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Urticaria.

La urticaria es una reacción en la piel, generalmente de instauración rápida (habitualmente en minutos), que consiste en la aparición de ronchas (manchas sobreelevadas con un color variable de rosado a rojo) en número múltiple y en distintas zonas del cuerpo. Las ronchas (cuyo nombre técnico es “habones”) tienen formas y tamaños variados; pueden ser alargadas o redondeadas, o pueden incluso tener formas caprichosas. Suelen tener una coloración más clara en su zona central, incluso pálida, con bordes más enrojecidos; y es típico que, cuando se presiona sobre la zona enrojecida, pierde momentáneamente su coloración rojiza, que vuelve a instaurarse cuando cede la presión. Los habones o ronchas se acompañan de intenso picor, y característicamente aparecen y desaparecen en intervalos de tiempo irregulares. En los casos en que desaparecen, lo hacen sin dejar rastro alguno: no queda cicatriz en la piel, no queda mancha, … Salvo complicaciones, no queda vestigio de que allí hubo, una vez, una roncha.

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La llamada urticaria aguda es la aparición repentina, por toda la superficie corporal o por una extensión amplia de la misma, de una erupción como la descrita, que se acompaña de picor. Es un cuadro muy frecuente, hasta el punto de que se ha estimado que una de cada cinco personas de la población general ha sufrido un episodio de urticaria aguda alguna vez en su vida. No es raro interpretarla como una reacción alérgica, y, aunque a veces efectivamente es así, en la mayor parte de las ocasiones no podemos averiguar cuál ha sido la causa real de una urticaria aguda. No obstante, si desaparece, con o sin tratamiento, para no volver a aparecer, no suele dársele más importancia (salvo los casos infrecuentes en que haya puesto sobre la pista de una posible alergia, situación en la que el médico valorará si resulta procedente poner en marcha un estudio para confirmarla o descartarla).

Por el contrario, hay veces en que la erupción persiste en el tiempo, o bien desaparece total o parcialmente para reaparecer reiteradamente y con frecuencia. Si esa situación persiste durante más de seis meses, hablamos de urticaria crónica.

La urticaria crónica, entonces, es un tipo de urticaria en que aparecen frecuentemente, o persisten, lesiones habonosas (ronchas) en múltiples zonas de la piel durante un periodo superior a seis semanas (es decir, al menos un mes y medio). Siendo un poco más precisos, suele utilizarse esta denominación para los cuadros en que las lesiones son persistentes o aparecen con frecuencia prácticamente a diario, mientras que si reaparecen con frecuencia pero manteniendo entre una crisis y otra intervalos libres de síntomas de días o semanas de duración, entonces hablamos de urticaria recurrente.

En una gran mayoría de los casos de urticaria crónica, no se consigue encontrar la causa. Los médicos le ponemos entonces el apellido de “idiopática“: una urticaria crónica idiopática es, simplemente, una urticaria crónica a la cual no se le ha podido encontrar causa. Son la gran mayoría.

A veces, hay urticarias en las que los habones aparecen en relación con estímulos físicos de índole variada: presión, frío, calor, vibración, … Son las llamadas urticarias físicas.

¿Debo vacunarme frente a la gripe si padezco una alergia respiratoria?

El término alergia respiratoria comprende una serie de cuadros clínicos que aparecen como respuesta de la reacción alérgica del individuo a sustancias presentes el el aire respirado (neumoalergenos), con sintomatología dependiente de la inflamación de las vías respiratorias (altas o bajas), y con posible afectación de otras mucosas como la conjuntiva ocular.  Incluye fundamentalmente la rinitis (con o sin conjuntivitis asociada) alérgica y el asma extrínseca, que pueden aparecer, en un paciente concreto, de forma independiente o bien conjuntamente (y, en este último caso, con predominio de una o de la otra).

Es un hecho conocido que las infecciones virales como la gripe pueden producir exacerbaciones o agravamientos a las personas que padecen enfermedades pulmonares crónicas. Por ese motivo, los distintos protocolos, guías de práctica clínica y recomendaciones de expertos recomiendan vacunar contra la gripe a las personas que padecen enfermedades pulmonares crónicas, precisamente para evitar o reducir ese riesgo de exacerbaciones o agravamientos. Entre tales enfermedades pulmonares crónicas en las que se aconseja la vacunación frente a la gripe, suele incluirse expresamente el asma bronquial. Esta recomendación resulta de aplicación independientemente de la edad de la persona asmática, pues tanto las Sociedades Científicas que agrupan a especialistas que tratan a personas adultas como las Sociedades Científicas de pediatría la consideran aplicable a la población que atienden.

