Alfa-gal

Alfa-gal es el nombre abreviado con el que frecuentemente nos referimos a la Galactosa-alfa-1,3-galactosa, un carbohidrato presente en las membranas celulares de los organismos de la mayoría de los mamíferos, a excepción de los primates (y, por tanto, con excepción de los humanos).

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Puesto que esta molécula no está presente, en condiciones normales, en nuestro organismo, si por cualquier motivo entramos en contacto con la misma nuestro sistema inmunitario la puede reconocer como extraña y reaccionar contra ella.  Se sabe que en caso de xenotransplantes (cuando se implanta a una persona alguna estructura corporal procedente de un miembro de otra especie, como podría ser una válvula cardiaca de cerdo o de vaca) pueden producirse anticuerpos de tipo IgM que produzcan o faciliten el rechazo del injerto. Además, sabemos que también está implicada en una respuesta alérgica mediada por IgE frente a carnes rojas.

 Con la expresión “carne roja” nos referimos a una carne que presenta un color rojo o rosado oscuro cuando está cruda, y generalmente corresponde a la carne de los mamíferos: no se engloba, en este concepto, la carne de las aves (que suele referirse, más bien, como “carne blanca”, pues cuando está cruda presenta al corte una coloración más clara) ni la carne de los pescados.

 La molécula alfa-gal se ha encontrado también en la saliva de algunas especies de garrapata, muy especialmente de la garrapata Lone Star, o “Estrella Solitaria” (llamada así por la única mancha blanca que presenta en su dorso, y que puede verse en la fotografía de abajo), cuyo nombre técnico es Amblyomma americanum (muy habitual en la mitad este de los Estados Unidos de América), y parece que la picadura de esta garrapata puede estar relacionada con la aparición de la mencionada alergia.

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La picadura de la garrapata podría inyectar la molécula alfa-gal y hacer que la víctima se sensibilizara frente a la misma, es decir, que produjera anticuerpos de tipo IgE, los cuales determinarían que en posteriores contactos con alfa-gal (¡al comer carne de mamíferos!) tuviera lugar la reacción.

No es descabellado plantearse por qué motivo la picadura de la garrapata puede sensibilizar frente a alfa-gal a una persona que ha tenido contacto previo reiterado o continuado con esa molécula, pues ha comido carne roja toda su vida, sin problema. La explicación más plausible es que debe de existir en la saliva de la garrapata alguna sustancia (probablemente, una proteína) que, unida a la alfa-gal, facilita que el sistema inmunológico reaccione fuertemente contra ella. Aunque eso no está comprobado (ni, de ser cierto, conocemos cuál es esa proteína), explicaría también uno de los principales misterios de este cuadro: la alfa-gal es un carbohidrato (es decir, un azúcar), y no es habitual que los azúcares puedan desencadenar una respuesta inmunitaria de este tipo si no se unen previamente a proteínas, ya sean del propio organismo de la víctima o procedentes del exterior.  Habiendo, sin embargo, una proteína implicada, la estructura conjunta resultante tiene ya entidad suficiente como para que el sistema inmunológico la reconozca como extraña (no olvidemos que la molécula en cuestión no está presente en nuestro organismo, por lo que es ajena al mismo) y reaccione virulentamente contra ella. En contactos posteriores con la Galactosa-alfa1,3-galactosa, estando los anticuerpos ya preformados (podríamos decir “estando la artillería ya cargada y preparada”), probablemente nuestro sistema inmunológico ya no necesitaría que la proteína estuviera presente para reaccionar contra el carbohidrato.

El hecho de que la garrapata inyecte la molécula de alfa-gal directamente al torrente sanguíneo, sin haber pasado previamente por el tubo digestivo, también puede influir en que el sistema inmunitario la reconozca y reaccione contra ella con mayor intensidad.

Y quizás sean ambos factores los que contribuyan a que una persona que ha estado comiendo carne con alfa-gal toda su vida, de repente se sensibilice frente a esa molécula tras la picadura de la garrapata. Ello no quiere decir que todas las personas que hayan sufrido la picadura de la garrapata vayan a sensibilizarse, ni tampoco implica que la única forma de sensibilizarse sea sufrir la picadura de una garrapata.

Las manifestaciones clínicas de esta alergia suelen aparecen de forma retardada, unas 4 a 8 horas después de haber comido carne de mamíferos, pero una vez que aparecen son muy similares a las de otras alergias alimentarias mediadas por IgE: erupción cutánea pruriginosa, angioedema, trastornos gastrointestinales, o incluso una anafilaxia.

Otra característica de esta alergia es que no parece persistir indefinidamente en el tiempo, sino que poco a poco los niveles de IgE en sangre van disminuyendo hasta desaparecer, y entonces la carne llegará a tolerarse de nuevo sin problemas… salvo que haya una nueva picadura.

