Mishka tiene asma, usa inhaladores… y es una nutria.

Los responsables del Acuario de Seattle (Estados Unidos) están convencidos de haber diagnosticado el primer caso conocido de asma en una nutria marina.

La veterinaria del acuario, la Dra. Lesanna Lahner, diagnosticó el problema a partir de un cuadro de dificultad respiratoria que Mishka, la nutria, presentó cuando la atmósfera de Seattle estaba contaminada por el humo de incendios forestales cercanos.

Es obvio que no resultaría realista esperar la colaboración del animal para llevar a cabo pruebas como una espirometría, que resulta de gran utilidad en el diagnóstico y seguimiento de esta enfermedad en el ser humano, pero los síntomas clínicos, junto a la imagen de la radiografía del tórax de la nutria, y su respuesta al tratamiento, refuerzan la hipótesis de que su padecimiento es un asma bronquial con características similares a la que padecen las personas. De hecho, el tratamiento farmacológico que está recibiendo Mishka es similar al que se emplea para tratar a las personas asmáticas. Y, aunque esta nutria marina sólo tiene un año de edad, esta aprendiendo a usar inhaladores.

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Sara Perry, la entrenadora de Mishka, usa alimento como incentivo para enseñar a la nutria a colocar su nariz en el inhalador e inspirar profundamente. Y, de momento, está dando resultado. Al igual que ocurre en las personas, no es descartable que Mishka haya desarrollado una enfermedad crónica cuya evolución esté condicionada a la correcta utilización de sus inhaladores a largo plazo… o, quizás, incluso, de por vida.

El caso de Mishka ha sido aprovechado por el Dr. Peter Rabinowitz, profesor de la Universidad de Washington, para recordarnos el concepto de «Una Salud» («One Health«), una propuesta que defiende la necesidad de tomar conciencia colectiva de la relación existente entre la salud de los animales y la salud de los seres humanos que tienen alguna relación (aún cuando sea de mera proximidad) con ellos. Las llamadas antropozoonosis (enfermedades infecciosas de los animales que también pueden afectar a los seres humanos) son un ejemplo de ello. Pero la interacción entre personas y animales puede tener consecuencias muy diversas (como las alergias: ayer mismo destacábamos cómo incluso la alimentación que se proporciona a las mascotas puede condicionar enfermedades en los seres humanos). Y, a veces, los animales pueden comportarse como «centinelas», y avisarnos precozmente sobre cambios o circunstancias ambientales que, en caso de no tomarse medidas al respecto, podrían terminar afectando nuestra propia salud. Así podría interpretarse el caso de Mishka, cuyas vías respiratorias han reaccionado frente a un factor nocivo (el humo de los incendios) que, dependiendo de la intensidad de la afectación, puede resultar también perjudicial para nuestras propias vías respiratorias.

Si quieres ver a Mishka usando su inhalador, pulsa sobre la imagen:

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Tener un reptil como mascota, ¿podría favorecer la sensibilización frente a insectos?

Tener un reptil como mascota no es tan habitual como tener un mamífero o un ave… pero tampoco puede decirse que sea una tendencia en declive. El número de hogares europeos y norteamericanos en los que hay un reptil como mascota se ha duplicado (como mínimo) en la última década. Algunas veces, la compra de un reptil se ve incentivada precisamente por el intento de evitar mamíferos potencialmente alergénicos, como perros o gatos. Pero se ha comprobado que la tenencia de reptiles podría favorecer la sensibilización frente a algunos insectos.

Camaleones, tortugas o iguanas, entre otros, son algunos de los reptiles más populares como mascotas… aunque también hay otros menos habituales o más exóticos, como algunos lagartos… o incluso caimanes o serpientes. Obviamente, no cabe esperar de ellos el cariño o la fidelidad que podría brindar un perro (ya que no son especies idóneas para ser domesticadas)… pero no suele ser eso lo que sus dueños esperan de ellos.

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Alimentar a algunos de estos animales requiere proporcionarles insectos (grillos, escarabajos, saltamontes, …) o fragmentos de ellos, que incluso pueden adquirirse en las tiendas de animales expresamente preparados para este menester.

Concretamente, los saltamontes son fuente de alérgenos que pueden ser transportados por el aire y se comportan como fuertes sensibilizantes en el ser humano. La utilización frecuente de estos productos para alimentar a la mascota puede representar una exposición continuada o reiterada que condicione que algún miembro de la familia se sensibilice y se haga alérgico a los saltamontes u otros insectos. Antes, este tipo de alergia a insectos que no suelen encontrarse en el ambiente doméstico de las ciudades solía verse de forma prácticamente exclusiva como alergia ocupacional en personas que trabajaban con insectos (por ejemplo, cuidadores de reptiles en zoológicos). Ahora, sin embargo, se están detectando en personas (y más frecuentemente en los más pequeños de la familia) que tienen un reptil dentro de casa, como mascota. En familias que, a veces, han optado por el reptil precisamente pensando que producen menos alergias.

Algunos lo llamarían salir de la sartén para caer al fuego.

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