Archivo por meses: junio 2014

Unas veces se gana, y otras se pierde (o… un anuncio desafortunado)

Incluso a quienes, en general, el fútbol no nos suscita pasiones vehementes, un campeonato como el Mundial nos puede resultar estimulante. Identificarnos con el equipo que representa al país propio, compartir  la expectación, emocionarnos con las ocasiones propicias, dejarnos llevar por la euforia si el resultado es favorable… es fácil cuando en el ambiente hay disposición para ello.

De forma equiparable, sentirnos decepcionados cuando el resultado es desfavorable es igualmente fácil. Es una lástima que España no pueda pasar a la siguiente fase. Habría sido divertido ser espectadores de un acúmulo de éxitos sucesivos que terminara, como en otras ocasiones, en una merecida victoria final. Pero, esta vez, no ha podido ser.

Una veces se gana, y otras se pierde. No siempre se puede ganar: eso es algo que ocurre no sólo con el deporte, sino con casi todo en la vida. Ser ganador o perdedor son situaciones coyunturales, referidas a empeños o intentos concretos, y no es una condición intrínseca de las personas o de los equipos.

Hay un anuncio reciente de una marca de pañuelos de papel que incide en el hecho evidente de que a nadie le gusta perder; pero, menos aún, que se le considere un perdedor.

Kleenex es una marca de pañuelos de papel tan conocida que ha llegado a ser identificada con el propio producto (fenómeno que en el ámbito jurídico se llama «vulgarización de la marca»). Pero, aunque la marca sea tan conocida que el consumidor pueda relacionar con la misma cualquier pañuelo de papel que encuentre en el mercado, no por ello dejará de hacer publicidad. Y el anuncio referido arriba, precisamente de esa marca, es un anuncio desafortunado; y también tramposo.

En él aparecen dibujados tres rostros humanos, idénticos salvo por el hecho de que cada uno de ellos presenta un gran círculo rojo en diferentes localizaciones, dependiendo de la cual se atribuye una cualidad al personaje.

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Cuando el círculo está en el cuello, el personaje se señala como amante (lover), dando a entender que alguien quiso besarle el cuello con tal pasión que le dejó una marca.

Cuando el círculo está sobre un ojo, el personaje se señala como luchador (fighter), dando a entender que ese sujeto ha estado implicado en una riña violenta de la cual no ha salido incólume (y, curiosamente, en el contexto, a esa circunstancia no parece que se le atribuyan connotaciones negativas).

Por contraste, se entiende que la situación a evitar es la tercera, cuando el círculo rojo aparece sobre la nariz, insinuando una gran congestión nasal: a ese personaje se le atribuye la condición de perdedor (loser).

 En nuestra opinión, es, decíamos, un anuncio desafortunado. Y lo es por varios motivos.

En primer lugar, por atribuir una connotación más negativa al personaje de la nariz congestionada que al pendenciero.

En segundo lugar, porque, como adelantábamos arriba, ser ganador o perdedor no es una condición intrínseca de las personas: ¡a veces se gana, y a veces se pierde!

En tercer lugar, porque el hecho de padecer una enfermedad, como las que producen una congestión nasal (las rinitis de causa alérgica, por ejemplo, tan frecuentes), no puede, jamás, condicionar una valoración despectiva, o peyorativa, de quien la padece; y este anuncio parece proponer precisamente eso.

Y, finalmente, es un anuncio tramposo. Y lo es, porque el pañuelo de papel no es un remedio que solucione la congestión nasal. Cuando hay rinorrea abundante (es decir, mucha secreción nasal, de consistencia líquida, como ocurre, de nuevo, en la rinitis alérgica, en la que se habla de rinorrea acuosa por su aspecto similar al del agua), el pañuelo puede ser necesario, pero, desde luego, no elimina la congestión nasal: no conseguirá evitar el color rojo (por el contrario, su uso continuado puede terminar irritando la nariz y empeorar el aspecto enrojecido).

Hay, desde luego, tratamientos, y algunos muy eficaces, para mejorar la congestión nasal, pero el simple uso del pañuelo no está entre ellos.

Las «pelusas» no son polen

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Algunas plantas liberan sus frutos, livianos y con la semilla en su interior, adheridos a una estructura especializada, que tiene múltiples prolongaciones, como pelos o filamentos (lo cual le da un aspecto similar a una pelusa), y que reciben el nombre de cipselas.

Las cipselas son características de algunas plantas como el diente de león (cuyo nombre científico es Taraxacum officinale) y, cuando están listas para cumplir su función, se liberan muy fácilmente: a veces, basta una ligera brisa, o el soplido de un niño, para que se desprenda un grupo de ellas, y se dispersen por el aire. Debido a su escaso peso, pueden ser transportadas por el viento a zonas distantes, sin destino concreto ni rumbo fijo, sin control: esa es la forma que tienen estas plantas de dispersar sus semillas, aleatoriamente, aumentando así las posibilidades de que algunas de ellas lleguen a tierra fértil y puedan germinar.

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En las páginas web, blogs y textos sobre alergia es frecuente encontrar ilustraciones en las que aparecen cipselas desprendiéndose y alejándose, a veces como consecuencia del soplido de una persona, y otras veces de forma espontánea. No es raro que esas ilustraciones evoquen en la mente del lector (es, además, lo que muchas veces se pretende) el fenómeno de la polinización, mediante el cual la planta libera sus células reproductoras masculinas (el polen) de forma masiva para que alcancen a las células femeninas y puedan fecundarlas: algo que tantos problemas causa a muchas personas alérgicas.

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Sin embargo, es importante tener en cuenta que las cipselas (las «pelusas» de estas plantas, podríamos decir) no son polen. El polen es microscópico, y puede entrar por las fosas nasales para alcanzar las vías respiratorias. Las cipselas, sin embargo, por su tamaño y forma, no penetran en las vías respiratorias (no caben), no pasan desapecibidas y no entran en contacto con el organismo humano más que (si fuera el caso) mediante un ligerísimo toque en la piel: las cipselas no dan problemas a las personas alérgicas (incluso en el caso del propio Taraxacum, cuyo polen puede producir alergia, las «pelusas» no dan problemas).

Lo que ocurre es que las cipselas son, sin duda, la mejor metáfora de que disponemos para mostrar a una planta liberando partes de sí misma a la atmósfera, y por ello se usan con frecuencia como ilustración cuando se habla de alergia al polen. Recordad, no obstante, que no son más que eso: una metáfora; pero no son polen, ni su función es transportar polen.

Y, si alguna vez nosotros mismos utilizamos alguna imagen de cipselas en este blog, no las interpretéis, por favor, más que como una metáfora. Gracias.

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