A modo de ejemplo, dejamos a continuación la referencia a un Documento de Consenso elaborado en 2012 por el llamado Grupo de Estudio de la Gripe (una entidad sin ánimo de lucro formada por médicos de toda España de diferentes especialidades que tiene como objetivo el estudio de esta enfermedad), en colaboración con un grupo de 12 Sociedades Científicas españolas (entre las cuales está la SEPAR, Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica) y el Consejo General de Enfermería:

Vacunación de los grupos de riesgo frente al virus de la gripe.

Ese es también el criterio establecido en el protocolo elaborado por el llamado Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (que es un órgano de coordinación de los servicios públicos de salud de las distintas Comunidades Autónomas), que establece taxativamente la conveniencia de que se vacunen, entre otras personas, tanto los niños/as (mayores de 6 meses) como los adultos que padezcan enfermedades crónicas pulmonares, incluyendo asma, como puede verse en la página web del Ministerio de Sanidad, por considerar que son personas con alto riesgo de sufrir complicaciones en caso de padecer la gripe. Además, este protocolo considera que también está indicada la vacuna para personas que conviven en el hogar, incluidos niños/as, con otras que pertenecen a ese grupo de alto riesgo previamente mencionado: es decir, quienes convivan con una persona asmática tienen también indicación de vacunarse, para evitar la poibilidad de que, si se contagian, puedan transmitir la enfermedad a su conviviente.

Y los pediatras, ¿qué opinan de ésto? Pues exactamente lo mismo: el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría recomienda, para la campaña 2014-2015, la vacunación de todos los niños a partir de los 6 meses y adolescentes que tengan una enfermedad respiratoria crónica como asma o hiperreactividad bronquial, por considerar que estas personas tienen un riesgo de agravamiento (crisis o empeoramiento) que puede disminuirse si están vacunados. Y también apoyan la vacunación de niños sanos, adolescentes sanos o adultos sanos que conviven con personas asmáticas, para evitar que ellos puedan contraer la gripe y contagiársela al enfermo crónico. Para estos expertos (como para los que han elaborado los protocolos generales antes referidos), la vacunación antigripal en estos pacientes y en sus contactos representa un beneficio evidente y constituye una oferta de salud incuestionable.

¿Qué pasa, entonces, con la rinitis o rinoconjuntivis crónica? Pues que, a diferencia de los casos anteriores, una posible exacerbación de la rinitis por causa de una infección viral como la gripe, si no hay asma o hiperreactividad bronquial asociada, podrá resultar muy molesta, pero no es previsible que constituya una situación grave. Por ello, en este caso no se considera necesaria la vacunación de forma preventiva. Puede argumentarse (y es cierto) que, si no se interviene para modificar su evolución natural, una persona con rinoconjunivitis alérgica podría terminar desarrollando también asma bronquial, pero mientras no exista asma no se considera que pueda incluirse en uno de los grupos de riesgo para quienes la vacunación está indicada.

Hasta aquí, entonces, nuestra recomendación, que coincide con la expuesta: si te han diagnosticado asma bronquial (o hiperreactividad bronquial), estás incluido/a en uno de los grupos de riesgo para quienes está indicada la vacuna frente a la gripe; y esa indicación es también extensiva a tus convivientes.

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Y sin embargo… (¡oh, caramba!) también encontramos datos contradictorios. Por un lado, la Guía Española para el Manejo del Asma (GEMA), un documento de consenso de expertos muy aceptado y utilizado en nuestro país, en su versión más reciente (2009)  afirma que la vacunación antigripal no ha mostrado eficacia en la prevención de exacerbaciones de asma. Y recientemente (este mismo año) el Departamento de Salud del Gobierno Vasco ha publicado un análisis de la literatura científica tras el cual llega a la conclusión de que la evidencia científica que existe sobre la efectividad de la vacuna antigripal para evitar la aparición de exacerbaciones y sus complicaciones en población pediátrica con asma «es de baja calidad y no es concluyente para la definición de su efectividad en dicha población». ¡Qué chasco!

¿Invalida esto último lo que hemos dicho antes? No, no lo invalida. Pero requiere una explicación que tiene complejidad suficiente como para ser merecedora de una entrada propia (que nos permitirá, además, abordar algunos conceptos relacionados con la llamada Medicina Basada en la Evidencia). Os emplazamos, entonces, si queréis acompañarnos, a la próxima semana para seguir hablando de este tema, que tiene gran relevancia.