El Día de Todos los Santos y las flores del cementerio

Este fin de semana se celebran en España las festividades del Día de Todos los Santos y de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el 1 y el 2 de noviembre respectivamente. Se trata de fiestas de significación religiosa que implican costumbres que se practican desde hace siglos.

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En España, dentro de la tradición católica, es frecuente realizar una visita a los cementerios, donde yacen los seres queridos que han fallecido, se les dejan flores en las tumbas y se reza por ellos. Realmente, no puede decirse que sea un hábito generalizado, pues la población que generalmente visita los cementerios en estas fechas suele ser predominantemente la de mayor edad, y es una costumbre más afianzada en zonas rurales que en las urbanas.

En cualquier caso, allí donde se hace, no es raro que incluso durante los días precedentes los familiares de los difuntos realicen visitas previas a los cementerios con el objetivo de prepararlos, limpiando las lápidas y adornándolas con todo tipo de flores, especialmente con crisantemos.

La tradición de utilizar precisamente flores como adorno parece derivar de la intención original de aportar algo vivo para contrarrestar la pesadumbre que la muerte acarrea al privarnos de los seres queridos. Sin embargo, paradójicamente y a pesar de su aspecto, las flores, desde el momento en que han sido seccionadas por su tallo, tampoco podrán, ya, sobrevivir. Para intentar que su apariencia se mantenga el mayor tiempo posible, es frecuente depositarlas en recipientes con agua.

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Hace apenas una semana, hablábamos en este mismo blog de los mosquitos y de cómo su picadura puede producir alergia, y destacábamos una serie de medidas a tener en cuenta para dificultar su proliferación. Hoy podemos retomar ese asunto, a colación de estas flores de los cementerios.

Si abandonamos durante días los recipientes donde hemos depositado las flores sin que nadie les cambie el agua, estamos proporcionando a las hembras de mosquito un excelente lugar donde depositar sus huevos, y a las larvas un sitio inmejorable donde crecer: recordemos que tienen predilección por recipientes pequeños, al aire libre, donde el agua permanezca estancada. Ese es el principal motivo por el que los mosquitos no son raros en los cementerios.

Es posible, muy especialmente si hemos acudido en los días previos para preparar la visita, que, mientras las flores no se mustien, las personas responsables del cuidado del cementerio no las retiren, por respetar la intención de quienes las han depositado allí. Pero ello favorece la proliferación de los mosquitos de un modo que nos perjudica a todos (por supuesto, más a las personas que son alérgicas a sus picaduras, pero realmente los mosquitos son molestos para todos). Evitarlo es fácil, simplemente requiere que quien haya depositado un recipiente con agua para contener flores esté pendiente de cambiarle el agua cada tres o cuatro días como muy tarde. Por el contrario, si el agua permanece sin renovar durante más tiempo, estaremos favoreciendo la proliferación de estos insectos.

Por otra parte, si nos descuidamos y dejamos que las flores se marchiten, se mustien e incluso se pudran, estamos creando un caldo de cultivo ideal para que proliferen determinados tipos de hongos, que también producen alergia respiratoria a algunas personas.

Y, desde luego, no puede decirse que las flores marchitas, mustias o incluso podridas, resulten especialmente hermosas como elemento decorativo.

Imágenes: Las imágenes de esta entrada corresponden al Cementerio de San José, en Granada, y al Cementerio de La Almudena, en Madrid, y ambas han sido tomadas de Wikipedia. Como siempre, si quieres apreciarlas en todo su tamaño, sólo tienes que pulsar sobre ellas.

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