Archivo de la categoría: Alergopedia

Panalergenos

La reactividad cruzada entre alérgenos de especies diferentes (distintos pólenes, diferentes alimentos… a veces, incluso entre alérgenos respiratorios y alérgenos alimentarios), incluso, en ocasiones, de géneros y familias taxonómicas distantes o escasamente relacionadas, es un fenómeno que depende de la homología de esos alérgenos entre sí. Los alérgenos que desencadenan respuesta de IgE suelen ser proteínas que estimulan el sistema inmunitario por sí solas o en combinación con otros elementos (haptenos). Su capacidad para estimular el sistema inmunitario no depende únicamente de su composición (las proteínas están formadas por cadenas de unos elementos llamados aminoácidos, y el orden con que estos aminoácidos están dispuestos en una proteína, diferente de unas proteínas a otras, recibe el nombre de secuencia), sino también de la forma que esa cadena adopta en las tres dimensiones del espacio (a lo cual llamamos estructura): la alergenicidad de una proteína se relaciona, entonces, con su secuencia y su estructura.

El conocimiento de las reactividades cruzadas es de relevancia para el diagnóstico y manejo etiológico de las enfermedades alérgicas.

Desde los años 90 del siglo pasado, gracias a la aplicación de técnicas de biología molecular, se han identificado una serie de alérgenos responsables de la reactividad cruzada. Estos alérgenos son proteínas ampliamente extendidas en los seres vivos (fundamentalmente, aunque no de forma exclusiva, en el reino vegetal), implicadas en funciones biológicas importantes (generalmente de defensa), por lo que sus secuencias y estructuras están altamente conservadas: a lo largo de la evolución de los seres vivos, estas proteínas han variado poco, y por ello están presentes en especies muy diferentes, de forma idéntica o con escasas variaciones en su conformación.

A estas moléculas, responsables de la reactividad cruzada entre especies relacionadas taxonómicamente o no, las llamamos “panalergenos“: el prefijo “pan-“, procedente del griego, significa “todo”, y participa en la formación de nombres y adjetivos dando un sentido de totalidad o de conjunto. Son alérgenos que están distribuidos ampliamente en las diversas especies de seres vivos (no en todas, desde luego, ni mucho menos,pero la utilización del prefijo “pan-” resulta adecuada para aludir a esa extensa distribución), pues se han mantenido constantes a lo largo de la escala evolutiva con escasos cambios en su composición o estructura (al menos, en la parte que se comporta como epítopo, que, recordemos, es la parte que se une a la molécula del anticuerpo IgE).

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Ensayo clínico

Un ensayo clínico es un estudio que permite a los investigadores determinar si una nueva intervención clínica o actuación sanitaria tendrá repercusiones sobre la salud de los pacientes. Pueden utilizarse para probar la eficacia y/o seguridad de medicamentos, técnicas diagnósticas o terapéuticas, medidas preventivas, etc., y compararlas con las que ya eran previamente conocidas. Con carácter general, entonces, se trata de estudios que prueban los efectos (en términos de eficacia y seguridad) de un nuevo enfoque clínico (una nueva pauta de actuación, una nueva técnica quirúrgica, un nuevo método diagnóstico, un fármaco, …) sobre la salud de las personas.

En un sentido estricto, el ensayo clínico debe cumplir determinadas características:

Un ensayo clínico es un estudio de carácter prospectivo. Esto quiere decir que es una investigación continuada en el tiempo, en la cual se seguirá a los participantes a lo largo de días, semanas, meses o años (dependiendo de lo que se vaya a estudiar y lo que se pretenda) para valorar los cambios que se van produciendo en su estado de salud.

Un ensayo clínico es un estudio de carácter intervencionista. Esto quiere decir que los investigadores controlan la variable que están estudiando; es decir, intervienen directamente, decidiendo quién se va a someter a la nueva intervención o actuación (por ejemplo, quién va a tomar el nuevo fármaco), con qué intensidad (en el caso del fármaco, en qué dosis), durante cuánto tiempo, en qué condiciones, etc. Los estudios en los que el investigador controla la variable de interés reciben el nombre de estudios experimentales, en contraposición a los estudios en los que el investigador se limita a actuar como un espectador y describir lo que ve, los cuales reciben el nombre de estudios observacionales. El ensayo clínico es, por tanto, un estudio experimental.

Otro elemento esencial de los ensayos clínicos es la existencia, en ellos, de un grupo de comparación o grupo de control, que NO se va a someter a la intervención que se quiere probar, y que permite constatar si la nueva intervención (por ejemplo, el nuevo fármaco) es realmente mejor, o no, que las ya existentes, o que no intervenir en absoluto.

Debido a que el ensayo clínico es el tipo de estudio epidemiológico que presenta menos errores sistemáticos o sesgos, constituye la mejor prueba científica para apoyar la eficacia de las intervenciones o actuaciones terapéuticas (ya sean farmacológicas, o no).

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