El alérgeno del mes: El látex

Recién disfrutada la festividad de los Reyes Magos, es altamente probable que, en las casas en las que haya niños, algunos de los juguetes recibidos como regalo contengan en su composición alguna pieza de goma o de caucho. Por ese motivo, hemos decidido iniciar una subsección de este blog, a la que vamos a llamar «El alérgeno del mes«, hablando del látex.

Concepto.

Con carácter general, látex es el nombre que recibe la savia de algunas especies vegetales, que circula por conductos (los cuales reciben, por ello, el nombre de vasos laticíferos) y de la cual las células de la planta toman las sustancias que necesitan para su nutrición. Por su parte, el caucho natural es un producto de origen vegetal que, aunque puede obtenerse de la savia lechosa de diversas especies vegetales, en la práctica deriva, de forma prácticamente exclusiva, del árbol del caucho, Hevea brasiliensis, una planta originaria de Brasil: por ello, con carácter general se identifica el caucho natural con el látex de la Hevea. Su procesamiento industrial es variable dependiendo del objetivo perseguido, e incluye la adición de productos químicos de carácter diverso. Finalizado el proceso de elaboración, el látex llega al consumidor formando parte de la composición de una enorme variedad de productos habituales en la vida cotidiana de las sociedades desarrolladas, muchos de los cuales entrarán en contacto directo con la piel o mucosas (guantes, juguetes, globos, preservativos, …), o incluso, como es el caso de muchos productos sanitarios de empleo sistemático en las actividades de cuidado de la salud, con el interior del organismo o de cavidades naturales: sondas, catéteres, tubos para drenaje, etc.

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 Epidemiología.

La alergia al látex ha llegado a reconocerse como un problema internacional de salud pública. La prevalencia de sensibilización al látex en la población general es menor del 1 %, pero existen diversos grupos de riesgo con una prevalencia significativamente mucho mayor, entre los cuales se encuentran las personas con historia de múltiples intervenciones quirúrgicas o técnicas médicas invasivas, como son los niños con espina bífida y anormalidades urogenitales. Otros grupos de riesgo elevado incluyen a los trabajadores sanitarios y a los trabajadores de la propia industria del caucho. Probablemente, en todas estas personas, la exposición reiterada y frecuente al caucho o a sus productos juegue un papel importante en el proceso de sensibilización. Concretamente, en el caso de los trabajadores sanitarios, se ha podido constatar que su riesgo de padecer alergia al látex resulta proporcional a su grado de exposición: es decir, a mayor exposición, mayor riesgo de hacerse alérgico (en este grupo profesional, algunos estudios han encontrado cifras de prevalencia incluso mayores del 20 %).

No obstante, el grupo con mayor prevalencia de alergia al látex lo constituyen los niños con espina bífida (¡más del 50 % según algunos estudios!), y ese hecho se ha demostrado igualmente relacionado con la exposición (en este caso, en las primeras etapas de la vida): en estos pacientes, la exposición de mucosas al látex durante los primeros años de su vida es muy frecuente, ya que necesitan una amplia y variada actividad clínica invasiva, como múltiples intervenciones quirúrgicas o numerosas exploraciones en las que se utilizan sondas u otros instrumentos.

 En este grupo de riesgo, además, diversos estudios han constatado que una constitución atópica parece constituir un claro factor predisponente no sólo de sensibilización, sino de que esa sensibilización se manifieste en forma de alergia sintomática.

También las personas sometidas a múltiples intervenciones quirúrgicas y actuaciones sanitarias invasivas por otras causas diferentes de la espina bífida tienen un riesgo elevado de sensibilizarse al látex, si bien no se trata de un riesgo tan elevado como en el caso anterior, lo cual se ha atribuido a que tales exposiciones podrían resultar más sensibilizantes cuando ocurren en las primeras etapas de la vida.

