculares (infartos o ictus, especialmente) y cáncer. La cifra mencionada duplica estimaciones anteriores, supone nada menos que una de cada ocho muertes en todo el mundo, y permite concluir que la contaminación es el factor de riesgo ambiental que, por sí solo, más aumenta los riesgos para la salud.

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Se ha observado que las exacerbaciones del asma bronquial pueden desencadenarse por diferentes contaminantes ambientales, y que la respuesta que las personas sensibilizadas muestran frente a los alérgenos presentes en el aire respirado se incrementa en los lugares contaminados. Se ha comprobado también, en relación con lo anterior, que el riesgo de exacerbación asmática se incrementa cuando, en la estación polínica, los pólenes actúan junto con partículas contaminantes de pequeño tamaño (menores de 10 micrómetros de diámetro) presentes en la atmósfera.

Como conclusión de lo referido, podemos aseverar que, si la contaminación es un factor de riesgo ambiental con un significativo potencial nocivo para la salud, las personas alérgicas tienen incluso más motivo para temerle que el resto de la población.

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