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«El Día Internacional del Celíaco celebra los nuevos tratamientos»… de otras enfermedades

El pasado martes nos hicimos eco de la celebración del Día Mundial del Celíaco, cuyo objetivo era precisamente el de concienciar y sensibilizar a la población sobre la celiaquía y sus características. Un par de días más tarde abordamos, de forma genérica, la diferencia entre alergia e intolerancia alimentaria, y ayer recordábamos que la alergia a las proteínas de la leche es diferente de la intolerancia a la lactosa, precisamente porque habíamos detectado información algo confusa al respecto en los medios de comunicación general.

Esta semana, por circunstancias diversas, los medios de comunicación general han prestado inusual atención a las enfermedades alérgicas. Y hoy queremos retomar el tema de la celiaquía, porque hemos encontrado en la prensa información en la que se equipara, o se confunde, con la alergia alimentaria mediada por IgE.

El pasado día 5 encontramos una noticia encabezada por un titular llamativo:

El Día Internacional del Celíaco celebra los nuevos tratamientos.

Abordada su lectura con grandes expectativas (¡¿nuevos tratamientos para la celiaquía?!: ¡¡estupendo!!), comprobamos que se refería a la inmunoterapia como tratamiento de la alergia alimentaria mediada por IgE (que no es el caso de la celiaquía), la cual, en grupos cuidadosamente seleccionados, se ha mostrado muy eficaz para conseguir que las personas alérgicas a determinados alimentos desarrollen tolerancia a los mismos. Por ejemplo, un estudio presentado ayer mismo en el XXVIII Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), celebrado en Madrid esta semana, mostró que un 85% de niños alérgicos al huevo sometidos a tratamiento con inmunoterapia oral con este alimento, lograron desarrollar tolerancia al mismo, y esa tolerancia persistía incluso más de seis meses tras finalizar el tratamiento.

Esta es, sin duda, una excelente noticia. La inmunoterapia con alérgenos es un tratamiento de cuya eficacia en alergias respiratorias tenemos ya amplia experiencia y que cada vez ofrece mejores resultados también en las alergias alimentarias: eso sí, en alergias alimentarias mediadas por IgE.

Lamentablemente, puesto que la celiaquía no está mediada por IgE, los celiacos no pueden beneficiarse de la inmunoterapia.

Su único tratamiento, entonces, sigue siendo la evitación del gluten.

Al menos, por ahora.

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Un día triste

Hoy ha sido un día triste.

Si cualquier muerte es lamentable, cuando quien fallece es un niño de seis años, por una causa presuntamente evitable, todos nos rebelamos.

Por eso, no es de extrañar que los medios de comunicación hayan dedicado tanto espacio y/o tiempo a la muerte de un niño de seis años por un cuadro compatible (afirmarlo de forma rotunda no será del todo prudente hasta disponer de los resultados de la autopsia) con una reacción anafiláctica.

En las últimas semanas nos hemos referido, desde este mismo blog, al Día Mundial del Asma, al Día Internacional del Celiaco, al Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, a la Semana Mundial de la Alergia centrada en la anafilaxia, …tantos eventos que llega uno a preguntarse si realmente está justificado recabar la atención de la opinión pública y de las instituciones de un modo tan recurrente para asuntos relacionados con las enfermedades alérgicas. Lamentablemente, parece que no sólo está justificado, sino que es necesario y nunca suficiente.

Cualquier campaña informativa, cualquier iniciativa de educación o divulgación en este ámbito, persigue concienciar a todos cuantos puedan tener alguna responsabilidad en el cuidado y la promoción de la salud de las personas, empezando, por supuesto, por los propios enfermos, de que la enfermedad alérgica no es una simple molestia, sino que puede tener implicaciones graves e incluso, como en este caso, dramáticas.

Hoy hemos visto cómo, con la mejor de las voluntades, muchos medios de comunicación general (probablemente utilizando información procedente de la misma fuente, quizás la misma agencia de noticias), han confundido reiteradamente alergia a las proteínas de la leche de vaca con intolerancia a la lactosa, cuando ambas patologías son radicalmente diferentes en sus fundamentos y en sus consecuencias, como precisamente comentábamos ayer. Es importante que todos, y muy especialmente quienes tienen responsabilidad de cuidado de personas alérgicas a la leche, tengamos diáfanamente claro que una persona alérgica a las proteínas de la leche de vaca no va a tolerar productos lácteos por el hecho de que éstos sean bajos en lactosa, pues no es precisamente la lactosa lo que le hace daño: las proteínas que se comportan como alérgenos, las verdaderas causantes del problema, seguirán presentes en ese producto bajo en lactosa.

La lactosa es un glúcido, un azúcar de la leche compuesto de una molécula de glucosa y otra de sacarosa, para cuya metabolización hace falta una enzima, la lactasa, que es precisamente la que falta en las personas intolerantes. La intolerancia a la lactosa puede condicionar síntomas diversos, la mayoría de ellos vinculados al aparato digestivo (como flatulencias, dolor abdominal, diarrea, …) o, en casos graves, derivados de malabsorción (pérdida de peso, desnutrición, crecimiento lento cuando ocurre en niños), pero no dará lugar a una anafilaxia, pues el sistema inmunológico no está implicado aquí como sí lo está, por el contrario, en la alergia a las proteínas de la leche de vaca.

Es imperativo ahora sacar consecuencias que permitan evitar casos dramáticos en el futuro. Las personas que cuidan niños (no sólo los padres de niños alérgicos, sino también los educadores) deben tener una formación básica en alergia que les permita identificar las causas de los problemas para poder evitarlas y saber cómo reaccionar en caso de urgencia.

Ya vimos que la adrenalina en dispositivos precargados constituye un recurso muy útil que puede contribuir a salvar vidas. Igual que muchos de los edificios públicos y espacios donde puedan reunirse personas se dotan de forma preventiva de desfibriladores semiautomáticos para utilizarlos en caso de acontecer una parada cardiorrespiratoria, no es descabellado que, al menos, los centros educativos tengan dispositivos precargados de adrenalina por si alguna vez fuera necesaria; eso sí: con su personal adecuadamente formado para su manejo correcto.

De momento, queremos proporcionar a nuestros lectores la referencia a dos documentos de carácter informativo y formativo sobre este asunto que nos parecen de lectura interesante:

– La Guía Informativa Sobre Alergia a Alimentos y/o al Látex para una Escolarización Segura editada conjuntamente en 2013 por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad,

– Y la  Guía para Profesores sobre Alergia a Alimentos y Alergia al Látex editada en 2010 por la Asociación Española de Alérgicos a Alimentos y al Látex con el apoyo, entre otras, de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.

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