¿Qué diferencia hay entre antígeno, alérgeno y hapteno?

Un antígeno es una sustancia que, cuando se introduce en el organismo, es capaz de inducir una respuesta inmunitaria; es decir, es capaz de hacer que se desencadene una reacción inmunológica, de tipo humoral (a base de anticuerpos) o celular, como respuesta a su propia presencia. Esa respuesta recibe el nombre de «específica», precisamente porque se desencadena específicamente contra ese antígeno en cuestión (los anticuerpos que se forman, por ejemplo, se unen selectivamente a ese antígeno). Los antígenos son predominantemente moléculas de tipo proteico (es decir, proteínas) pero puede haber excepciones.

Decimos que los antígenos tienen inmunogenicidad (es decir, son capaces de desencadenar una respuesta inmunitaria) y también especificidad (porque esa respuesta inmunitaria es específica contra el propio antígeno).

Cuando esa reacción inmunológica tiene las características de una respuesta alérgica (por ejemplo, en hipersensibilidad mediada por IgE, o en hipersensibilidad mediada por células como es el caso de las dermatitis de contacto alérgicas), al antígeno en cuestión lo llamamos alérgeno.

Los alérgenos son siempre antígenos (a los cuales llamamos alérgenos cuando la respuesta inmunitaria que desencadenan es de tipo alérgico). Sin embargo, hay antígenos que no son alérgenos (porque, aunque desencadenan una respuesta inmunológica, ésta no es de tipo alérgico: por ejemplo, las respuestas inmunológicas defensivas desencadenadas frente a un microorganismo infeccioso).

Un hapteno, por su parte, es una molécula de pequeño peso molecular que, cuando se introduce en el organismo, por sí sola no es capaz de inducir una respuesta inmunitaria, pero que, cuando se une con una proteína interna del propio organismo, sí puede inducirla. Necesita, por tanto, la participación de otra molécula diferente (la proteína interna del propio organismo, a la cual llamamos «proteína transportadora» o «transportador») para hacer que se desencadene la respuesta inmunitaria: sin ella, no puede. Por eso, a los  haptenos también los llamamos «antígenos incompletos» o «antígenos parciales».

Decimos que los haptenos carecen de inmunogenicidad (puesto que no son capaces de desencadenar, por sí solos, una respuesta inmunitaria), pero sí tienen especificidad (porque cuando, unidas a su transportador, desencadenan una respuesta inmunitaria, esa respuesta es específica contra el complejo formado por el hapteno y el transportador).

Anticuerpo

La Farmacia española se une a campaña europea de información sobre alergia y anafilaxia

Como profesionales sanitarios que son, los farmacéuticos pueden jugar un papel importante en el ámbito de la educación sanitaria de la población.  De hecho, ellos suelen reivindicar su posición privilegiada, por su contacto directo con los pacientes, para orientar y asesorar en materia de medicamentos.

La Ley que regula las competencias de las profesiones sanitarias, en la actualidad, es la llamada Ley de ordenación de las profesiones sanitarias, que data de 2003. En el caso concreto de los farmacéuticos, les atribuye como funciones «las actividades dirigidas a la producción, conservación y dispensación de los medicamentos, así como la colaboración en los procesos analíticos, farmacoterapéuticos y de vigilancia de la salud pública». Aún cuando no se hace referencia expresa a la orientación y asesoramiento de la población en materia de medicamentos, puede entenderse que una y otro son parte de los procesos farmacoterapéuticos, pues lógicamente repercutirán sobre el consumo que la población haga de los medicamentos prescritos y sobre su adherencia a los tratamientos.

Las farmacias españolas, a través de la Agrupación Farmacéutica Europea (PGEU), se suman desde hoy mismo a la campaña europea de sensibilización sobre anafilaxia  y alergias alimentarias, promovida por la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI), y de la cual ya hemos hablado previamente en este blog (en noviembre de 2014, la campaña priorizaba el asma alérgica, pero ya se anunciaba que durante 2015 se centraría en otros aspectos, como la alergia a los alimentos y la anafilaxia).

El objetivo de esta iniciativa –desarrollada por el Consejo General de Farmacéuticos con implicación de su Vocalía Nacional de Alimentación– es promover la educación sanitaria y avanzar en la prevención desde las farmacias, ante la progresiva incidencia que se está produciendo en toda Europa, tanto de anafilaxia como de alergias alimentarias. Con este fin las farmacias dispondrán de material gráfico y los farmacéuticos ofrecerán consejos sobre prevención y tratamiento. El material gráfico referido puede verse en Portalfarma, la página web de la Organización Farmacéutica Colegial, a la que puede accederse pulsando sobre cualquiera de los dos carteles que aquí reproducimos:

2015-es_poster_Anaphylaxis_pgeu-page-001

  2015-es_poster_FoodAllergy_pgeu-page-001

Nos parece una idea excelente que los farmacéuticos se impliquen en ayudar a la concienciación de la población sobre la importancia de las alergias alimentarias y la anafilaxia. Cualquier contribución en este sentido es siempre bienvenida.

Leídos los documentos que se van a distribuir a las farmacias, podría preocuparnos, no obstante, el consejo que se repite sistemáticamente en todos ellos, resaltado con letra grande en un marco, para constituirse en el mensaje clave a transmitir, y que, textualmente, dice:

«Si tienes alergia, por favor consulta con tu médico o farmacéutico para que te dé la llave que pueda liberarte de tus síntomas».
La literalidad de ese texto podría inducir erróneamente al paciente a pensar que los tratamientos sintomáticos son suficientes para resolver este tipo de problemas. Por el contrario, su abordaje es complejo, muy especialmente cuando hablamos de alergias potencialmente desencadenantes de anafilaxia, y requiere la concreción precisa del alérgeno causante y una serie de medidas encaminadas a lograr la evitación y/o el tratamiento del problema, que van más allá del simple tratamiento sintomático. Si el texto anima a consultar con el farmacéutico, tendrá que ser el farmacéutico quien informe al paciente de las implicaciones (múltiples e importantes) de su problema.
Decíamos, entonces, arriba, que la literalidad del texto, tal como está planteado, podría (en condicional) preocuparnos, si no fuera porque tenemos plena confianza en la profesionalidad de los farmacéuticos.