Contaminación biótica del aire

La expresión contaminación biótica del aire hace referencia al conjunto de sustancias de origen biológico que están presentes en el aire atmosférico y pueden constituir un riesgo para la salud de las personas o de los animales.

Con carácter general, en ese concepto se incluyen microorganismos (gérmenes como virus, bacterias, hongos, protozoos, …) que pueden producir enfermedades infecciosas. Pero también se incluyen estructuras procedentes de animales o vegetales o de sus productos: pelos o pequeñas escamas de piel, fragmentos diminutos del cuerpo de los insectos u otros artrópodos, o de sus heces, o, por supuesto, el polen de determinadas plantas. Cualquiera de estos últimos puede comportarse como alérgeno y desencadenar una respuesta alérgica en las personas sensibles (el término técnico es “sensibilizadas”) que, sin saberlo, se exponen a inhalarlos; aún cuando resulten inocuos para la generalidad de la población.

contabiotica01

Quizás porque, desde el punto de vista de la salubridad, y a diferencia de la mayoría de los contaminantes químicos, estos contaminantes biológicos que actúan como alérgenos no causan daño a cualquier persona expuesta, sino únicamente a un grupo susceptible, su presencia en el aire que respiramos resulta menos preocupante para las instituciones responsables de velar por nuestra salud, hasta el punto de que incluso con frecuencia su propia medición (su identificación y cuantificación) se descuida o se deja en manos de investigadores o sociedades científicas que pueden permitirse dedicar recursos propios a su conocimiento.

 contabiotica02

El modo de ver la vida (la perspectiva del cuidador)

Entre las múltiples declaraciones que hacían las personas entrevistadas en el vídeo que compartíamos ayer, hay una que queremos retomar hoy, para derivar, a partir de ella, nuestra reflexión hacia el entorno familiar del enfermo.

«Lo que más feliz me hace es levantarme por la mañana y ver a mi hermana bien». Con esa contundente afirmación, pronunciada por la hermana de una enferma grave, esa chica resume, quizás sin saberlo, el día a día de los familiares de muchos enfermos crónicos. «Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad» es una frase atribuida al filósofo alemán Gottfried W. von Leibniz (1646-1716) que, aún cuando pudiera ser acuñada para referirse al amor de pareja, es perfectamente aplicable a cualquier forma de amor entre personas. Y la enfermedad crónica de un ser querido nos vuelve menos exigentes, y muchas veces no se aspira ya a la felicidad del otro, sino a su bienestar, o, más aún, la felicidad propia se vincula simplemente a la ausencia de sufrimiento del otro.  Así sienten, con frecuencia, los familiares de los enfermos crónicos, cuando esa enfermedad crónica es grave.

«Si tuviera que pedir un deseo, pues desearía que mi hija pudiera tener una vida normal», decía otra de las personas que participan en el mencionado vídeo: una aspiración tan modesta para quien no tiene en casa la tenaza acuciante del padecimiento continuado o intermitente, y el colmo de la felicidad para quien tiene un hijo con una enfermedad grave.

Las dimensiones de la vida familiar que se ven afectadas como consecuencia de la presencia de una enfermedad crónica (como podría ser el asma) en un miembro de la familia son diversas:

Dimensión funcional. Se produce una limitación de actividades en la vida cotidiana de los miembros de la familia, y no solamente del ciudador directo. Se modifican las rutinas, que se adaptan a la situación creada por la necesidad de ciudados o la imposibilidad de participación (en actividades de diverso tipo) del miembro enfermo.

Dimensión emocional. La presencia de una enfermedad grave en la familia, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, suele condicionar una afectación anímica de todos los miembros de la familia. Esto es especialmente importante en los padres cuando el enfermo es un hijo y la enfermedad condiciona un grado importante de limitación o de sufrimiento al enfermo. En el caso concreto del asma, no es excepcional que los padres experimenten sentimientos de incapacidad cuando no se logra un adecuado control de la enfermedad, ansiedad, tristeza, mal humor, irascibilidad, frustración, e incluso sentimientos de culpa; y también una fuerte preocupación por los efectos indeseables que el uso continuado de medicación pueda producir.

Dimensión sociolaboral. Los aspectos sociales y laborales se pueden ver también afectados por las tensiones que puedan generarse (tiranteces en la relación de pareja o conflictos con los hijos), desvinculación del grupo de amigos ajenos al núcleo familiar, con la consiguiente pérdida de relaciones sociales, gastos económicos, absentismo laboral por las necesidades de cuidar a la persona enferma (que no siempre pueden planificarse adecuadamente, y a veces pueden surgir de forma imprevista o sobrevenida), … etc.

Queremos proponeros que veáis un vídeo de apenas un minuto y medio de duración, en el que las miradas de los actores (la determinación del chaval protagonista, la preocupación de la madre tornada en comprensión -¿agradecimiento?-) hacen innecesarias las palabras. Se trata de parte de una campaña de una compañía farmacéutica, Pfizer, que reconoce y alienta la implicación de los familiares bajo el lema «A veces, se necesita más que medicación»: y eso es algo que los familiares de los enfermos crónicos saben muy bien.

013