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Un año extremo

Dejamos atrás ya un mes de julio inusualmente caluroso, durante el que se han registrado temperaturas máximas, las más altas desde que hay registros, en diversas estaciones de medición repartidas por la geografía del país (en el aeropuerto de Granada, por ejemplo, se registraron 43,1º el pasado 7 de julio, el mismo día que en Zaragoza se registraban 44,5º).

La primavera de este año ya batió records: los niveles de polen de algunas especies han sido, también, muy altos. Concretamente, los del polen del olivo se han mantenido persistentemente elevados durante casi toda la primavera, y los datos registrados por la estación de medición dependiente del servicio de Alergología del Complejo Hospitalario de Jaén mostraron un récord de 19.840 granos de polen de olivo por metro cúbico de aire el día 13 de mayo (la máxima cifra anteriormente contabilizada en esta estación databa de mayo de 2013, cuando se registraron 18.660 granos por metro cúbico de aire).

Los niveles de polen alcanzados, y su diseminación, están muy relacionados con las condiciones meteorológicas, que este año han sido especialmente duras con las personas alérgicas a pólenes.

Y este verano están siendo también muy duras para todos, pero en el sentido mencionado al inicio de esta entrada: lo inusual del clima que hemos tenido durante julio no es sólo las cifras récord de temperatura, sino también la persistencia en el tiempo de cifras tan elevadas, la persistencia del calor durante muchos días seguidos.

Es previsible que durante el mes de agosto haya, también, temperaturas elevadas, pero esperemos que no un modo tan persistente.

A ver si nos da, por fin, un respiro.

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Mariscos

El término marisco es un término gastronómico que se refiere a los animales marinos invertebrados comestibles, fundamentalmente los crustáceos (gambas, langostinos, camarones, quisquillas, cangrejos, cigalas, langostas, bogavantes, …) y moluscos, aunque también incluye algunos equinodermos comestibles (como el erizo de mar). En el grupo de los moluscos entran fundamentalmente los bivalvos (almejas, mejillones, ostras, berberechos, …) y los cefalópodos (pulpo, calamar, sepia), aunque debemos mencionar también la clase de los gasterópodos, en la que se incluye el caracol.

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Los datos de prevalencia de alergia a mariscos en la población general son limitados, al igual que ocurre en otros alimentos, por la falta de estudios poblacionales desarrollados con um método idóneo: la mayoría de los estudios existentes sobre la población general se basan en encuestas (teléfonicas o por correo, fundamentalmente). Aunque es más frecuente en adultos, en España se estima que en niños escolares está, según el estudio Alergológica 2005, en torno a un 5%, cifra que crece cuando aumenta la edad del grupo estudiado.

El alérgeno principal responsable de las reacciones por ingesta de crustáceos es la tropomiosina, una proteína que está presente tanto en células musculares (con un papel importante en la regulación de la contracción muscular) como no musculares. Las tropomiosinas se han identificado como panalérgenos (los panalérgenos son proteínas muy extendidas en la naturaleza, que se encuentran presentes, con estructura muy similar, en diversas especies no relacionadas entre sí): las tropomiosinas de crustáceos y moluscos (incluyendo el caracol de tierra) son muy similares entre sí, y resultan también similares a las de insectos y ácaros del polvo. La importancia alergológica de los panalérgenos radica en la posibilidad de que condicionen reactividad cruzada, es decir, reacción alérgica frente a organismos diversos no emparentados de forma cercana.

En los últimos años se han caracterizado otros alérgenos presentes tanto en crustáceos como moluscos, como la arginina kinasa (AK), la cadena ligera de miosina (MLC), la hemocianina o una proteína sarcoplásmica fijadora de calcio (aunque en este último caso la similitud de la molécula encontrada en crustáceos con la encontrada en moluscos es más escasa, tan sólo de 15-21%, por lo que parece que estaría involucrada principalmente en la reactividad cruzada solo entre crustáceos),  entre otras.

Los mariscos son una de las causas más frecuentes de reacciones alérgicas a alimentos. Aunque, con carácter general, sus síntomas no difieren cualitativamente de los presentados  en casos de alergia a otros alimentos, se caracterizan por ser causantes de más reacciones graves comparados con otros alimentos, incluida la anafilaxia. Además, los síntomas de alergia a mariscos pueden desencadenarse no solamente por la ingesta, sino también por la simple exposición a vapores en el acto de la cocción, tanto en el ámbito laboral (alergia ocupacional) como en el doméstico: en tales casos, las manifestaciones suelen ser cutáneas o respiratorias.

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Aunque puede existir reactividad cruzada entre los alérgenos de mariscos, no hay muchos estudios que que aborden este tema, por lo que no sabemos con precisión en qué porcentaje realmente existe. Alguno de los estudios poblacionales realizados (mediante encuesta) concluyó que un 14% de las personas que padecían alergia a crustáceos o moluscos tenían, además, reacciones con el otro grupo de mariscos.

Además, puede existir reacciones cruzadas con otras especies no emparentadas. En algunos casos se ha constatado alergia a crustáceos en personas que padecían alergia (respiratoria) a los ácaros del polvo, debida a la similitud de la tropomiosina (que en el ácaro Dermatophagoides pteronyssinus recibe el nombre de Der p 10) de unos y otros, aunque la relevancia clínica de esta circunstancia todavía no está del todo clara (parece que, en cualquier caso, la tropomiosina de los ácaros no es un alérgenos mayoritario de esta especie, debido probablemente a su escasa cantidad en el músculo del ácaro, por lo que no muchas personas estarían sensibilizadas con repercusión clínica frente a este alérgeno.