También se ha visto que existe una relación de la alergia al látex con alergia a determinados alimentos de origen vegetal, entre los que están el plátano, el aguacate, la castaña, el kiwi y otros.

 Clínica.

Hasta la fecha, se han identificado 14 proteínas diferentes que son relevantes en relación con la sensibilización al látex o el caucho. Además de sus alérgenos naturales, durante el proceso de elaboración de los productos derivados se le añaden sustancias que aportan otros alérgenos diversos que también pueden dar problemas clínicos. Todos ellos se nombran añadiendo un número arábigo (del 1 al 14) a la abreviatura Hev b (Hev b 1, Hev b 2, Hev b 3, …).

Se han descrito dos mecanismos diferentes para explicar las reacciones alérgicas al látex o a sus aditivos. Por un lado, puede existir una reacción mediada por IgE; por otro lado, puede existir una reacción de otro tipo, desencadenada por otro mecanismo en el que se implican de forma predominante linfocitos de tipo T (las llamamos reacciones «mediadas por células T»).

Las reacciones mediadas por IgE, también conocidas como de hipersensibilidad inmediata, son las más frecuentes, y suelen ser predominantemente reacciones frente a la proteína del látex natural, que permanece inalterada tras el proceso de manufacturación del caucho. Estas proteínas alergénicas presentan la peculiaridad de que pueden ser liberadas al aire, y en los hospitales son aerotransportadas junto con los polvos de talco de los guantes: por ello,el látex puede comportarse como un alérgeno inhalatorio. Pero, por otra parte, se han constatado también episodios de anafilaxia como consecuencia del contacto de objetos de látex (sondas, guantes, …) con las mucosas de personas alérgicas: por ejemplo, en el contexto de una intervención quirúrgica o de una técnica exploratoria. Se trata, por supuesto de la manifestación más dramática, y su forma de presentación es la habitual en este tipo de reacciones, pudiendo incluso llevar a la muerte si no se actúa con rapidez.

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Por su parte, las reacciones mediadas por células T (a las cuales también nos referimos como «reacciones de hipersensibilidad retardada») suelen comportarse, en su mecanismo y manifestaciones, como una dermatitis de contacto.

Estamos, entonces, ante una sustancia que puede dar reacciones de relevancia clínica como alérgeno inhalatorio y como alérgeno de contacto, pudiendo, incluso, presentarse (aunque no es lo más frecuente) ambos tipos de reacciones en una misma persona.

 Prevención.

Hablamos de prevención primaria para referirnos a la prevención dirigida a evitar la sensibilización. En la alergia al látex, este tipo de prevención se ha mostrado eficaz en aquellos casos en que el aumento del riesgo deriva de un contacto precoz y reiterado con productos derivados de látex, como es el caso de los niños con espina bífida, o de niños que requieren múltiples intervenciones quirúrgicas por otras causas. En estos casos, la prevención primaria se centra en identificar a las personas con tales riesgos y en evitarles, dentro de lo posible, dicho contacto precoz y reiterado. Durante sus intervenciones quirúrgicas y, en general, durante todo su periodo de hospitalización, se puede utilizar material libre de látex, y en el quirófano también se puede realizar previamente una limpieza a conciencia para evitar restos incluso en forma volátil. Es conveniente también poner cierta atención al entorno familiar y escolar, procurando evitar el empleo de objetos de látex que puedan entrar en contacto habitual con mucosas: chupetes, tetinas, biberones, etc., … y procurar que estos niños no se metan en la boca globos ni chupen juguetes que puedan contener caucho.

 La llamada prevención secundaria, por su parte, implica, una vez que ya se ha producido la sensibilización, el diagnóstico precoz y las medidas necesarias para disminuir o contener las manifestaciones clínicas en la persona sensibilizada.

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¿Puede la plastilina contener gluten?

La plastilina es un material de plástico flexible, dúctil y maleable, compuesto de sales de calcio, vaselina y otros compuestos alifáticos, que puede presentarse con colores diversos.

