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Látex

Concepto.

Con carácter general, látex es el nombre que recibe la savia de algunas especies vegetales, que circula por conductos (los cuales reciben, por ello, el nombre de vasos laticíferos) y de la cual las células de la planta toman las sustancias que necesitan para su nutrición. Por su parte, el caucho natural es un producto de origen vegetal que, aunque puede obtenerse de la savia lechosa de diversas especies vegetales, en la práctica deriva, de forma prácticamente exclusiva, del árbol del caucho, Hevea brasiliensis, una planta originaria de Brasil: por ello, con carácter general se identifica el caucho natural con el látex de la Hevea. Su procesamiento industrial es variable dependiendo del objetivo perseguido, e incluye la adición de productos químicos de carácter diverso. Finalizado el proceso de elaboración, el látex llega al consumidor formando parte de la composición de una enorme variedad de productos habituales en la vida cotidiana de las sociedades desarrolladas, muchos de los cuales entrarán en contacto directo con la piel o mucosas (guantes, juguetes, globos, preservativos, …), o incluso, como es el caso de muchos productos sanitarios de empleo sistemático en las actividades de cuidado de la salud, con el interior del organismo o de cavidades naturales: sondas, catéteres, tubos para drenaje, etc.

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 Epidemiología.

La alergia al látex ha llegado a reconocerse como un problema internacional de salud pública. La prevalencia de sensibilización al látex en la población general es menor del 1 %, pero existen diversos grupos de riesgo con una prevalencia significativamente mucho mayor, entre los cuales se encuentran las personas con historia de múltiples intervenciones quirúrgicas o técnicas médicas invasivas, como son los niños con espina bífida y anormalidades urogenitales. Otros grupos de riesgo elevado incluyen a los trabajadores sanitarios y a los trabajadores de la propia industria del caucho. Probablemente, en todas estas personas, la exposición reiterada y frecuente al caucho o a sus productos juegue un papel importante en el proceso de sensibilización. Concretamente, en el caso de los trabajadores sanitarios, se ha podido constatar que su riesgo de padecer alergia al látex resulta proporcional a su grado de exposición: es decir, a mayor exposición, mayor riesgo de hacerse alérgico (en este grupo profesional, algunos estudios han encontrado cifras de prevalencia incluso mayores del 20 %).

No obstante, el grupo con mayor prevalencia de alergia al látex lo constituyen los niños con espina bífida (¡más del 50 % según algunos estudios!), y ese hecho se ha demostrado igualmente relacionado con la exposición (en este caso, en las primeras etapas de la vida): en estos pacientes, la exposición de mucosas al látex durante los primeros años de su vida es muy frecuente, ya que necesitan una amplia y variada actividad clínica invasiva, como múltiples intervenciones quirúrgicas o numerosas exploraciones en las que se utilizan sondas u otros instrumentos.

 En este grupo de riesgo, además, diversos estudios han constatado que una constitución atópica parece constituir un claro factor predisponente no sólo de sensibilización, sino de que esa sensibilización se manifieste en forma de alergia sintomática.

También las personas sometidas a múltiples intervenciones quirúrgicas y actuaciones sanitarias invasivas por otras causas diferentes de la espina bífida tienen un riesgo elevado de sensibilizarse al látex, si bien no se trata de un riesgo tan elevado como en el caso anterior, lo cual se ha atribuido a que tales exposiciones podrían resultar más sensibilizantes cuando ocurren en las primeras etapas de la vida.

También se ha visto que existe una relación de la alergia al látex con alergia a determinados alimentos de origen vegetal, entre los que están el plátano, el aguacate, la castaña, el kiwi y otros.

 Clínica.

Hasta la fecha, se han identificado 14 proteínas diferentes que son relevantes en relación con la sensibilización al látex o el caucho. Además de sus alérgenos naturales, durante el proceso de elaboración de los productos derivados se le añaden sustancias que aportan otros alérgenos diversos que también pueden dar problemas clínicos. Todos ellos se nombran añadiendo un número arábigo (del 1 al 14) a la abreviatura Hev b (Hev b 1, Hev b 2, Hev b 3, …).

Se han descrito dos mecanismos diferentes para explicar las reacciones alérgicas al látex o a sus aditivos. Por un lado, puede existir una reacción mediada por IgE; por otro lado, puede existir una reacción de otro tipo, desencadenada por otro mecanismo en el que se implican de forma predominante linfocitos de tipo T (las llamamos reacciones «mediadas por células T»).

Las reacciones mediadas por IgE, también conocidas como de hipersensibilidad inmediata, son las más frecuentes, y suelen ser predominantemente reacciones frente a la proteína del látex natural, que permanece inalterada tras el proceso de manufacturación del caucho. Estas proteínas alergénicas presentan la peculiaridad de que pueden ser liberadas al aire, y en los hospitales son aerotransportadas junto con los polvos de talco de los guantes: por ello,el látex puede comportarse como un alérgeno inhalatorio. Pero, por otra parte, se han constatado también episodios de anafilaxia como consecuencia del contacto de objetos de látex (sondas, guantes, …) con las mucosas de personas alérgicas: por ejemplo, en el contexto de una intervención quirúrgica o de una técnica exploratoria. Se trata, por supuesto de la manifestación más dramática, y su forma de presentación es la habitual en este tipo de reacciones, pudiendo incluso llevar a la muerte si no se actúa con rapidez.

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Por su parte, las reacciones mediadas por células T (a las cuales también nos referimos como «reacciones de hipersensibilidad retardada») suelen comportarse, en su mecanismo y manifestaciones, como una dermatitis de contacto.

