Archivo por años: 2015

Gluten

El gluten es una proteína que está presente en la semilla de varios cereales de secano, como trigo, cebada, avena y centeno (o cualquiera de sus variedades e híbridos, como espelta, kamut o triticale).  Esta proteína (que suele presentarse unida a almidón) es la responsable de que la masa de harina tenga elasticidad, de modo que cuando se estira tiende a recuperar su forma original, y contribuye a que con la fermentación el pan obtenga volumen,  así como la consistencia esponjosa del pan y de otros productos derivados de la harina.

El gluten está compuesto fundamentalmente por las fracciones proteicas glutenina y gliadina, pudiendo incluir también un porcentaje pequeño de lípidos y de hidratos de carbono.

La gliadina es la fracción del gluten responsable de la celiaquía: cuando es ingerida por el enfermo, desencadena una respuesta inmunológica que condiciona atrofia de las vellosidades del intestino delgado (las cuales juegan un papel fundamental en la absorción de los alimentos), lo que provoca que algunos nutrientes no se absorban adecuadamente, y ello da lugar a desnutrición y avitaminosis (carencia de vitaminas) en grados variables. No obstante, es importante tener en cuenta que la celiaquía no es una enfermedad exclusivamente digestiva, sino que es un trastorno autoinmune y, por tanto, condiciona una afectación multisistémica, en la que se presentan síntomas muy variados (digestivos y extradigestivos) y/o enfermedades asociadas.

En la actualidad, el único tratamiento que resulta efectivo frente a la celiaquía es la eliminación del gluten de la dieta, realizando una dieta libre de gluten, de forma completa y durante toda la vida. El gluten no es una proteína indispensable para el ser humano, por lo que puede ser sustituido en la dieta por otras proteínas animales o vegetales. El seguimiento de la dieta libre de gluten permite que las personas con celiaquía disfruten de una vida completamente sana.

Se ha descrito también la alergia (mediada por IgE) a los cereales, y entre los alérgenos que pueden causarla están las fracciones proteicas del gluten. Éste es un trastorno diferente de la celiaquía, con consecuencias distintas. Se trata de una alergia alimentaria, mediada por IgE, y sus manifestaciones son las de este tipo de alergias, pudiendo incluso condicionar la aparición de una anafilaxia. Una vez alcanzado el diagnóstico, el tratamiento de esta alergia implica también la evitación en la dieta del alérgeno responsable.

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En su justa medida: sobre el antihistamínico que quiso curar la hepatitis C

De la Hepatitis C se ha hablado mucho en los últimos meses. Se trata de una enfermedad infecciosa producida por un virus. Un porcentaje muy elevado de las personas que se infectan (nada menos que del 70 – 90 %) por el virus de la hepatitis C acaban padeciendo una hepatitis C crónica (es decir, prolongada en el tiempo). En la hepatitis C crónica, el virus sigue provocando daño en el hígado durante períodos de tiempo prolongados, y puede llegar a producir complicaciones potencialmente mortales.

El riesgo de daño hepático importante aumenta cuanto más tiempo permanece el paciente sin tratamiento para la hepatitis C. Y en la actualidad existen tratamientos muy eficaces para la infección por el virus de la hepatitis C, los cuales, utilizados adecuadamente, pueden llegar a conseguir tasas de curación superiores al 90 %. El problema que presentan estos tratamientos es su muy elevado precio. Ese precio tan elevado condiciona que, en muchos países, el acceso al tratamiento no resulte fácil para las personas que lo necesitan.

Por ese motivo, resulta fácil de entender que cualquier posibilidad de tratamiento de esta enfermedad que, además de eficaz, resulte más barata que las ya existentes, suscita interés de la colectividad, con reflejo en los medios de comunicación.

Ayer jueves tuvimos oportunidad de leer en múltiples medios generalistas que un antihistamínico, clorciclizina HCI (CCZ), ha demostrado reducir la actividad del virus de la hepatitis C (es decir, inhibirlo, o sea, impedir o dificultar la progresión de la enfermedad) en ratones infectados. El hallazgo se ha presentado en la revista científica Science Translacional Medicine, en los resultados de un trabajo realizado en los Institutos Nacionales de Salud de EEUU (cuyas siglas en inglés son NIH) y cuyo investigador principal es T. Jake Liang, el cual, al parecer, ha afirmado que «CCZ es un prometedor candidato para formar parte de un régimen de tratamiento para esta enfermedad potencialmente mortal».

No es de extrañar que esa sentencia, tan optimista, haya captado la atención de los periodistas, algunos de los cuales se han apresurado a afirmar que «un medicamento que se utiliza habitualmente para tratar los síntomas de alergia puede convertirse en una esperanza para los pacientes infectados con el virus de la hepatitis C», o aseveraciones similares.

Sin embargo, aún cuando se puede ser optimista, los hallazgos científicos deben valorarse en su justa medida. La posibilidad de crear expectativas exageradas en la población ha hecho que la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica emita un comunicado en el que intenta concretar aspectos relevantes, para transmitir una valoración realista del hallazgo.

En primer lugar, el medicamento en cuestión no es (como han dicho algunos medios) «un medicamento que se utiliza habitualmente para tratar los síntomas de alergia». La clorciclizina está, en efecto comercializada en España (si bien exclusivamente formando parte de un preparado antitusivo concreto, de nombre DIMINEX), pero no se usa habitualmente para  tratar los síntomas de la alergia, pues es un antihistamínico de primera generación (es decir, de los más antiguos) que tiene gran potencial sedante (o sea, que es de los que da más sueño).

En segundo lugar, el efecto mencionado se ha constatado únicamente en un estudio realizado en ratones. Las conclusiones de una investigación llevada a cabo en ratones no pueden extrapolarse directa y alegremente al ser humano. Ciertamente, el hallazgo puede ser importante, pero con la información de que disponemos hoy no es realista echar las campanas al vuelo.

Por ello, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica ha desaconsejado de forma expresa que las personas que padezcan hepatitis C tomen por su cuenta este medicamento sin que existan datos concluyentes en humanos. Y por si alguien se lo pregunta, sí, la advertencia es pertinente: el propio T. Jake Liang la formulaba en términos parecidos, aunque de ésta no todos los medios de comunicación que han dado cuenta de la noticia se han  hecho eco: «Las personas no deben tomar clorciclizina para tratar su hepatitis C hasta que se haya demostrado que clorciclizina puede ser utilizado con seguridad y eficacia para ese propósito en seres humanos».

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