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Antitripsinas e inhibidores de la amilasa: ¿Proteínas distintas del gluten implicadas en la celiaquía?

La enfermedad celíaca es una enteropatía crónica de carácter autoinmune debida a una intolerancia permanente al gluten de la dieta (presente en diversos cereales) en personas genéticamente predispuestas.

Aproximadamente 1 % de la población mundial como media (con variaciones según la zona estudiada) padece enfermedad celiaca, y ese porcentaje está en aumento, en parte probablemente por el perfeccionamiento de las técnicas diagnósticas.

Cada vez sabemos más de la celiaquía, pero, por supuesto, todavía nos queda mucho por conocer. Por ejemplo, aunque sabemos que existe una predisposición genética y que el gluten es la proteína desencadenante de los fenómenos patológicos, relacionar la enfermedad exclusivamente con estos dos factores tal vez sea un esquema excesivamente reduccionista. Porque puede haber otros factores (incluso otras proteínas de la dieta) que jueguen un papel destacado en la puesta en marcha de la respuesta inmunológica y de los mecanismos de la inflamación.

Esta teoría es defendida por diversos autores, entre los que está el Dr. José Moisés Laparra Llopis, del Departamento de Inmunonutrición y Salud de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), y director del Máster de Nutrición, Salud y Actividad Física de la misma Universidad.  De acuerdo con el doctor Laparra, las últimas investigaciones apuntan a la posibilidad de que existan otras proteínas distintas implicadas en la enfermedad celíaca, y concretamente se sospecha de  enzimas como antitripsinas o inhibidores de la amilasa.

El sistema inmunológico es tremendamente complejo, y no es descabellado pensar que otras proteínas de la dieta, diferentes del gluten, puedan tener un papel relevante en su modulación. Si tales factores, presentes en algunos alimentos, pueden tener, mediante la modulación del sistema inmune, repercusión relevante en la aparición de síntomas clínicos relacionados con la respuesta frente al gluten, el reto es identificarlos.

Esta línea de investigación tiene su origen en el hecho que en una proporción entre el 0,3 y 10 % de los pacientes que sufren celiaquía las lesiones intestinales no mejoran tras la retirada del gluten. Y, por otra parte, de  nuevo según las declaraciones del Dr. Laparra, la utilización aislada de péptidos sintéticos que reproducen las secuencias de aminoácidos de la gliadina (la fracción del gluten responsable de la celiaquía), no siempre consiguen reproducir las respuestas observadas en los pacientes celíacos con la ingesta de gluten. Esto sugiere la participación de otros actores en el desarrollo de la enfermedad, probablemente a través de la modulación del sistema inmune y el desencadenamiento de procesos de inflamación en la mucosa intestinal. Los resultados disponibles apuntan a componentes concretos de la familia de los inhibidores de la actividad de la amilasa y la tripsina.

¿Hablamos de proteínas presentes también en los cereales? En efecto, estas moléculas están presentes en los cereales, pero también están ampliamente distribuidas por otros alimentos de diverso tipo, como huevos, legumbres o patatas.

Hasta el momento, los hallazgos disponibles se han obtenido con modelos experimentales y se requiere la confirmación en la especie humana, pero todo apunta a que puede ser una línea de investigación importante que nos ayude a conocer mejor (y, por tanto, a controlar) la enfermedad celíaca.

Si quieres conocer más sobre este asunto, puedes leer (en inglés) el artículo «Can gliadines be blamed as unique drivers of immune responses to gluten?» («¿Pueden las gliadinas considerarse los únicos condicionantes de la respuesta inmune frente al gluten?«), del propio Dr. Laparra y del Dr. Fernández Musoles, pulsando sobre la imagen:

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Importancia del autocuidado: la paradoja del asma

Durante esta semana (desde el pasado lunes 24 de octubre al próximo 30 de octubre de 2016) se celebra la Semana del Autocuidado, organizada por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC).

El autocuidado (la asunción de responsabilidad en su propio cuidado por parte del paciente y la consecuente puesta en práctica de conductas de salud) se ha convertido en una estrategia esencial en los modelos sanitarios más avanzados a causa del aumento de la prevalencia de las enfermedades crónicas y el envejecimiento de la población. Con este trasfondo, la semFYC (que es la federación de las 17 Sociedades de Medicina de Familia y Comunitaria que existen en España y agrupa a más de 19.500 médicos de familia) convoca anualmente la Semana del Autocuidado, que en 2016 (con el lema «Tú puedes hacer mucho por tu salud«) alcanza la cuarta edición, a fin de concienciar sobre algunos aspectos fundamentales del autocuidado.
Ayer miércoles tuvo lugar una rueda de prensa en Madrid, en la que se han dado a conocer los resultados de una encuesta realizada a 600 personas de toda España durante los meses de septiembre y parte de octubre de 2016, a la cual la Sociedad Española llama IV Encuesta Nacional de Autocuidado. En la información que proporcionan no dejan constancia del criterio seguido para seleccionar a las personas encuestadas, por lo que no podemos asumir que la muestra sea representativa de algún colectivo concreto y, por tanto, los resultados extrapolables al mismo, pero, aun así, hay datos que merece la pena destacar.
Un 70,9 % de los encuestados declaran tener algún problema de salud crónico, y en un 7,4 % se trata, concretamente, de asma.
Un 85,9 % del total refiere estar convencido de que con un mayor autocuidado se podría evitar tener que consultar al médico/a o enfermero/a.
En la valoración que hacen de los diversos aspectos que se les presentan sobre el cuidado de su salud, consiguen una puntuación por encima de la media la evitación del tabaco y una buena adherencia al tratamiento farmacológico, aspectos ambos fundamentales en el control del asma.
Cuando se pregunta (a todo el colectivo) qué importancia dan al autocuidado en las diversas enfermedades crónicas (valorada del 0 al 10), al asma se atribuye una puntuación de 7,47 como media. Sin embargo (y ésto es lo curioso), cuando se valoran exclusivamente las respuestas de los propios pacientes asmáticos, la puntuación que se otorga al asma (nuevamente, entre 0 y 10) es tan solo de 4,84.
Reparemos en este detalle: la percepción que tienen los pacientes asmáticos de la importancia del autocuidado en el control de su enfermedad es muy inferior a la percepción que tiene el conjunto de los encuestados (la gran mayoría de los cuales no son asmáticos) de la importancia del autocuidado en el control del asma.
Puesto que sabemos que el autocuidado tiene un papel fundamental en el control del asma (aspectos como evitar los alérgenos cuando el asma es alérgica, evitar el tabaco, evitar los factores irritantes, mantener una buena adherencia al tratamiento con adecuado cumplimiento de las pautas prescritas, …), resulta una paradoja que los pacientes asmáticos atribuyan menos importancia al autocuidado en el control de su enfermedad que la población no asmática. ¿No tiene la percepción, entonces, de que ellos mismos tienen un papel fundamental en el control de su enfermedad? ¿No les hemos proporcionado información adecuada en este sentido? ¿No son conscientes de la importancia de la evitación de alérgenos y de otros factores desencadenantes de las crisis? ¿No supervisamos el cumplimiento de las pautas de tratamiento, el adecuado manejo de los dispositivos inhaladores?
Si eso es así, algo está fallando. Si nuestros pacientes no son conscientes de la trascendencia de su actuación, entonces estamos perdiendo un recurso valiosísimo para el control del asma (insustituible, de hecho): la implicación del propio enfermo.
Pulsa sobre la imagen si quieres acceder a los resultados de la encuesta:
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