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Poner el barro antes de que pique el tabarro

En algunas zonas de Andalucía, utilizamos el término tabarro para referirnos a una variedad concreta de avispa. El vocablo está tan extendido, que ha sido aceptado por la Real Academia de la Lengua, la cual (señalando que es una denominación propia de Andalucía) le atribuye la acepción siguiente: «Especie de avispa algo mayor que la corriente, y cuya picadura causa intenso dolor».

En efecto, su picadura causa intenso dolor, y también puede dar problemas más graves, pues su veneno puede causar alergia, por lo cual una simple picadura puede desencadenar una anafilaxia. Se trata, concretamente, del género Polistes, uno de los himenópteros sociales de los que hablábamos ayer.

Una de las medidas eficaces a adoptar de forma inmediata en caso de picadura es la aplicación de frío local. El frío hace que los vasos sanguíneos que llegan a la piel se contraigan (mecanismo que recibe el nombre de vasoconstricción), y de esa forma se disminuye tanto la inflamación local como la cantidad de veneno que puede transportarse a distancia a través de la sangre. Resulta evidente que esta medida no será suficiente para evitar que aparezca dolor o inflamación en la zona de la picadura, y, por supuesto, será absolutamente insuficiente para evitar la presentación de un cuadro de anafilaxia en personas alérgicas: en este último caso, es decir, cuando hay una alergia diagnosticada, el enfermo deberá llevar consigo un autoinyector de adrenalina, que se autoadministrará incluso antes de solicitar asistencia sanitaria (si está solo) o al mismo tiempo que su acompañante la solicita (si va acompañado). Pero la sabiduría popular ha constatado que el frío local, lejos de hacer daño, puede resultar beneficioso, y ha aceptado que en muchas ocasiones, el mejor recurso para aplicarse frío sobre la picadura puede ser agacharse a recoger un pegotón de barro (mejor cuanto más frío, por supuesto) y aplicarlo cuidadosamente en la zona circundante.

Se ha popularizado, incluso, una frase hecha, «ponerse el barro antes de que pique el tabarro», para referirse, con carácter general, a la adopción de medidas preventivas de forma exagerada o innecesaria, o a asumir, con escaso fundamento, que sobrevendrá un mal que, objetivamente, resulta poco probable.

Sin embargo, es fundamental tener claro que, para las personas con riesgo de anafilaxia (fundamentalmente, las personas diagnosticadas de alergia alimentaria o alergia al veneno de himenópteros) llevar consigo un autoinyector de adrenalina NO ES ponerse el barro antes de que pique el tabarro: por el contrario, es un recurso fundamental que, en caso de exposición involuntaria al alérgeno, puede salvarles la vida.

Polistes

 

 

 

Abejas y avispas: ¿quieres conocerlas?

Hace un par de días, cuando abordábamos la muerte del faraón Menes, comentamos que el suyo es el primer caso de anafilaxia que tenemos documentado, y que ocurrió como consecuencia de una picadura de abeja.

Todavía hoy, la alergia a veneno de abeja o avispa es una causa frecuente de anafilaxia, atribuyéndosele en torno al 12 % o casi 14 % (dependiendo de los grupos de edad) de los casos de anafilaxia, y se estima que, en España, en torno a 20 personas pueden morir cada año como consecuencia de este problema: un problema serio, por tanto.

Las abejas y las avispas pertenecen al orden de los himenópteros, que es uno de los mayores órdenes de insectos (comprendiendo nada menos que unas 200.000 especies), en el que se incluyen las hormigas, las abejas y las avispas. El nombre de himenópteros se refiere a sus alas membranosas (del griego hymen, membrana, y pteros, ala), alas que, en el caso de las hormigas, sólo conservan las castas reproductoras, es decir, las reinas y los machos.

Algunos de estos insectos tienen un marcado carácter social: las hormigas y las abejas son claros ejemplos de ello, pero también algunas avispas. Viven en colonias, en las que, para cada especie, existen castas con morfología y funciones muy claramente diferenciadas: la reina es el único individuo de la colonia capaz de reproducirse; el resto de las hembras se dedican a tareas diversas, entre las que se encuentra la recolección de comida, recibiendo por ello el nombre de obreras; a diferencia de los machos, que no suelen participar de estos quehaceres. Precisamente por esta forma de estructurarse en sociedad, estas especies se engloban en el concepto de himenópteros sociales.

Si tienes curiosidad por conocer mejor a estos curiosos animales y conseguir información sobre la alergia al veneno de abejas y avispas, incluyendo su diagnóstico y tratamiento, existe un recurso en internet muy recomendable: se llama, precisamente, Alergia al veneno de abejas y avispas (himenópteros), e incluye datos tanto médicos como zoológicos (es decir, entomológicos).

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