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Esofagitis eosinofílica

La esofagitis eosinofílica es una enfermedad inflamatoria crónica de causa desconocida que se caracteriza por un acúmulo de eosinófilos (una variedad de glóbulos blancos de la sangre) en el esófago, condicionando un mal funcionamiento del mismo. El esófago es un tubo con pared muscular que participa en el tránsito de los alimentos desde la boca al estómago, lo cual determina que los síntomas principales de este trastorno (que son variables, dependiendo de la edad), están relacionados con la función digestiva: en el caso de lactantes y niños pequeños puede haber rechazo de la comida, o no crecen al ritmo normal;  los niños en edad escolar a menudo refieren dolor abdominal, dificultad para tragar (disfagia) o vómitos; los adolescentes y los adultos también refieren a menudo dificultad para tragar, junto a otros síntomas menos frecuentes (hipersalivación, vómitos, dolor torácico, …). En los casos más graves, el esófago puede estrecharse hasta tal punto que la comida se atasca: este fenómeno se llama impactación del alimento y necesita tratamiento urgente.

Se estima una prevalencia de esofagitis eosinofílica de 45 casos por cien mil habitantes.

Diversas circunstancias permiten relacionar la esofagitis eosinofílica con una alteración de carácter alérgico, pues se ha comprobado que diversos alimentos (o incluso alérgenos inhalados como pólenes u hongos) pueden producir una inflamación tras su contacto con el sistema inmunológico de la pared del esófago (se considera que, efectivamente, una respuesta inmunológica adversa a algún alimento es la principal causa de esofagitis eosinofílica en una gran cantidad de pacientes), y que, en algunos casos, la retirada de los alimentos frente a los que se ha detectado alergia ayuda a controlar la enfermedad.

Si quieres conocer más sobre la esofagitis eosinofílica, puedes visitar la página web de la Asociación Española de Esofagitis Eosinofílica:

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Si mi enfermedad alérgica no me deja trabajar, ¿quién puede darme la baja?

Que una enfermedad alérgica puede resultar, en ocasiones, incompatible con los requerimientos del puesto de trabajo es algo que muchos enfermos alérgicos han constatado por experiencia propia. En tales circunstancias, puede ser necesaria la expedición de una baja médica, por lo que cabe preguntarse quién tiene competencia para expedirla.

La emisión del parte médico de baja es el acto que origina la iniciación de las actuaciones conducentes al reconocimiento del derecho a la prestación por incapacidad temporal. Con carácter general, en el caso de las contingencias comunes (enfermedad común y accidente no laboral), el parte médico de baja será expedido por el médico del servicio público de salud que haya efectuado el reconocimiento del trabajador afectado. Así ha sido durante años, y así está previsto que siga siendo con la nueva regulación normativa, que entrará en vigor en el próximo mes de septiembre.

En la práctica, es el médico de atención primaria quien lo hace. En realidad, la normativa general no impide que pudiera hacerlo otro especialista del servicio público de salud (el que “haya efectuado el reconocimiento del trabajador afectado”), pero ello supondría que ese otro especialista tendría que expedir los llamados partes de confirmación, hasta ahora semanales (aunque esa periodicidad no va a mantenerse invariable con la nueva normativa), previa constatación (mediante reconocimiento) de que el paciente sigue estando incapacitado. Probablemente por ese motivo, esa responsabilidad suele atribuirse al médico de atención primaria. A fuerza de no ejercer (nunca) esa competencia, la mayoría de los restantes especialistas ni siquiera saben que la tienen (de hecho, los servicios públicos de salud no les facilitan su ejercicio, probablemente para evitar que sus consultas se saturen de personas que buscan semanalmente la expedición de los partes de confirmación).

En el caso de que la causa de la baja médica sea una contingencia profesional, es decir, un accidente de trabajo o una enfermedad profesional, y esta contingencia estuviese asegurada por una Mutua (lo cual, como hemos visto, es lo más habitual), los correspondientes partes de baja, de confirmación, o de alta, serán expedidos por los servicios médicos de la propia Mutua. Permitidme que insista en este hecho, pues es importante: si se trata de una continencia profesional, la baja es competencia del médico de la Mutua en la que la empresa haya asegurado esas contingencias, pero no del médico del servicio público de salud (es decir, no es competencia del médico de atención primaria ni de ningún otro especialista del servicio público). Por ello, en tales casos, el médico de atención primaria tendrá que remitir al paciente a la Mutua, donde valorarán si procede o no emitir la baja. Existen excepciones, en los casos en que las contingencias profesionales no están aseguradas en una Mutua, pero son los menos.

¿A quién acudimos, entonces? En condiciones generales, al médico de atención primaria, que tiene competencias cuando se trata de contingencias comunes. Sólo si el proceso está claramente relacionado con el trabajo (enfermedad profesional o accidente de trabajo), a la Mutua. Aún así, no descartemos que nuestra opción inicial no sea la correcta, y que desde la instancia a la que hemos acudido en primer lugar nos remitan a la otra.

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