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Semana Mundial de la Alergia: la anafilaxia

 

Esta semana que va del 7 al 13 de abril de 2014 se celebra la Semana Mundial de la Alergia (World Allergy Week), centrada en la anafilaxia, bajo un lema impactante: “Cuando las alergias pueden ser graves y fatales”.

Semana de la Alergias

La anafilaxia es una reacción alérgica grave, de instauración brusca, y que puede poner en peligro la vida. Se trata de la manifestación más grave que existe de una enfermedad alérgica. Sus características son las siguientes:

1. Se trata de una reacción alérgica que, a diferencia de los casos en que únicamente se implica un órgano u aparato (la piel en el caso de la urticaria, la nariz en el caso de la rinitis, …), afecta a todo el organismo (por ese motivo, recibe el nombre de reacción sistémica), pudiendo dar lugar a síntomas variados en los distintos órganos o aparatos.

2. Es una reacción de presentación rápida, aparece en un periodo de tiempo inmediato al contacto con la sustancia que la produce: pocos minutos, característicamente no más allá de 30 minutos, aunque en algunos casos su presentación puede ser más tardía.

3. Como hemos dicho, puede ser muy grave, hasta el punto de poner en riesgo la vida. Por lo general, la mayor gravedad del cuadro se relaciona con la afectación del aparato respiratorio (con dificultad para respirar y asfixia) y del sistema cardiovascular (con caída de la tensión arterial y pérdida de conocimiento, lo cual recibe el nombre de shock anafiláctico o choque anafiláctico). Las manifestaciones cutáneas, por su parte, generalmente con enrojecimiento, hinchazón o sobreelevación en forma de habones (típicos de la urticaria) y prurito (picor intenso), siendo las más frecuentes, no revisten, en sí mismas, tanta gravedad.

La anafilaxia o reacción anafiláctica constituye, por lo dicho, una urgencia médica y precisa una atención rápida y adecuada. Lógicamente, una vez tratado y resuelto el episodio de urgencia, el paciente debe ser derivado a un alergólogo para concretar la causa, seguir el tratamiento correspondiente y aprender cómo evitar nuevos episodios.

Las causas más frecuentes de anafilaxia son los medicamentos, los alimentos y las picaduras de insectos himenópteros (fundamentalmente abejas y avispas). En los adultos, la causa más frecuente son los fármacos, entre los cuales destacan antibióticos como las penicilinas y sus derivados (que reciben el nombre de beta-lactámicos). El segundo lugar lo ocupan los alimentos, que son la causa más frecuente en niños (huevo, leche, frutos secos, determinadas frutas como el melocotón, pescado y mariscos son los alimentos que con más frecuencia causan alergia). Otras posibles causas de anafilaxia (como el látex, presente en productos de goma, o el anisakis, un parásito del pescado) son menos frecuentes, si bien no por ello menos graves cuando dan lugar al cuadro tras entrar en contacto con personas alérgicas.

Se estima que, en conjunto, la anafilaxia afecta a entre 3 y 30 individuos de cada 100.000 personas cada año, y que, una vez presentada, de un 0,05 % a un 2 % de casos podrían resultar mortales. No obstante, una gran mayoría de estos cuadros podrían evitarse cuando un buen diagnóstico permite al paciente conocer su alergia y actuar en consecuencia.

La educación del paciente y de su entorno es fundamental para conseguir una adecuada prevención. Los pacientes deben ser debidamente informados de las sustancias que le provocan alergia, cuál debe ser la conducta adecuada para evitarla y cómo deben actuar si, a pesar de todo, aparecen los síntomas.

El tratamiento de la anafilaxia requiere una serie de medidas que implican valoración y una actuación lo más precoz posible por personal médico, pero existe una medida que el propio enfermo puede poner en práctica en cuanto nota la presentación del cuadro: la administración de adrenalina.

Existen dispositivos de adrenalina autoinyectable comercializados en España, que permiten que el paciente se la aplique en caso de presentar una reacción anafiláctica. Son instrumentos con aspecto similar a bolígrafos, de fácil utilización, con dosificaciones diferentes para que puedan utilizarse tanto en adultos como en niños, y que administran una dosis de adrenalina adecuada por vía intramuscular. Se prescriben a personas que tienen un riesgo importante de padecer anafilaxia (generalmente cuando se conoce una alergia que podría dar lugar a ella, y no existe certeza de poder evitar el contacto con la sustancia responsable), debiendo el paciente llevarla consigo y saber cuándo y cómo utilizarla.

La Semana Mundial de la Alergia está promovida por The World Allergy Organization (WAO), que es una organización internacional fundada en 1951, formada por un total de 92 Sociedades Científicas de Alergología e Inmunología Clínica, de ambito nacional (entre ellas está la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica), regional o incluso supranacional (como la European Academy of Allergy and Clinical Immunology), y entre cuyas diversas funciones está la de organizar campañas educativas o de divulgación orientadas a concienciar a la población general sobre diversos aspectos relacionados con las enfermedades alérgicas.

El estrés y la alergia

Que el estrés continuado complica la evolución de las enfermedades alérgicas es una afirmación que no sorprenderá a nadie que tenga alguna experiencia al respecto, ya sea como enfermo o como profesional sanitario.

Considerado por el Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina  como sinónimo de tensión emocional, tensión nerviosa o tensión psíquica, y definido en la misma fuente como «tensión y sobreestimulación psíquica o somática generadora de ansiedad que prepara al individuo para la acción, la lucha o la huida«, el estrés puede tener múltiples efectos negativos, y uno de ellos puede ser el aumento de síntomas en las personas que padecen alergia.

En los últimos días se han publicado al menos dos estudios que profundizan en esta certeza, y por tal motivo los medios de comunicación general se han echo, también, eco de ello.

Uno de estos estudios se ha publicado en el último número de la revista Annals of Allergy, Asthma & Immunology, con Amber Patterson como primer autor, y destaca que, de un total de 179 pacientes seguidos durante 12 semanas, las personas sometidas a un mayor estrés tuvieron un mayor número de episodios alérgicos, relacionados cronológicamente con la tensión experimentada, y que quienes tenían un estado de ánimo más negativo y acusaban más la influencia psicológica del estrés presentaban también peor evolución de su proceso alérgico.

El otro estudio ha sido publicado a finales de marzo en the Journal of Allergy and Clinical Immunology, con Isabel R. V. Hartwig como primera autora, y encuentra que, de un total de 994 casos, los niños cuyas madres habían estado sometidas a estrés intenso durante el embarazo (circunstancias tales como un divorcio, pérdida del trabajo o fallecimiento de un ser querido), tenían un riesgo más elevado de padecer determinadas enfermedades alérgicas (manifestadas en aparato respiratorio o en la piel) en la infancia o la adolescencia temprana.

No es, por tanto, descabellado asumir, como la experiencia clínica reiteradamente recuerda, que disminuir los factores estresógenos puede contribuir a controlar los síntomas alérgicos.