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La alergia en el examen MIR de este año

El pasado sábado se celebró el examen MIR en su convocatoria correspondiente a este año.

Ya hemos hablado del MIR en alguna entrada anterior de este blog. Es el examen que hacen los médicos para optar a una especialidad: una prueba selectiva y de carácter objetivo en función de cuyo resultado los candidatos que superan un nivel mínimo son ordenados para elegir posteriormente las plazas disponibles por orden de puntuación.

MIR

Se trata de un examen tipo test, en el cual cada pregunta presenta 5 respuestas posibles, de las cuales sólo una es correcta. Y suele abarcar las más diversas ramas de la medicina, desde aspectos relacionados con la ética de la relación médico-paciente hasta detalles sobre técnicas quirúrgicas sofisticadas.

Por supuesto, incluye algunas preguntas sobre alergia.

Así que hoy hemos traído las preguntas sobre alergia que hemos encontrado en el examen MIR de este año, para analizarlas y comentarlas. Pero… ¿qué interés puede tener eso para nuestros lectores que no son médicos? Sigue leyendo: nos va a permitir repasar algunos conceptos que abordamos en el pasado, e introducir algún otro nuevo.

Las preguntas son tres:

1.- La primera pregunta versa sobre los mecanismos inmunológicos implicados en la alergia:

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En las reacciones de hipersensibilidad mediada por IgE, el reconocimiento de un alérgeno por la IgE desencadena complejas reacciones inmunitarias, entre las que pueden destacarse, por ejemplo, la desgranulación de los mastocitos, que liberan de su interior sustancias como la histamina, o la intervención de los eosinófilos en la respuesta inflamatoria. La primera respuesta, como puede verse, es correcta.

Tanto los mastocitos como los eosinófilos son células, es decir, «elementos celulares». Junto a ellos, intervienen otros, como los basófilos de la sangre, en la reacción inflamatoria que se desencadena; la segunda respuesta, por tanto, es falsa.

Las reacciones de citotoxicidad mediadas por anticuerpos son características del mecanismo desencadenado por la implicación de otros anticuerpos, como la IgG o la IgM, y no «juegan un papel fundamental» cuando el anticuerpo implicado es de tipo IgE: la tercera respuesta, por tanto, también es incorrecta.

Como queda patente en su entrada en la Alergopedia, la atopia es la predisposición de base genética para la formación de IgE específica para alérgenos diversos, y, entre otras cosas, se caracteriza por un aumento de los niveles de IgE sérica total, la cual está implicada en las manifestaciones clínicas de esta condición: la cuarta respuesta, por tanto, es también incorrecta.

Finalmente, la última respuesta hace referencia al receptor de la IgE, que es el elemento de la membrana celular de las células como los mastocitos, eosinófilos y basófilos, que reconocen a la IgE y se unen a ella: sí tiene, por tanto, un papel fundamental en este tipo de reacciones, por lo que podemos descartar esta última respuesta.

Nos quedamos, entonces, con la primera respuesta:

En las reacciones de hipersensibilidad mediada por IgE juegan un papel importante los eosinófilos y los mastocitos.

2.- La segunda pregunta versa sobre el diagnóstico del asma:

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El asma es una enfermedad respiratoria crónica que se caracteriza por obstrucción de las vías respiratorias bajas (bronquios), la cual tiene características inflamatorias (se debe a una reacción inflamatoria) y es típicamente reversible, ya sea de forma parcial o total. La constatación de la obstrucción reversible del flujo aéreo es precisamente lo que permite confirmar el diagnóstico, y para la medición del flujo aéreo se usa la espirometría.

La primera respuesta, por tanto, es correcta.

Sin embargo, la presencia de unas pruebas cutáneas alérgicas positivas o la presencia de IgE específica en sangre frente a un aeroalérgeno indican que hay sensibilización frente a un alérgeno, pero eso no confirma un diagnóstico de asma: hay personas que están sensibilizadas a un alérgeno (lo cual se puede poner de manifiesto de las formas descritas) y no padecen asma; y, por el contrario, hay personas que padecen asma y no se constata en ellas sensibilización a ningún alérgeno (se trataría, entonces, de lo que llamamos asma intrínseca). Las respuestas segunda y quinta, por tanto, son falsas.

