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La Farmacia española se une a campaña europea de información sobre alergia y anafilaxia

Como profesionales sanitarios que son, los farmacéuticos pueden jugar un papel importante en el ámbito de la educación sanitaria de la población.  De hecho, ellos suelen reivindicar su posición privilegiada, por su contacto directo con los pacientes, para orientar y asesorar en materia de medicamentos.

La Ley que regula las competencias de las profesiones sanitarias, en la actualidad, es la llamada Ley de ordenación de las profesiones sanitarias, que data de 2003. En el caso concreto de los farmacéuticos, les atribuye como funciones «las actividades dirigidas a la producción, conservación y dispensación de los medicamentos, así como la colaboración en los procesos analíticos, farmacoterapéuticos y de vigilancia de la salud pública». Aún cuando no se hace referencia expresa a la orientación y asesoramiento de la población en materia de medicamentos, puede entenderse que una y otro son parte de los procesos farmacoterapéuticos, pues lógicamente repercutirán sobre el consumo que la población haga de los medicamentos prescritos y sobre su adherencia a los tratamientos.

Las farmacias españolas, a través de la Agrupación Farmacéutica Europea (PGEU), se suman desde hoy mismo a la campaña europea de sensibilización sobre anafilaxia  y alergias alimentarias, promovida por la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI), y de la cual ya hemos hablado previamente en este blog (en noviembre de 2014, la campaña priorizaba el asma alérgica, pero ya se anunciaba que durante 2015 se centraría en otros aspectos, como la alergia a los alimentos y la anafilaxia).

El objetivo de esta iniciativa –desarrollada por el Consejo General de Farmacéuticos con implicación de su Vocalía Nacional de Alimentación– es promover la educación sanitaria y avanzar en la prevención desde las farmacias, ante la progresiva incidencia que se está produciendo en toda Europa, tanto de anafilaxia como de alergias alimentarias. Con este fin las farmacias dispondrán de material gráfico y los farmacéuticos ofrecerán consejos sobre prevención y tratamiento. El material gráfico referido puede verse en Portalfarma, la página web de la Organización Farmacéutica Colegial, a la que puede accederse pulsando sobre cualquiera de los dos carteles que aquí reproducimos:

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Nos parece una idea excelente que los farmacéuticos se impliquen en ayudar a la concienciación de la población sobre la importancia de las alergias alimentarias y la anafilaxia. Cualquier contribución en este sentido es siempre bienvenida.

Leídos los documentos que se van a distribuir a las farmacias, podría preocuparnos, no obstante, el consejo que se repite sistemáticamente en todos ellos, resaltado con letra grande en un marco, para constituirse en el mensaje clave a transmitir, y que, textualmente, dice:

«Si tienes alergia, por favor consulta con tu médico o farmacéutico para que te dé la llave que pueda liberarte de tus síntomas».
La literalidad de ese texto podría inducir erróneamente al paciente a pensar que los tratamientos sintomáticos son suficientes para resolver este tipo de problemas. Por el contrario, su abordaje es complejo, muy especialmente cuando hablamos de alergias potencialmente desencadenantes de anafilaxia, y requiere la concreción precisa del alérgeno causante y una serie de medidas encaminadas a lograr la evitación y/o el tratamiento del problema, que van más allá del simple tratamiento sintomático. Si el texto anima a consultar con el farmacéutico, tendrá que ser el farmacéutico quien informe al paciente de las implicaciones (múltiples e importantes) de su problema.
Decíamos, entonces, arriba, que la literalidad del texto, tal como está planteado, podría (en condicional) preocuparnos, si no fuera porque tenemos plena confianza en la profesionalidad de los farmacéuticos.

Una guía sobre manejo de la rinitis alérgica hecha por otorrinolaringólogos americanos

La Academia Americana de Otorrinolaringología-Fundación de Cirugía de Cabeza y Cuello (AAO-HNSF, según las siglas de su nombre en inglés), una asociación profesional de otorrinolaringólogos americanos, ha presentado a inicios de este mes de febrero una Guía Clínica de Manejo de la Rinitis Alérgica.

