Consejos para tratar las picaduras de insectos y arácnidos.

En estos meses estivales, de forma más frecuente que el resto del año, muchos de nosotros, especialmente los niños, podemos tener más oportunidad de pasar tiempo en el jardín, en la playa o en el campo. No es excepcional que alguien se vea afectado por el desagradable incidente de ser picado por algún insecto o arácnido.

La tradición popular propone algunas pautas de actuación en estos casos, las cuales, aunque en ocasiones pueden tener algún fundamento explicable por criterios empíricos o científicos, en otros casos se trata de mitos sin ninguna eficacia. Para clarificar cuáles de ellos resultan aconsejables y cuáles no, y para orientar en los casos más frecuentes, los doctores Roi Piñeiro e Iván Carabaño, del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba, han publicado, en la Revista de Pediatría de Atención Primaria, una guía con orientaciones sobre el tratamiento de cada tipo de picadura.

En el caso concreto de los insectos, en general, salvo complicaciones como una sobreinfección, sus picaduras tienden a resolverse por sí solas en horas o días, sin precisar un tratamiento específico. No obstante, hay una serie de medidas que se pueden emplear con carácter común para todas las picaduras, como lavar la piel con agua y jabón, sin romper las ampollas en caso de que hayan aparecido; extraer elementos como los aguijones mediante pinza esterilizada (si se tiene disponibilidad) o raspado, pero nunca mediante succión o utilizando las manos; aplicar frío para disminuir la absorción de algunos venenos; aplicar corticoides, generalmente en crema, si la inflamación es relevante, y emplear analgésicos si hay un dolor importante.

Entre los problemas más graves que pueden causar estas picaduras están las posibles reacciones alérgicas, ya sea a la saliva del insecto o del arácnido como al veneno que algunos de ellos pueden inyectar con la picadura. A estas reacciones alérgicas la guía mencionada les dedica un apartado completo.

La Revista de Pediatría de Atención Primaria ofrece acceso gratuito al texto completo del trabajo, que se llama Manejo Práctico de las Picaduras de Insecto en Atención Primaria (aunque, como hemos dicho, también presta atención a las picaduras de arácnidos). Si quieres acceder al documento (ilustrado con fotografías de la mayoría de las especies que en él se mencionan), pulsa sobre la imagen:

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¿España, la cuna de las flores?

Las flores son órganos especializados de las plantas que participan en el proceso de reproducción sexual de las mismas. No todas las plantas tienen flores. Las plantas con las flores más complejas reciben el nombre de angiospermas.

Como vimos en nuestra entrada titulada «El secreto de las flores (o la improbable alergia estacional por el polen de orquídeas)«, las flores con colores vistosos y olores llamativos se han especializado para atraer a los insectos e implicarlos en su proceso de polinización (son, por ello, plantas entomófilas). A diferencia de las plantas anemófilas (la diseminación de cuyo polen se hace a través del viento), el polen de las plantas entomófilas no está diseñado para ser transportado libremente en la atmósfera a través de distancias grandes. Por ese motivo, no es usual que la alergia a polen de plantas entomófilas represente un problema de salud pública: las alergias respiratorias por polen de plantas con repercusiones clínicas importantes suelen estar producidas por polen de plantas anemófilas.

Las flores son órganos especializados que aparecen en estadios avanzados de la escala evolutiva de las plantas.

Estudios recientes de un equipo de investigadores han llevado a la conclusión de que una planta encontrada en España pudo ser la primera planta con flor de la historia. Se trata de Montsechia vidalii, una planta acuática de agua dulce con una antigüedad de entre 130 y 125 millones de años. Ya se habían encontrado restos fósiles de esta planta hace 100 años en el yacimiento de El Montsec en el Pirineo aragonés, pero entonces no se pensó que pudiera ser la especie con flores más antigua (se pensaba que la planta angiosperma más antigua era Archaefructus sinensis). El trabajo reciente antes referido, uno de cuyos principales autores es David Dilcher, investigador del Departamento de Geología de la Universidad de Indiana (EE UU), concluye que Montsechia vidalii (que sólo se ha encontrado en diversas zonas de España y, en menor medida, en Italia) era una verdadera angiosperma, y que fue contemporánea de Archaefructus sinensis, o incluso más antigua: nada menos que en torno a 130 millones de años.

Según este hallazgo, entonces, España pudo ser la cuna de las plantas con flores, que hoy se extienden por todo el mundo… gracias a su capacidad para difundir, por un medio u otro, el polen.

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Esta fotografía del fósil de Montsechia vidalii, en el que las flores no resultan evidentes, es del propio David Dilcher, y se ha divulgado en diversos medios para ilustrar la noticia.