Un incremento del número de eosinófilos en el esputo (Respuesta nº 3) sí suele estar presente, pero también suele aparecer en otras enfermedades diferentes del asma, por lo que tampoco nos sirve para confirmar el diagnóstico.

La elevación del óxido nítrico en el aire espirado (Respuesta nº 4) es un marcador de inflamación: por tanto, además de en el asma, también ocurre en otras enfermedades en las que hay inflamación pulmonar, y en el caso concreto del asma disminuye cuando la inflamación está controlada. Así pues, tampoco nos sirve para confirmar el diagnóstico,  aunque pueda resultar útil en el seguimiento clínico, para constatar cuándo disminuye la inflamación.

Nos quedamos, por tanto, con la primera respuesta:

En un paciente con síntomas de asma, la confirmación diagnóstica de la enfermedad se efectuará mediante la constatación de una obstrucción reversible del flujo aéreo en la espirometría.

3.- La tercera pregunta versa sobre las complicaciones cutáneas de la enfermedad celíaca:

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La dermatitis herpetiforme se considera la manifestación cutánea de la enfermedad celíaca o celiaquía. Todos los pacientes con dermatitis herpetiforme tienen hipersensiblidad al gluten, y la enfermedad se cura con una dieta exenta de gluten. Sin embargo, respecto al resto de enfermedades cutáneas citadas en las restantes respuestas (la dermatitis atópica, el moluscum contagioso, el granuloma anular o la rosácea) no se ha encontrado ninguna asociación con la enfermedad celíaca.

Así pues, la dermatitis herpetiforme es una enfermedad cutánea asociada con la celiaquía.

Contaminación atmosférica

La expresión contaminación atmosférica es la que utilizamos para referirnos a la presencia en el aire de materias o formas de energía que impliquen efectos nocivos (riesgo, daño o molestia grave) para las personas y bienes de cualquier naturaleza. Se incluyen en este concepto, entonces, todas las sustancias (vivas o inertes) o formas de energía (radiaciones, ruido, …) que puedan resultar perniciosas para la salud de personas o animales, o atacar a distintos materiales, reducir la visibilidad o producir olores desagradables.

El nombre de contaminación atmosférica suele reservarse, entonces, por lo general, a las alteraciones del ambiente que tienen efectos perjudiciales para los seres vivos y los elementos materiales, pero no suelen aplicarse a otras alteraciones (elementos químicos o de otro tipo) que resulten inocuas.

Los principales mecanismos de contaminación atmosférica derivada de la actuación humana son procesos artificiales que implican combustión, ya sea en industrias o en vehículos de motor o aparatos domésticos, que generan gases como dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, entre otros. Hay también industrias que emiten otros gases tóxicos en sus procesos productivos, como cloro o hidrocarburos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho público recientemente un informe sobre las consecuencias de respirar aire contaminado, donde se ofrecen datos alarmantes: se relaciona la exposición a la polución con siete millones de muertes sólo durante el año 2012, pues está implicada en la génesis o evolución de múltiples enfermedades, como infecciones respiratorias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedades cardiovasculares (infartos o ictus, especialmente) y cáncer. La cifra mencionada duplica estimaciones anteriores, supone nada menos que una de cada ocho muertes en todo el mundo, y permite concluir que la contaminación es el factor de riesgo ambiental que, por sí solo, más aumenta los riesgos para la salud.

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Se ha observado que las exacerbaciones del asma bronquial pueden desencadenarse por diferentes contaminantes ambientales, y que la respuesta que las personas sensibilizadas muestran frente a los alérgenos presentes en el aire respirado se incrementa en los lugares contaminados. Se ha comprobado también, en relación con lo anterior, que el riesgo de exacerbación asmática se incrementa cuando, en la estación polínica, los pólenes actúan junto con partículas contaminantes de pequeño tamaño (menores de 10 micrómetros de diámetro) presentes en la atmósfera.

Como conclusión de lo referido, podemos aseverar que, si la contaminación es un factor de riesgo ambiental con un significativo potencial nocivo para la salud, las personas alérgicas tienen incluso más motivo para temerle que el resto de la población.