¿Qué son los estornudos en salvas y por qué se producen en la rinitis alérgica?

Los reflejos son respuestas que el organismo pone en marcha frente a estímulos del entorno,  de forma automática y espontánea, sin intervención de la voluntad. Por ejemplo, si al intentar coger un utensilio de cocina, resulta que está caliente y me quemo, retiro rápidamente la mano, sin pensarlo siquiera.

Un estornudo es un acto reflejo, consistente en la expulsión súbita, brusca, de aire procedente de los pulmones (y, en menor medida, también de la boca). Su objetivo es expulsar del interior de la nariz las partículas extrañas que pueden irritarla. Por ello, el estímulo que generalmente desencadena el estornudo es la presencia en el interior de las fosas nasales de partículas o sustancias que irritan la mucosa que las recubre por dentro.

La irritación estimula receptores presentes en la mucosa de la pared interna de la nariz, y ello hace que se ponga en marcha el reflejo del estornudo: se produce una rápida inhalación de aire, con lo cual se llenan los pulmones, y de inmediato los músculos respiratorios y los de la faringe se coordinan para conseguir que el aire salga disparado por la nariz a una velocidad de aproximadamente entre 50 y 70 kilómetros por hora. De esa forma, las partículas que no están adheridas son empujadas al exterior, que es lo que el reflejo pretende.

En el caso de las rinitis alérgicas, se ha producido una inflamación en la mucosa nasal (el sufijo -itis significa inflamación, y el término rinitis significa inflamación de la nariz) que es la que produce el estímulo que da lugar al estornudo. Lógicamente, puesto que la inflamación de la mucosa ya está instaurada, el estornudo no consigue eliminar el estímulo: a diferencia de los casos en que hay algún irritante en el interior de la fosa nasal, que puede ser expulsado por la fuerza del estornudo, en el caso de la rinitis alérgica el estornudo no consigue expulsar la causa, por lo que el estímulo continúa presente, y sigue actuando sobre los receptores… y eso condiciona que sobrevenga un estornudo, y otro, y otro, … en una secuencia de estornudos seguidos que es lo que llamamos estornudos en salva, o salva de estornudos.

Por eso, aún cuando no son exclusivos de la rinitis alérgica, decimos que los estornudos en salvas son típicos de esta enfermedad.

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Imagen: Tira de «El pequeño Sammy estornuda«, de Windsor McCay, serie aparecida en el periódico The New York Herald entre julio de 1904 y diciembre de 1906.

¿Has pensado alguna vez en comer insectos?: ¡También contienen alérgenos!

En la búsqueda de fuentes alternativas de proteínas para la dieta, los insectos parecen ofrecer una alternativa con gran potencial. Saltamontes, grillos, escarabajos, …: Alrededor del mundo hay en torno a unas 2.000 especies de insectos comestibles conocidas, y, en ciertas regiones, los seres humanos han comido insectos desde hace siglos. Sin embargo, hay poca literatura científica sobre la seguridad alimentaria de los insectos.

Por otra parte, en la actualidad no hay una normativa específica que regule en Europa la cría y comercialización de insectos destinados a consumo humano.

En ese contexto, el Comité Científico de la Agencia Federal de Bélgica para la Seguridad en la Cadena Alimentaria ha elaborado una Guía de Seguridad Alimentaria para el Consumo Humano de Insectos (entomofagia), que podría sentar las bases para una futura regulación del sector.

La Guía (primera sobre esta materia en la Unión Europea) dedica atención a los diversos riesgos asociados a la ingesta de insectos, incluyendo riesgos microbiológicos (infecciosos), riesgos químicos (toxicológicos) o incluso físicos (como lesiones por estructuras cortantes o punzantes, u obstrucción del tránsito intestinal).

Y, por supuesto, dedica también atención a la presencia de alérgenos.

Se han descrito reacciones alérgicas debidas a insectos, manifestadas como eczema, urticaria, angioedema, rinitis, conjuntivitis o asma bronquial. La mayoría de estas reacciones tienen lugar por inhalación (por ejemplo, de polvo con fragmentos de la cutícula de cucarachas) o por contacto (por ejemplo, con pelos de orugas). Suelen ocurrir, sobre todo, en personas que entran en contacto habitual con insectos, como entomólogos o pescadores de caña que los utilizan como cebo, pero también se han constatado casos en los que la ingestión de insectos causó una reacción alérgica de gravedad variable, incluso una anafilaxia.

Sabemos que las personas que son alérgicas a crustáceos o mariscos y/o a ácaros del polvo, podrían tener una reacción alérgica al consumir algunos insectos, por reactividad cruzada. Las tropomiosinas, por ejemplo, son proteínas implicadas en la contracción muscular, y las personas sensibilizadas a las tropomiosinas de crustáceos y/o de ácaros del polvo, podrían también desarrollar alergia frente a tropomiosinas de insectos. Otro componente del cuerpo de los insectos que también se ha demostrado relacionado con reacciones alérgicas es la quitina, una proteína que forma parte del exoesqueleto de crustáceos (como gambas, langostas y cangrejos) y de insectos (la cutícula a la que nos referíamos antes).

Aunque para la mayoría de la gente el consumo o la exposición a insectos no representa un riesgo relevante de reacción alérgica, el documento referido recomienda encarecidamente que, si éstos se comercializan para consumo humano, en la etiqueta se debe indicar que las personas que tienen alergia a crustáceos o mariscos y/o a ácaros del polvo podrían tener una reacción alérgica si comen insectos.

 Takoradee

Fotografía: Puesto de insectos (de Takoradee). Fuente: Wikipedia.