Se inicia la Semana Mundial de la Alergia con la urticaria como protagonista

Este año, la Organización Mundial de la Alergia (WAO, por sus siglas en inglés: World Allergy Organization) ha elegido como eslogan de la Semana Mundial de la Alergia (que se celebra precisamente esta semana, del 2 al 8 de abril) el siguiente: “The Agony of Hives – What to do when welts and swelling do not go away“. Es decir: “La Agonía de las Ronchas – Qué hacer cuando los habones y la hinchazón no se van“.

Y es que la Urticaria crónica es el foco de la Semana Mundial de la Alergia de este año 2017.

La urticaria crónica se define como urticaria episódica o diaria que dura al menos seis semanas y que perjudica la calidad de vida. Es frecuente que el padecimiento se prolongue varios años.

La urticaria es una enfermedad muy frecuente. Se estima que casi un 20 % de las personas tendrán urticaria o angioedema (o ambos) en algún momento de su vida. Según la duración de los síntomas la urticaria se clasifica en aguda (cuando dura menos de 6 semanas: esta forma es mucho más frecuente) y crónica (cuando se prolonga por más tiempo).

Es muy habitual que quienes padecen urticaria crónica tengan síntomas intermitentes o recurrentes, existiendo en tales casos también períodos sin síntomas. La urticarias crónicas pueden presentarse como espontáneas o bien ser inducibles: es decir, relacionadas con algún  factor desencadenante determinado (entre ellas, las urticarias físicas, por frío, presión, vibraciones, …).

En el caso de las urticarias inducibles, generalmente basta con evitar o eliminar el factor causal para obtener la remisión de los síntomas: el problema es que no siempre resulta fácil evitar dicho factor. En las urticarias crónicas espontáneas, sin embargo, tanto el diagnóstico como el tratamiento para controlar los síntomas suelen ser complejos.

El impacto de esta enfermedad en la calidad de vida del enfermo, y los costos que condicionan las urticarias crónicas, son muy altos. Por ejemplo, el 73 % de los pacientes con urticaria crónica ve afectada su actividad social ante los síntomas de la enfermedad y uno de cada cuatro falta al trabajo casi una vez al mes, según información proporcionada por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) con ocasión de la celebración de esta Semana Mundial de la Alergia.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de… marcha atópica o marcha alérgica?

La alergia es una enfermedad sistémica (es decir, que afecta a todo el organismo) para la que existe una predisposición de tipo genético. Puesto que se trata de un trastorno en el que está implicado el sistema inmunitario, el cuerpo entero puede verse afectado.

En la práctica, las manifestaciones se presentan más frecuentemente en un órgano u aparato concreto, por lo general muy relacionado con la vía por la cual el alérgeno ha accedido al organismo.

Y no son raras las sensibilizaciones múltiples (cuando una persona es alérgica, tiene más tendencia a desarrollar sensibilizaciones a distintos alérgenos, con manifestaciones en diversos órganos).

Llamamos atopia a la predisposición de base genética para la formación de IgE específica para alérgenos diversos. O, dicho de otra forma, la predisposición genética para sensibilizarse y padecer alergia a diferentes sustancias. Frecuentemente, a lo largo de la vida de las personas que padecen esta condición, ocurre que los alérgenos frente a los cuales existe sensibilización van aumentando, y las manifestaciones pueden aparecer en nuevos órganos o aparatos.

En consonancia con lo anterior, llamamos marcha atópica, o marcha alérgica, al proceso por el cual en los primeros años de vida de un mismo sujeto con atopia, existe una progresión en los órganos y aparatos afectados por los síntomas, o, dicho de otra forma, la sintomatología mediante la cual se manifiesta su enfermedad alérgica se va haciendo más amplia y variada con el tiempo. Generalmente los primeros síntomas son cutáneos, con la presencia de una dermatitis atópica, y posteriormente aparece alergia respiratoria, que se manifiesta con una rinoconjuntivitis (inicialmente) y posteriormente con síntomas de asma. En la historia natural de la enfermedad alérgica, la progresión desde un cuadro inicial, en las primeras etapas de la vida, de dermatitis atópica a un cuadro de alergia respiratoria con rinoconjuntivitis y, después, asma, es la evolución característica de este fenómeno, y recibe el nombre de marcha atópica o marcha alérgica. No es raro que también se intercalen síntomas gastrointestinales como manifestación de una alergia alimentaria.

Afortunadamente, existe un tratamiento específico (la inmunoterapia con alérgenos o «vacuna» de la alergia) capaz de interrumpir esta tendencia.

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