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«Controla tu asma para que tu asma no te controle»

Hace apenas unos meses, con el objetivo de contribuir a concienciar a la población sobre el asma, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) presentó su Decálogo del Asma con el lema: «¡Controla tu asma para que tu asma no te controle!«.

Se trata de un documento que incluye exactamente diez ideas cuya consideración puede ayudar al enfermo a entender su asma y a controlarla. Son diez afirmaciones perfectamente razonables que, aunque están redactadas por pediatras y dirigidas a niños (y ese es el motivo por el cual siempre que se menciona el médico se le refiere como pediatra), pueden hacerse extensivas a asmáticos adultos. Como alergólogos, las suscribimos todas, si bien con algunos matices que hemos incluido, en color azul, en el texto que sigue:

1.- El asma es una enfermedad crónica que afecta a los bronquios. Diversos factores hacen que los bronquios se inflamen y se estrechen, dificultando del aire hacia los pulmones. En el caso del asma extrínseca o alérgica, uno de esos factores lo constituyen precisamente los alérgenos a los que el enfermo es alérgico.

2.- Los síntomas de asma son variables y debes reconocerlos. Cuando se presenta una crisis de asma, los síntomas principales son tos, pitidos que salen del pecho y ahogo. A veces sólo se da alguno de ellos, y otras veces puede aparecer dolor de pecho o sensación de fatiga.

3.- El asma se sospecha por los síntomas, y en los niños mayores (al igual que en los adultos) se puede confirmar con pruebas de función pulmonar como la espirometría. Las pruebas de alergia se hacen para descartar (o para confirmar, cuando hay una sospecha clínica) alergias asociadas. El pediatra aconsejará el momento apropiado para hacerlas (o, en su caso, el alergólogo, quien también decidirá cuáles son las pruebas adecuadas en cada paciente).

4.- El asma se puede desencadenar por varias causas (esta afirmación, obviamente, se refiere a las crisis de asma). Los desencadenantes principales son las alergias (ácaros, pólenes, hongos, pelo de animales), los virus respiratorios y el ejercicio. La exposición al humo del tabaco y la contaminación son otros factores que provocan asma y la empeoran. ¡Evítalos!

5.- Un buen control es fundamental. Los síntomas aparecen si el asma no está controlada. Conviene evitar los factores desencadenantes y tratar la inflamación de las vías respiratorias con la medicación de control indicada por tu pediatra. Trata precozmente los síntomas cuando aparezcan.

6.- Hay dos tipos de medicamentos para el asma:

– Los que la alivian, que se usan cuando aparecen síntomas. Se los conoce como broncodilatadores, porque abren los bronquios.
– Los que controlan la inflamación o antiinflamatorios. Se usan diariamente para mantener controlada el asma. No debes dejar de tomarlos aunque te encuentres bien. Tu pediatra te los recomendará si los necesitas y te dirá cuándo tienes que dejarlos.

Este apartado sí necesita una puntualización más detallada. Básicamente, en el caso del asma no alérgica (intrínseca), los fármacos que se suelen utilizar para el tratamiento pueden incluirse en uno u otro grupo. En el asma alérgica (extrínseca), por el contrario, existen otras alternativas de tratamiento que deben considerarse además de los anteriores, y que están indicados en casos seleccionados. Entre estas alternativas está la inmunoterapia específica con alérgenos (la «vacuna» de la alergia), y no es la única (existen anticuerpos monoclonales dirigidos contra la IgE, que es una molécula que juega un papel importante en este tipo de asma). Estos otros tratamientos no sustituyen a los referidos arriba (los cuales también deben emplearse), pero, en casos concretos, juegan un papel muy relevante.

7.- Usa bien los inhaladores. Son dispositivos que ayudan a introducir la medicación en las vías respiratorias, mientras respiras. ¡Ensaya su uso con tu pediatra o enfermera! (o con tu médico de familia, o con tu alergólogo).

8.- Utiliza el plan de tratamiento, escrito y personalizado, que hayas acordado con tu pediatra (con tu médico, más bien, en sentido amplio). Te indicará claramente los desencadenantes a evitar, los broncodilatadores a tomar en caso de síntomas y el tratamiento de control a seguir para controlar el asma a largo plazo.

9.- La escuela debe ofrecer un entorno seguro. El profesorado debe saber si tienes asma para ayudarte en caso de presentar una crisis de asma o síntomas con el ejercicio y colaborar con tus padres y tu pediatra informándoles.

10.- Con el tratamiento adecuado puedes conseguir hacer una vida normal. Incluso, practicar el deporte que te guste. Estar activo ayudará a tu salud.

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Adrenalina

La adrenalina o epinefrina es el medicamento que se ha mostrado más eficaz en el tratamiento de emergencia de la anafilaxia. Por ello, decimos que la adrenalina es el fármaco de elección en el tratamiento de la anafilaxia.

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Se trata de una sustancia que  se produce en el cuerpo humano (en decir, es lo que llamamos una sustancia “endógena“): se sintetiza en las glándulas suprarrenales, especialmente en situaciones de estrés o de peligro (por ello hay quien se refiere a ella como la “hormona del estrés”, aunque la realidad es que en situaciones de estrés se sintetizan otras muchas sustancias, además de la adrenalina).

 Sus efectos son múltiples. Entre sus acciones principales están aumentar la presión arterial (produce constricción de los vasos, y hace que el corazón lata con más fuerza y con más rapidez, efectos a los cuales llamamos inotrópico y cronotrópico positivos, respectivamente) y abrir los bronquios para mejorar el paso de aire: como puede verse, efectos que pueden resultar muy útiles cuando el organismo se prepara para una huida o para un peligro (que es, en definitiva, su función natural), pero que también resultan extraordinariamente útiles en caso de anafilaxia, ya que en la anafilaxia puede producirse una obstrucción de los bronquios (por broncoconstricción) y una caída brusca y grave de la presión arterial (en el contexto de lo que llamamos “shock anafiláctico”). Además, la adrenalina también contribuye a disminuir la hinchazón de piel y mucosas, y bloquea la liberación de sustancias por parte de las células implicadas en la anafilaxia (como mastocitos y basófilos).

Por ese motivo, la adrenalina es el fármaco de elección recomendado en todas las guías internacionales para el tratamiento de la anafilaxia, y, además, debe administrarse de forma precoz, pues se ha visto que mejora la supervivencia (fundamentalmente, por esos efectos referidos de prevenir o revertir la broncoconstricción y por aumentar la presión arterial).

Antes se solía utilizar por vía subcutánea, pero se ha comprobado que se consigue un efecto más rápido si se administra por vía intramuscular (de preferencia en la cara antero-lateral externa (vasto externo) del muslo), por lo que ésta es la vía recomendada cuando la anafilaxia ocurre fuera de un centro sanitario, y mientras se espera la llegada de asistencia sanitaria. La vía endovenosa, por su parte, se reserva para su utilización en unidades médicas especializadas.

Existen, como ya hemos abordado previamente en este blog, dispositivos autoinyectables de adrenalina, que contienen una dosis: los hay para adultos, con 0,3 mg (300 μg) de adrenalina, o para niños, con 0,15 mg (150 μg) de adrenalina. se prescriben a personas con un riesgo alto de padecer anafilaxia, y es fundamental que el paciente y/o su cuidador sepan  cómo utilizarlo; cómo reconocer los signos y síntomas de la anafilaxia; animarles a usar el dispositivo si está indicado, sobre todo si se encuentran lejos de un centro sanitario; e informarles que la adrenalina autoinyectable caduca al año aproximadamente, y también informarles de cómo conservarla.