Estamos, entonces, ante una sustancia que puede dar reacciones de relevancia clínica como alérgeno inhalatorio y como alérgeno de contacto, pudiendo, incluso, presentarse (aunque no es lo más frecuente) ambos tipos de reacciones en una misma persona.

 Prevención.

Hablamos de prevención primaria para referirnos a la prevención dirigida a evitar la sensibilización. En la alergia al látex, este tipo de prevención se ha mostrado eficaz en aquellos casos en que el aumento del riesgo deriva de un contacto precoz y reiterado con productos derivados de látex, como es el caso de los niños con espina bífida, o de niños que requieren múltiples intervenciones quirúrgicas por otras causas. En estos casos, la prevención primaria se centra en identificar a las personas con tales riesgos y en evitarles, dentro de lo posible, dicho contacto precoz y reiterado. Durante sus intervenciones quirúrgicas y, en general, durante todo su periodo de hospitalización, se puede utilizar material libre de látex, y en el quirófano también se puede realizar previamente una limpieza a conciencia para evitar restos incluso en forma volátil. Es conveniente también poner cierta atención al entorno familiar y escolar, procurando evitar el empleo de objetos de látex que puedan entrar en contacto habitual con mucosas: chupetes, tetinas, biberones, etc., … y procurar que estos niños no se metan en la boca globos ni chupen juguetes que puedan contener caucho.

 La llamada prevención secundaria, por su parte, implica, una vez que ya se ha producido la sensibilización, el diagnóstico precoz y las medidas necesarias para disminuir o contener las manifestaciones clínicas en la persona sensibilizada.

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Las disfunciones del sistema inmunitario (o la rebelión frente a la «tremenda seriedad» de un sistema inmune normofuncionante)

En nuestra entrada de ayer referíamos que, dentro del currículo de bachillerato, las alergias se estudian entre las llamadas «disfunciones del sistema inmunitario«. Detengámonos hoy, brevemente, a comentar a qué nos referimos cuando utilizamos dicha expresión.

El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define disfunción como «desarreglo en el funcionamiento de algo o en la función que le corresponde»: es decir, un mal funcionamiento. Además, el mismo diccionario incluye una acepción específica para el ámbito de la Biología, entendiéndola como una «alteración cuantitativa o cualitativa de una función orgánica». En efecto, la defensa de nuestro organismo frente a agentes externos potencialmente dañinos es una (no la única) de las funciones de nuestro sistema inmunitario, y cuando, como ocurre en el caso de las personas alérgicas, este sistema reacciona frente a una sustancia inocua como si extuviera siendo agredido (como si tuviera que defenderse), realmente podemos asumir que está funcionando de forma inadecuada, ya que esa reacción es inadecuada y tiene consecuencias nocivas para el propio organismo.

Pero la alergia no es la única disfunción del sistema inmunitario. Hay otras. Con carácter general, y con ánimo didáctico, las disfunciones o desórdenes del sistema inmunitario se pueden agrupar en tres grandes categorías:

1) En primer lugar, tendríamos que considerar la llamada inmunodeficiencia: es un estado patológico en el que el sistema inmunitario no realiza de forma eficaz el papel de protección que le corresponde, y deja al organismo en una situación de vulnerabilidad frente a la infección por gérmenes. Además, en condiciones normales el sistema inmunitario (y esta es otra de sus funciones) también ejerce una vigilancia continua sobre las células del propio organismo, atacando y eliminando aquéllas que, por sufrir algún tipo de transformación, se vuelven perjudiciales para el propio organismo. En las inmunodeficiencias esta función tampoco se cumple de un modo satisfactorio, por lo que estas personas, además de tener una mayor susceptibilidad para sufrir infecciones, también tienen una mayor probabilidad de padecer cáncer de tipos diversos. Las inmunodeficiencias pueden ser primarias (o congénitas, que existen desde el nacimiento y se deben generalmente a alguna anomalía genética) o secundarias (adquiridas a lo largo de la vida, por causas diversas).

 2) Las enfermedades autoinmunes: son enfermedades causadas por un ataque del sistema inmunitario a las células o tejidos del propio organismo. Como referíamos en el punto anterior, en condiciones normales el sistema inmunitario ejerce una vigilancia constante para atacar y neutralizar los elementos del organismo que se han vuelto inútiles o peligrosos. Esa función es beneficiosa y necesaria, pero el problema en el caso de las enfermedades autoinmunes el ataque se dirige de forma inadecuada hacia estructuras corporales normales o sanas, y la enfermedad es la manifestación del daño derivado de ese ataque. Es, entonces, una actuación desproporcionada del sistema inmunitario contra estructuras que están presentes normalmente en el propio organismo.

3) Finalmente, están las reacciones de hipersensibilidad, que son las alergias en sentido amplio. En estos casos, el sistema inmunitario reacciona igualmente de forma desproporcionada, pero frente a sustancias exógenas que, en circunstancias normales, no representan un peligro para el organismo. Como en el caso anterior, con el que tiene muchas similitudes, se trata de una reacción desproporcionada, anómala e inadecuada, pero en lugar de dirigirse contra estructuras del propio organismo se dirige contra elementos externos. En el origen de este tipo de reacciones se imbrican una predisposición genética y la concurrencia de factores ambientales, interaccionando de formas complejas sobre las que cada día conocemos más, sin que todavía se haya llegado a entenderlas del todo. Mark Parisi, un humorista norteamericano, ofrece esta explicación del fenómeno (la traducción, libre, es nuestra):

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Obviamente, los elementos del sistema inmunitario no tienen conciencia ni racionalidad como para plantearse voluntariamente «hacer alguna locura», pero el símil es simpático y nos permite entender el concepto de la «rebelión» del sistema inmunitario de una persona alérgica frente a la «tremenda seriedad» de su funcionamiento normal.