La persona afecta por esta alergia puede seguir comiendo carne de cualquier animal que no contenga alfa-gal en su organismo, como pollos, pavos u otras aves.

Por suerte, esta alergia no es frecuente en nuestro entorno… pero quien la padece debe saber, también, que hay determinados medicamentos que contienen alfa-gal y que, en su caso, deberían evitarse.

¿Qué es un ensayo clínico? ¿Y qué es eso de un trigo sin gluten?

Un ensayo clínico es un estudio que permite a los investigadores determinar si una nueva intervención clínica o actuación sanitaria tendrá repercusiones sobre la salud de los pacientes. Pueden utilizarse para probar la eficacia y/o seguridad de medicamentos, técnicas diagnósticas o terapéuticas, medidas preventivas, etc., y compararlas con las que ya eran previamente conocidas. Con carácter general, entonces, se trata de estudios que prueban los efectos (en términos de eficacia y seguridad) de un nuevo enfoque clínico (una nueva pauta de actuación, una nueva técnica quirúrgica, un nuevo método diagnóstico, un fármaco, …) sobre la salud de las personas.

En un sentido estricto, el ensayo clínico debe cumplir determinadas características:

Un ensayo clínico es un estudio de carácter prospectivo. Esto quiere decir que es una investigación continuada en el tiempo, en la cual se seguirá a los participantes a lo largo de días, semanas, meses o años (dependiendo de lo que se vaya a estudiar y lo que se pretenda) para valorar los cambios que se van produciendo en su estado de salud. Nótese que las investigaciones de las que hablábamos ayer, referidas a los efectos sobre la salud de las personas que tienen las consecuencias de los atentados del 11S son estudios prospectivos. Sin embargo, no son ensayos clínicos, puesto que no cumplen el siguiente criterio.

Un ensayo clínico es un estudio de carácter intervencionista. Esto quiere decir que los investigadores controlan la variable que están estudiando; es decir, intervienen directamente, decidiendo quién se va a someter a la nueva intervención o actuación (por ejemplo, quién va a tomar el nuevo fármaco), con qué intensidad (en el caso del fármaco, en qué dosis), durante cuánto tiempo, en qué condiciones, etc. Obviamente, en las investigaciones de las que ayer hablábamos sobre las consecuencias de los atentados del 11S (que, como ya hemos dicho, NO son un ensayo clínico), los investigadores no intervienen, ni controlan la variable de estudio: ellos no deciden quiénes se van a someter al efecto de los atentados (al estrés y la angustia de la devastación de aquel día, a la nube tóxica, al humo de los fuegos, …). Si hubieran podido intervenir, los investigadores habrían elegido que nadie se viera expuesto a esas circunstancias nocivas: pero ellos no tenían capacidad de influencia; sólo pueden limitarse a describir lo que ven (son, por tanto, estudios “descriptivos”).

Otro elemento esencial de los ensayos clínicos es la existencia, en ellos, de un grupo de comparación o grupo de control, que NO se va a someter a la intervención que se quiere probar, y que permite constatar si la nueva intervención (por ejemplo, el nuevo fármaco) es realmente mejor, o no, que las ya existentes, o que no intervenir en absoluto.

Hoy hemos sabido que a principios de 2015, si todo va bien, se iniciará un ensayo clínico para probar el primer pan de trigo sin gluten del mundo, patentado por un grupo de investigación del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS) de Córdoba, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Se implicarán en la investigación los hospitales Reina Sofía de Córdoba y Virgen de las Nieves de Granada, y participarán entre 40 y 90 enfermos celíacos.

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Este trigo sin gluten se ha conseguido mediante manipulación genética, silenciando los genes que producen las gliadinas, que son las proteínas concretas contra las que reacciona en sistema inmunológico de las personas celíacas. Los productos derivados de este trigo sin gliadina tienen textura, sabor y aroma que los hacen indistinguibles de los productos derivados del trigo normal; sus propiedades nutritivas son también prácticamente las mismas, ¡y no tiene que ser más caro!

En la actualidad, el único tratamiento que se ha mostrado eficaz contra la enfermedad celíaca es mantener una dieta completamente libre de gluten de forma indefinida. La intervención que se va a probar en este ensayo clínico es el consumo de este nuevo trigo, que se sabe libre de gliadinas, y que se espera que sea tolerado.

Ojalá que el resultado sea el esperado, y los pacientes lo toleren sin problema.

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Si quieres conocer más aspectos relacionados con el producto y con el ensayo clínico en cuestión, puedes consultar estos enlaces:

– “Celíacos de Granada testarán el primer pan de trigo sin gluten” (noticia publicada hoy 12 de septiembre de 2014 en el diario Ideal de Granada).

– “El trigo apto para celíacos sigue su curso: Fase ensayo clínico” (entrada de hoy en el blog La Ciencia de Amara).