Procesionaria

La oruga procesionaria del pino (cuyo nombre científico es “Thaumetopoea pityocampa“) es una especie de lepidóptero (es decir, es una mariposa, aunque tiene interés alergológico en su fase vital como gusano, que es la que puede producir problemas al ser humano) que abunda (hasta el punto de considerarse una auténtica plaga) en los bosques de pinos de Europa del Sur (por ejemplo, España) y de Europa central (también puede encontrarse en otros árboles, como los abetos y los cedros, pero en ellos es menos frecuente, siendo característica su preferencia por los pinos, como su propio nombre indica).

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En torno al inicio de la primavera, estas orugas descienden al suelo desde los árboles, en una característica formación en fila india, buscando cada una de ellas el contacto con la que inmediatamente la precede: de esta formación tan curiosa, como si fueran en procesión, es de la que deriva su nombre de “procesionarias“.

Las orugas procesionarias están cubiertas de pelos urticantes que se desprenden y flotan en el aire, pudiendo llegar de esta forma a contactar con la piel o las mucosas (la conjuntiva ocular, los labios) de personas o animales. El adjetivo urticante hace referencia a su capacidad de producir urticaria: en efecto, los pelos de estas orugas contienen una toxina, denominada Thaumatopina, que tiene un efecto poderosamente irritante debido a su capacidad histaminoliberadora; es decir, hace que en el organismo de la víctima se libere histamina, que es precisamente una de las moléculas que se liberan en las reacciones alérgicas, facilitando la aparición de inflamación.

El efecto mencionado puede aparecer en cualquier persona expuesta, sin necesidad de que exista una sensibilidad especial, pues se trata de un efecto tóxico que no está mediado por mecanismo inmunológico (aún cuando el resultado sea muy similar al de una alergia). Independientemente de lo cual, y aunque es menos frecuente, algunas personas pueden padecer también una auténtica alergia frente a alguno de los componentes de los pelos descritos, originándose entonces una reacción más intensa que puede revestir gran intensidad, incluso derivar en una anafilaxia.

Si se produce una reacción tóxica, que, salvo en casos de exposición masiva, suelen ser molestas pero no revestir especial gravedad, lo primero que hay que hacer es lavar abundantemente la zona, sin frotar, con agua fría (lo ideal sería agua salada o suero fisiológico, pero, en caso de no disponibilidad inmediata, es preferible utilizar agua corriente en lugar de demorar la actuación). Dependiendo de la gravedad del cuadro, después de eso pueden utilizarse medicamentos de los que habitualmente se usan para aliviar los síntomas de algunas alergias (antihistamínicos por boca o una pomada de corticoides), siempre bajo prescripción facultativa.

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