Si hay alergia a alimentos en casa, cuidado con lo que comen las mascotas

Una vez que se ha diagnosticado una alergia, el sentido común debe imperar a la hora de evitar el contacto con el alérgeno que causa problemas: evitar (o, si eso no resulta posible, minimizar) el contacto con el alérgeno responsable es una de las principales medidas a adoptar para encontrarse libre de síntomas, o, al menos, conseguir el mejor control posible de los mismos. Hay, por supuesto, alérgenos que son más fáciles de evitar (como los alimentos fácilmente identificables, aunque a veces privarse de ellos implique un sacrificio importante), y otros que, transportados por el aire e invisibles debido a su tamaño microscópico (como es el caso de los pólenes), no siempre pueden ser evitados.

Pero puede ocurrir que, si una persona alérgica a algún alimento se priva del mismo, el hecho de que su mascota lo coma podría tener consecuencias indeseables: si la saliva del animal, con restos del alimento que causa problemas, entra en contacto con las mucosas de la persona alérgica, podría desencadenarse una reacción alérgica de gravedad variable.

Este riesgo es mayor cuando la mascota es un perro, pues son propensos a manifestar efusivamente su afecto mediante lametones en cualquier parte del cuerpo de su dueño, como la cara: incluso en los labios o los ojos si los alcanzan. A quien nunca haya tenido un perro, probablemente esta situación le parecerá escasamente probable, pues entenderá que esa forma de contacto debería resultar fácilmente evitable; pero quienes conviven con alguno en casa saben que, con la mejor de las voluntades, el animal puede aprovechar cualquier descuido para obsequiar a su dueño con un lametón: incluso disfrutan despertando a las personas de la casa de esa forma, si tienen (ya sea de forma habitual o ya sea por un descuido) acceso al dormitorio.

Se han constatado, incluso, reacciones anafilácticas (de gravedad, por tanto) producidas por este mecanismo.  Y el riesgo es mucho mayor cuando la persona alérgica es un niño, pues éste puede no ser consciente del riesgo o, incluso, en caso de serlo, puede no ser siempre capaz de mantenerse fuera del alcance de su mascota.

Es importante, entonces, saber que, si alguien en casa está haciendo el sacrificio de privarse de un alimento por saberse alérgico al mismo, ello puede ser motivo más que suficiente para que la mascota (especialmente si hablamos de un perro, aunque también hay que tener precauciones con los gatos) se prive igualmente: al menos, mientras exista posibilidad de que la saliva del animal entre en contacto accidentalmente con la persona alérgica, riesgo que es, lógicamente, mucho mayor en el caso de los niños.

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Semana Mundial de la Alergia: la anafilaxia

 

Esta semana que va del 7 al 13 de abril de 2014 se celebra la Semana Mundial de la Alergia (World Allergy Week), centrada en la anafilaxia, bajo un lema impactante: “Cuando las alergias pueden ser graves y fatales”.

Semana de la Alergias

La anafilaxia es una reacción alérgica grave, de instauración brusca, y que puede poner en peligro la vida. Se trata de la manifestación más grave que existe de una enfermedad alérgica. Sus características son las siguientes:

1. Se trata de una reacción alérgica que, a diferencia de los casos en que únicamente se implica un órgano u aparato (la piel en el caso de la urticaria, la nariz en el caso de la rinitis, …), afecta a todo el organismo (por ese motivo, recibe el nombre de reacción sistémica), pudiendo dar lugar a síntomas variados en los distintos órganos o aparatos.

2. Es una reacción de presentación rápida, aparece en un periodo de tiempo inmediato al contacto con la sustancia que la produce: pocos minutos, característicamente no más allá de 30 minutos, aunque en algunos casos su presentación puede ser más tardía.

3. Como hemos dicho, puede ser muy grave, hasta el punto de poner en riesgo la vida. Por lo general, la mayor gravedad del cuadro se relaciona con la afectación del aparato respiratorio (con dificultad para respirar y asfixia) y del sistema cardiovascular (con caída de la tensión arterial y pérdida de conocimiento, lo cual recibe el nombre de shock anafiláctico o choque anafiláctico). Las manifestaciones cutáneas, por su parte, generalmente con enrojecimiento, hinchazón o sobreelevación en forma de habones (típicos de la urticaria) y prurito (picor intenso), siendo las más frecuentes, no revisten, en sí mismas, tanta gravedad.

La anafilaxia o reacción anafiláctica constituye, por lo dicho, una urgencia médica y precisa una atención rápida y adecuada. Lógicamente, una vez tratado y resuelto el episodio de urgencia, el paciente debe ser derivado a un alergólogo para concretar la causa, seguir el tratamiento correspondiente y aprender cómo evitar nuevos episodios.

Las causas más frecuentes de anafilaxia son los medicamentos, los alimentos y las picaduras de insectos himenópteros (fundamentalmente abejas y avispas). En los adultos, la causa más frecuente son los fármacos, entre los cuales destacan antibióticos como las penicilinas y sus derivados (que reciben el nombre de beta-lactámicos). El segundo lugar lo ocupan los alimentos, que son la causa más frecuente en niños (huevo, leche, frutos secos, determinadas frutas como el melocotón, pescado y mariscos son los alimentos que con más frecuencia causan alergia). Otras posibles causas de anafilaxia (como el látex, presente en productos de goma, o el anisakis, un parásito del pescado) son menos frecuentes, si bien no por ello menos graves cuando dan lugar al cuadro tras entrar en contacto con personas alérgicas.

Se estima que, en conjunto, la anafilaxia afecta a entre 3 y 30 individuos de cada 100.000 personas cada año, y que, una vez presentada, de un 0,05 % a un 2 % de casos podrían resultar mortales. No obstante, una gran mayoría de estos cuadros podrían evitarse cuando un buen diagnóstico permite al paciente conocer su alergia y actuar en consecuencia.

La educación del paciente y de su entorno es fundamental para conseguir una adecuada prevención. Los pacientes deben ser debidamente informados de las sustancias que le provocan alergia, cuál debe ser la conducta adecuada para evitarla y cómo deben actuar si, a pesar de todo, aparecen los síntomas.

El tratamiento de la anafilaxia requiere una serie de medidas que implican valoración y una actuación lo más precoz posible por personal médico, pero existe una medida que el propio enfermo puede poner en práctica en cuanto nota la presentación del cuadro: la administración de adrenalina.

Existen dispositivos de adrenalina autoinyectable comercializados en España, que permiten que el paciente se la aplique en caso de presentar una reacción anafiláctica. Son instrumentos con aspecto similar a bolígrafos, de fácil utilización, con dosificaciones diferentes para que puedan utilizarse tanto en adultos como en niños, y que administran una dosis de adrenalina adecuada por vía intramuscular. Se prescriben a personas que tienen un riesgo importante de padecer anafilaxia (generalmente cuando se conoce una alergia que podría dar lugar a ella, y no existe certeza de poder evitar el contacto con la sustancia responsable), debiendo el paciente llevarla consigo y saber cuándo y cómo utilizarla.

La Semana Mundial de la Alergia está promovida por The World Allergy Organization (WAO), que es una organización internacional fundada en 1951, formada por un total de 92 Sociedades Científicas de Alergología e Inmunología Clínica, de ambito nacional (entre ellas está la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica), regional o incluso supranacional (como la European Academy of Allergy and Clinical Immunology), y entre cuyas diversas funciones está la de organizar campañas educativas o de divulgación orientadas a concienciar a la población general sobre diversos aspectos relacionados con las enfermedades alérgicas.