Se comercializa comúnmente como juguete para los niños, cuya imaginación y habilidades manuales (motricidad fina en las manos) puede estimular, dadas las posibilidades creativas que ofrece. Tales posibilidades son múltiples, como lo demuestra el hecho de que la plastilina se ha utilizado para la creación de figuras y escenarios en el cine de animación en 3 dimensiones (Nick Park, por ejemplo, ganó dos Óscars con sendos cortometrajes de su serie «Wallace y Gromit«), o la existencia de un Museo de Historia (permanente) en la ciudad de Zamora de Hidalgo, Michoacán, México, con el nombre «Tu mundo en plastilina«.

Otro ejemplo, más cercano y accesible geográficamente en estas fechas, es la exposición «Plastihistoria de la Ciencia» en Antequera, una muestra que recoge, a través de 20 dioramas, la representación  de otras tantas escenas de la historia de la ciencia, que son, obviamente, escenas clave de la historia de la humanidad; momentos fundamentales que incluyen descubrimientos o inventos relevantes y a sus descubridores o inventores:  Arquímedes, Pitágoras, Leonado da Vinci o el descubrimiento de la pólvora, entre otros muchos. Lamentablemente, en este caso la exposición, a diferencia del museo mexicano mencionado, no es permanente, pero todavía puede visitarse hasta mañana día 6 de enero, en el centro cultural Santa Clara de Antequera:

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Y precisamente porque mañana es 6 de enero, no será raro que muchos niños encuentren entre sus regalos algunos juegos de plastilina, por lo que nos ha parecido pertinente traer a colación la posibilidad de que la plastilina contenga gluten. ¿Qué pasa, en tal caso, si el receptor del regalo padece celiaquía?

Hay, en efecto, algunas marcas de plastilina que contienen gluten (si bien en cantidades muy pequeñas), porque incluyen, en su composición, harina de trigo. En septiembre de 2014, coincidiendo con el inicio del curso escolar, señalamos en este blog varias referencias que permiten conocer la composición de algunos de los útiles escolares, en función de la información proporcionada por las marcas fabricantes, algunas de las cuales también ofrecen plastilina. Puede resultar útil saber, por ejemplo, que (siempre según esa información proporcionada por el fabricante) la plastilina Alpino o la de la marca Pelikan no incluyen gluten.

No obstante, si el regalo ya está en casa (bien es sabido que los Reyes Magos, a pesar de ser magos, a veces pueden descuidar este tipo de detalles, especialmente cuando la carta la ha escrito alguna persona ajena a la familia  nuclear del niño), es importante, también, tener en cuenta que el gluten no atraviesa la piel. Por ello, el niño que ya tiene edad para jugar con plastilina (aunque a partir de los 18 meses de edad el niño ya puede tener curiosidad por moldear la plastilina sin sentir la necesidad imperiosa de llevársela a la boca, los fabricantes no suelen aconsejar el juego para niños menores de 24 meses, muy especialmente sin supervisión) puede ser informado de que el producto es tóxico o peligroso si se chupa o deglute (de hecho, lo es por diversos componentes, y no solamente en caso de niños celíacos por la posible presencia de gluten); que, por tanto, no debe, bajo ningún pretexto, comerla, y que debe recogerla meticulosamente y lavarse las manos con esmero, incluyendo los restos que puedan quedar bajo las uñas, cuando termine de jugar con ella (una información que, por otra parte, una vez asimilada, le vendrá muy bien si en el colegio o la guardería se le brinda la posibilidad de jugar con estos productos).

También es importante recordar que no hay ninguna prueba de que el gluten dañe las vellosidades intestinales si se inhala por vía respiratoria, por lo que tampoco esa eventualidad debería preocupar a los padres. Así que, ya véis: éste no es motivo para perderse la exposición «Plastihistoria de la Ciencia» de la que hablamos arriba.