Si una madre alérgica necesita tratamiento, ¿debe renunciar a dar el pecho?

Si una madre alérgica necesita tratamiento farmacológico, no por ello debe renunciar a dar el pecho a su hijo, si ese es su deseo. Ni es necesario, ni está justificado, abandonar la lactancia por esta causa.

Dentro de los medicamentos que suelen emplearse para tratar las afecciones alérgicas (como los antihistamínicos), existen alternativas perfectamente compatibles con la lactancia y que no entrañan riesgo para el bebé lactante. Lo mismo puede decirse respecto al tratamiento del asma bronquial. Por supuesto, la madre lactante jamás debe automedicarse, ni cambiar por su cuenta el tratamiento que tenga prescrito, pero su médico de atención primaria, su alergólogo o el pediatra de su hijo podrán ayudarle en la búsqueda de alternativas eficaces e inocuas.

Existe una página web, diseñada y ofrecida como recurso por APILAM (Association for Promotion and Cultural and Scientific Research of Breastfeeding: Asociación para la Promoción y la Investigación Científica y Cultural de la Lactancia), que permite identificar el riesgo asociado a cada medicamento: e-lactancia.org. Simplemente introduciendo el nombre del medicamento en su buscador, nos mostrará cómo está clasificado en función de su riesgo en la lactancia  (tiene una versión en español y otra en inglés: asegúrate de que estás utilizando la correcta, o el buscador no identificará el nombre del fármaco que te interesa). Existen antihistamínicos, como la cetirizina, por ejemplo, con un riesgo de nivel 0 (es decir, un riesgo muy bajo, compatible con la lactancia). Lo mismo ocurre con algunos de los medicamentos inhalados que se utilizan para el tratamiento del asma, ya sean corticoides como la budesonida o broncodilatadores como la terbutalina o el salbutamol, pues los niveles que alcanzan en la leche materna son muy bajos o insignificantes.

Insistimos, no obstante, en que no brindamos el recurso para propiciar la automedicación, sino simplemente para que pueda constatarse que existen alternativas: es fundamental que la madre alérgica que está dando el pecho o desea hacerlo confíe en su médico para que le ayude a elegir el tratamiento que cubra sus necesidades y resulte al mismo tiempo seguro tanto para ella misma como para su hijo.

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¿Puede transmitirse al hijo lactante la alergia materna a través de la leche?

Ya hemos comentado previamente que la alergia no es una enfermedad contagiosa.

Sin embargo, también sabemos que la leche materna contiene inmunoglobulinas de la madre. Puesto que el mecanismo de muchas de las reacciones alérgicas, con carácter general, implica una participación importante de la IgE, ¿podría la IgE producida por la madre transmitirse al hijo y actuar en él, dando lugar a una reacción alérgica?

En la leche materna se han encontrado todas las clases de inmunoglobulinas, que son 5: IgG, IgA, IgM, IgD e IgE. La mayor concentración de inmunoglobulinas se encuentra en el calostro (el calostro es el líquido secretado por las glándulas mamarias al final del embarazo y durante los primeros días tras el parto, y precede a la leche definitiva), al igual que ocurre en otras especies. A medida que transcurre el tiempo de lactancia, la composición de la leche va variando, y precisamente su concentración de inmunoglobulinas va disminuyendo.

La presencia de inmunoglobulinas en la leche materna es fundamental para garantizar la función inmunológica de ésta, pues precisamente este aporte de inmunoglobulinas tiene lugar en una época en que el bebé aún no es capaz de producirlas por sí solo en la cantidad óptima. De todas ellas, la que ejerce una función más importante en esta época es la IgA, la cual, además, es la que está presente en la leche materna en mayor concentración (puede suponer el 90 % de todas las inmunoglobulinas presentes en el calostro y en la leche). Pero no es sólo su concentración lo que determina su importancia, sino el papel biológico que desempeña.

La IgA es resistente a las enzimas proteolíticas y al pH bajo. Esto implica que esta inmunoglobulina, a diferencia de otras proteínas, se mantiene estable y activa en el tubo digestivo a pesar de los jugos digestivos y del ácido del estómago (se ha comprobado que hasta el 88% de la IgA ingerida puede ser recuperada en las heces del lactante). La IgA presente en el tubo digestivo aglutina a los gérmenes y a las toxinas (sustancias tóxicas producidas por los seres vivos), así como a otras moléculas que podría resultar perjudiciales, las neutraliza, y evita de esa forma que puedan penetrar en la pared del tubo digestivo y acceder a la sangre del bebé. La protección que el lactante recibe a través de la leche materna es considerable, especialmente en estas primeras semanas, y va siendo menor a medida que el bebé es capaz de desarrollar sus propios mecanismos de defensa.

¿Y qué pasa con la IgE?

Para que tenga lugar una reacción alérgica, la IgE debe producir la salida al exterior de sustancias procedentes de determinadas células de la sangre, fundamentalmente mastocitos y basófilos, en cuya superficie la propia IgE se encuentra adherida. Esa salida de sustancias recibe el nombre de desgranulación (porque, al liberarlas, las células mencionadas se desprenden de gránulos que llevan en su interior), y tales sustancias favorecen la inflamación (son «mediadores de la inflamación»). La IgE ingerida a partir de la leche materna (en cantidades, por cierto, muy inferiores a la IgA) no puede desencadenar estos procesos si se encuentra libre (en forma «soluble») en el interior del tubo digestivo. Incluso si encontrara células de este tipo a las que adherirse (la propia leche materna contiene algunas), la liberación de mediadores de la inflamación en tan escasa cantidad en el interior del tubo digestivo se diluiría en el interior del mismo sin ningún tipo de relevancia clínica.

La IgE tiene un peso molecular de aproximadamente 196.000 Daltons. En condiciones normales, la absorción intestinal de proteínas intactas ocurre de forma muy escasa y nutricionalmente irrelevante (pues precisamente los procesos digestivos tienen entre sus funciones la de descomponer las proteínas en elementos más pequeños). Se ha constatado, sin embargo, que algunas proteínas pueden absorberse en cantidades suficientes como para producir una reacción inmunológica (muchas reacciones alérgicas frente a proteínas de la dieta pueden explicarse de esta forma). Sin embargo, en un tubo digestivo sano, no es habitual el paso de proteínas de tamaño tan considerable: dentro de las inmunoglobulinas, es fundamentalmente de la IgG (precisamente la más pequeña de las inmunoglobulinas, con un peso molecular en torno a 150.000 Daltons) de la que se ha constatado, pero la IgE tiene un tamaño significativamente mayor (y si se absorbiera una vez fragmentada por acción de las enzimas digestivas, ya no tendría capacidad para ejercer su función como tal inmunoglobulina).

La respuesta, entonces, a la pregunta del título, es negativa.

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