Reactividad cruzada

Llamamos reactividad cruzada al fenómeno que se produce cuando un mismo anticuerpo IgE producido por la persona alérgica es capaz de reconocer (y unirse a ) distintos alérgenos presentes en especies (vegetales o incluso animales) diferentes, desencadenando la respuesta alérgica tras el contacto con cualquiera de esas especies.

Recordemos que un alérgeno es una sustancia que, al introducirse en el organismo, desencadena una respuesta alérgica. El anticuerpo IgE presente en la sangre del enfermo reacciona frente a esa molécula como si fuera un enemigo, se une a ella y pone en marcha una serie de fenómenos que determinan la aparición de los síntomas clínicos de la alergia. Pues bien, el anticuerpo IgE no reconoce cualquier parte de la molécula del alérgeno: tan sólo una determinada zona del mismo, cuya configuración es tal que facilita que el anticuerpo IgE la reconozca y se le una (con frecuencia se utiliza, para explicar esta unión de un modo sencillo, la metáfora de una llave y una cerradura, que encajan perfectamente una en la otra porque tienen formas complementarias). La parte del alérgeno a la cual se une el anticuerpo IgE recibe el nombre de epítopo.

Para que exista reactividad cruzada, tiene que haber moléculas de una y otra especie que presenten epítopos similares. Es decir, no es necesario que se trate de moléculas idénticas: basta con que tengan una zona parecida, siempre que la casualidad quiera que precisamente esa zona sea la que se comporte como epítopo: es decir, que precisamente esa zona sea la parte de la molécula que se une al anticuerpo IgE del enfermo alérgico. Los epítopo de una y otra molécula pueden ser más o menos similares: cuanto más parecidos sean, más fácil es que ocurra la reacción cruzada; y, si son idénticos (lo cual también puede ocurrir), entonces cabe esperar que la reacción cruzada ocurra siempre.

A la semejanza o similitud entre un epítopo y otro la llamamos homología. La reactividad cruzada es rara cuando la homología de los epítopos implicados es inferior al 50% y, en la gran mayoría de los casos, para que ocurra se necesita que haya una homología superior al 70%. Y ésto puede ocurrir incluso entre especies que no están muy cercanas o relacionadas entre sí (por ejemplo, el caso del alérgeno tropomiosina, que puede hacer que una persona sensibilizada a ácaros del polvo doméstico presente también alergia alimentaria a crustáceos).

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¿De qué hablamos cuando hablamos de alergia… al frío?

Como ya comentamos cuando abordamos en este mismo blog la llamada urticaria a frigore, la expresión “alergia al frío” no es correcta, ya que el frío, al no tener entidad química o un sustrato material, no puede comportarse como un alérgeno. No se trata, por tanto, de una verdadera alergia, pero existen algunos cuadros desencadenados por el frío que tienen manifestaciones similares a las de algunas alergias. Por ese motivo, el empleo de la expresión «alergia al frío» está muy extendido.

El cuadro al que con mayor frecuencia se refieren quienes hablan de alergia al frío es la llamada urticaria a frigore, o urticaria por frío. Es una urticaria que se desencadena como consecuencia de la exposición al frío : puede ocurrir por contacto o inmersión en agua fría, o por contacto con objetos sólidos con muy baja temperatura, o por ingerir bebidas o alimentos fríos, o por una bajada importante de la temperatura ambiental, especialmente si se acompaña de viento, … Aunque las manifestaciones cutáneas pueden aparecer directamente durante la exposición al frío, es todavía más frecuente que se inicien unos minutos después de haber cesado éste, durante el periodo de recalentamiento de la piel.

En algunos casos, los síntomas de la piel (auténticos habones, manchas rojas en la piel, sobreelevadas por encima del plano de la misma, con formas y tamaños variados, generalmente más claras en su centro y más coloridas en los bordes, con intenso picor) se acompañan de manifestaciones propias de otros órganos o aparatos, como mareos, bajada de tensión, pérdida de conocimiento, … El cuadro recibe el nombre, entonces, de anafilaxia por frío.

Tanto la urticaria a frigore como la anfilaxia por frío pueden aparecer referidas, en distintas fuentes, como «alergia al frío«. No son, en sentido estricto, verdaderas alergias, pero se parecen tanto en sus manifestaciones, y hasta es posible que en su génesis se impliquen elementos o mecanismos que también se activan en las reacciones alérgicas, que incluso los tratamientos farmacológicos, cuando proceden, tienen mucho en común con los que se emplean en las reacciones verdaderamente alérgicas.

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