Las Guías Clínicas son protocolos de actuación, basados en la evidencia científica publicada en la literatura médica, con el objetivo de consensuar criterios entre los profesionales que abordan una determinada patología o que pueden resolver determinado problema de salud.  Las Guías Clínicas elaboradas por expertos siempre son bienvenidas, pues presentan de forma esquematizada, y compendiada, las evidencias que la investigación médica ha puesto de manifiesto sobre la situación o problema que se pretende abordar, y que generalmente están dispersas en las publicaciones científicas. Y nadie duda de que los otorrinolaringólogos son expertos en el manejo de las rinitis, sean éstas de tipo alérgico o no.

Sin embargo, dicho y asumido lo anterior, nos llama la atención al leer el documento (publicado como suplemento en el número de febrero de 2015 de la revista  Otolaryngology–Head and Neck Surgery, y presente en formato electrónico en la página web de la Sociedad) que los aspectos referidos precisamente al carácter alérgico de la enfermedad que se aborda, y las pautas de actuación derivadas de esa condición, no han recibido la atención o la importancia que cualquier alergólogo le habría atribuido.

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Ellos enumeran sus conclusiones en 14 puntos (que Correo Farmacéutico resumía en su edición del pasado 7 de febrero). Con la mayoría de tales conclusiones estamos de acuerdo. Sin embargo, no con todas.

Por ejemplo, entre tales conclusiones se  propone reservar las pruebas de alergia «para pacientes que no respondan al tratamiento empírico, cuando el diagnóstico es incierto o se necesita conocer el alérgeno causante para la terapia dirigida». En realidad, sin embargo, siempre se necesita conocer el alérgeno causante, a no ser que estemos dispuestos a tratar indefinidamente de forma sintomática a nuestro paciente, sin poder aconsejarle sobre las medidas necesarias para evitar o minimizar el contacto con el alérgeno, y sin poder valorar si podría beneficiarse de la inmunoterapia específica (la «vacuna de la alergia»), un tratamiento que se ha mostrado eficaz para modificar la evolución natural de esta enfermedad y evitar, por ejemplo, su progresión a asma bronquial.

Dicen también que «se podría aconsejar evitar los alérgenos conocidos o controlar el ambiente». Ningún alergólogo estaría de acuerdo con ese empleo del verbo poder en forma condicional: la realidad es que, una vez detectado el alérgeno o alérgenos causantes (claro está: para detectarlos hay que investigar al respecto), se DEBE aconsejar evitarlos y controlar el ambiente. La evitación del alérgeno, si resulta posible (y algunas veces lo resulta), es una medida que no debería plantearse como opcional, puesto que sus beneficios potenciales están demostrados.

Llama también la atención que reservan la inmunoterapia para pacientes «que no responden a la terapia farmacológica con o sin control del ambiente». La inmunoterapia, ciertamente, es de utilidad en los pacientes que no responden a la terapia farmacológica, pero debe también valorarse su utilidad como una herramienta terapéutica capaz, como se ha dicho arriba, de evitar la progresión de la enfermedad alérgica respiratoria a asma bronquial.

Y se muestran a favor de la acupuntura como una alternativa posible para  pacientes que estén interesados en la terapia no farmacológica. La acupuntura, realmente, no ha mostrado un efecto mayor que el placebo en el tratamiento de la rinitis alérgica, por lo que valorarla como alternativa, en nuestra opinión, no tiene sentido.

En los párrafos precedentes, entonces, pretendemos manifestar respetuosa pero firmemente nuestro desacuerdo con algunas de las afirmaciones que se hacen en la Guía mencionada, y nuestro desconcierto por su formulación como pautas de actuación que sólo podrían compartirse si ignoramos o minusvaloramos algunas de las evidencias científicas presentes en la literatura médica.