La alergia como metáfora

Puesto que la alergia implica una reacción exagerada o desproporcionada frente a estímulos externos, con frecuencia se ha utilizado como metáfora para referirnos al rechazo o animadversión que pueden producirnos ciertos temas. Expresiones como «me produce alergia», «me da urticaria» o «hace que me salga un sarpullido» son frases hechas que se han instalado en el acervo popular. Tanto es así, que el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española incorpora como segunda acepción del vocablo alergia la siguiente: «Sensibilidad extremada y contraria respecto a ciertos temas, personas o cosas».

En tales circunstancias, ya no tiene sentido hablar de metáfora, pues quien utilice la palabra alergia en tal contexto no hace sino emplearla con uno de sus verdaderos significados. A pesar de ello, y aunque sea como licencia, os pido que me permitáis seguir interpretando el empleo del vocablo alergia, cuando no se refiere a la enfermedad mediada por el sistema inmunológico, como una metáfora: es un capricho, quizás, pero no me cabe duda de que es una interpretación compartida. Los humoristas, por ejemplo, cuando utilizan el recurso, reproducen alguno de los síntomas de la enfermedad alérgica, frecuentemente con manifestaciones cutáneas. Sirva como ejemplo este chiste de Forges, publicado en El País al inicio de la primavera de 2013, cuando la opinión pública atribuía a las directrices de la Unión Europea la responsabilidad última de los recortes económicos:

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Ese es, también, el planteamiento en que se basa la campaña «Soy alérgico«, puesta en marcha hace un par de meses, para concienciar a la población de que las alergias respiratorias no son, ni mucho menos, las más difíciles de tratar (pulsa sobre la imagen para ver el vídeo):

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Asociaciones de pacientes

Las asociaciones de pacientes son entidades sin ánimo de lucro que nacen de la voluntad de colaboración de las personas afectadas por diversas enfermedades (ya sea como enfermos o implicadas por su relación cercana con enfermos, como familiares o convivientes), que se organizan en instituciones cuyo objetivo es contribuir a mejorar la calidad de vida de los propios enfermos y/o de sus familiares,  ofreciéndoles, entre otras posibilidades, información y recursos.

Entre sus diversas funciones está la de representar a los pacientes afectados por esa enfermedad en concreto, actuando a veces como interlocutor frente a agentes que pueden actuar sobre situaciones que afectan directamente al colectivo, como podría ser la Administración pública en general, o los servicios sanitarios. Promueven de esta forma la participación ciudadana, pues canalizan o coordinan las iniciativas individuales para dotarlas de mayor coherencia o de fuerza.

Además, otra función muy relevante de estas asociaciones es que prestan servicios importantes a los enfermos y/o sus familiares, ya sea proporcionándoles formación o información, apoyo, u otros recursos que les permitan satisfacer sus necesidades especiales.

El asociacionismo tiene más relevancia en las enfermedades crónicas, pues, al ser enfermedades prolongadas en el tiempo, en las que los enfermos pueden experimentar dificultades en ámbitos diversos y con carácter reiterado o mantenido, las personas afectadas se hacen más conscientes de la conveniencia de contar con esos recursos extra para facilitar su adaptación, y compatir experiencias permite tomar medidas individuales o colectivas para prevenir o subsanar tales dificultades o deficiencias.

En el ámbito de las alergias e intolerancias alimentarias, las posibilidades de intervenir para mejorar la calidad de vida de los enfermos y sus familiares son muchísimas. Entre otras, están las siguientes:

– Proporcionan educación sanitaria, ayudando a las personas interesadas a identificar los alérgenos y a evitar el contacto con ellos, así como a minimizar las consecuencias de dicho contacto si la evitación completa no es posible. En el caso de las alergias e intolerancias alimentarias juegan un papel muy importante para enseñar a enfermos y familiares a encontrar o identificar los alimentos libres de riesgo para ellos.

– Proporcionan también información sobre aspectos diversos de la enfermedad, como el diagnóstico, la evolución, el tratamiento, … En aquellos casos en que la adecuada administración del tratamiento requiere ciertas habilidades, como podría ser el manejo de los inhaladores en el asma bronquial, tienen especial importancia.

– Información sobre estrategias para facilitar la adaptación en colegios, trabajo, actividades de ocio, etc.

– También pueden informar y asesorar sobre recursos sociales: ayudas económicas, subvenciones, prestaciones sociales, …

– Pueden facilitar apoyo psicológico o rehabilitador en general.

– Organizan encuentros, jornadas, campamentos de vacaciones, etc., donde los asistentes aprenden aspectos relevantes sobre su enfermedad mediante la interacción con docentes o monitores y con otras personas que también la padecen.

– Pueden ejercer la representación del colectivo de enfermos y/o familiares frente a diversos agentes: asociaciones de consumidores o usuarios, administraciones públicas, colegios profesionales, … y frente a la sociedad en general.

– También pueden organizar actividades para captación de fondos para sufragar los servicios referidos, o cualesquiera otros.

Generalmente, la afiliación a una de estas asociaciones suele requerir el abono de una pequeña cantidad de dinero, aunque sea casi simbólica… pero, igualmente con carácter general, los beneficios que supone la pertenencia a una de estas asociaciones puede superar con creces el coste económico que supone.

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