Todas las entradas de: José Luis de la Fuente

Una distinción rigurosa entre información y publicidad es deseable… especialmente en temas de salud.

«A fin de no inducir a error o confusión de los usuarios, el periodista está obligado a realizar una distinción formal y rigurosa entre la información y la publicidad.» Así reza, literalmente, uno de los principios recogidos en el Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. Parece, además, un principio de actuación absolutamente imprescindible para que un medio de comunicación pueda hacerse acreedor de la confianza de sus receptores.

Por ello, nos llamó la atención encontrar un comunicado en la página web de Europa Press titulado «Según un estudio el 41 % de los alérgicos afirman convivir con mascotas«, fechado el 15 de octubre de 2015, en el que la distinción entre información y publicidad no nos pareció tan rigurosa.

Europa Press es una agencia de noticias privada fundada en España en 1957. Tiene su sede central en Madrid, y cuenta con más de 500 profesionales (entre redactores, reporteros, cámaras, …) repartidos entre las delegaciones nacionales y las corresponsalías en diversos puntos del planeta. Europa Press siempre nos ha parecido una agencia de noticias solvente, y gracias a ella hemos accedido a información que gustosamente hemos compartido desde nuestra cuenta de Twitter, @Alergologos.

Pero este comunicado nos resultó desconcertante. El porcentaje mencionado en su titular estaba sacado del estudio Alergológica 2005, un estudio realizado hace una década en 4.500 pacientes que acudieron a consultas de alergología en diferentes ciudades españolas, de los cuales un 26% de los asmáticos convivía con perros, y un 15% con gatos (41 % si sumamos unos y otros); el 20% de ellos estaba sensibilizado a los animales, y esta sensibilización resultó ser la tercera causa de asma alérgica después de los pólenes y los ácaros. Si bien es cierto que, sin citar la fuente, el artículo presentaba estos datos sin sugerir su antigüedad, a continuación se mencionaba otra fuente más reciente (un artículo publicado en La Vanguardia unos meses antes, que ofrecía datos de Fediaf, la Federación Europea que agrupa a la industria de alimentos para mascotas) que proporcionaba porcentajes similares.

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Lo desconcertante era el tratamiento que se daba a cierta marca y modelo de aspiradores, afirmando de forma taxativa, ya desde el primer párrafo, que son la opción recomendada por los expertos (no concreta, claro está, de qué expertos se trata) para realizar la limpieza exhaustiva de la vivienda con el objetivo de (citamos de forma textual) «eliminar cualquier rastro de pelos y bacterias, evitando así el desarrollo de posibles alergias».

Un escrutinio detallado de la página web permite constatar que se trata de un comunicado de Europa Press Comunicación, la división del Grupo Europa Press especializada en «servicios y herramientas de comunicación para empresas». ¿Podemos interpretar, entonces, que se trata de publicidad? Con sede central en Madrid y delegaciones en Barcelona y Sevilla, Europa Press Comunicación refiere que «ofrece servicios de gabinete de prensa y consultoría de comunicación y destaca en el mercado de la comunicación en televisión y de la distribución de comunicados». Como su ventaja competitiva, Europa Press Comunicación destaca que «aporta una visión objetiva e independiente de la comunicación, favorecida por su implicación con la agencia de noticias, de la que aprovecha sus plataformas de distribución de noticias». Caramba. Esa afirmación podría inducir a la confusión de creer que se pueden aprovechar sus plataformas de distribución de noticias para incluir publicidad.

Y la lectura del comunicado al que nos estamos refiriendo no ayuda a corregir esa confusión.

Porque, aunque es aconsejable que en los domicilios de personas alérgicas a ácaros del polvo o a epitelios de animales se realice con frecuencia limpieza con aspiradoras, no hay constancia de que ningún modelo elimine «cualquier rastro de pelos y bacterias, evitando así el desarrollo de posibles alergias». Ni tampoco de que el modelo específicamente referido en el comunicado sea significativamente mejor que otros para este cometido.

Así que, puesto que al final del texto aparece una referencia con un número de teléfono, contactamos con ellos para solicitar la bibliografía de la que se habían extraído las afirmaciones que se hacen. Y se nos remitió a la empresa que vende los aspiradores en cuestión. De lo que deducimos que el comunicado procede, al menos en lo esencial, de la mencionada empresa.

 Y si, posteriormente, encontramos el mismo texto presentado como noticia en otros medios de comunicación (como en la sección de salud de El Digital de Asturias.com), nuestro desconcierto se torna decepción.

Profunda.

 

 

 

 

 

 

 

Los muchos nombres del asma (y una introducción al concepto de «Enfermedad Respiratoria Alérgica»)

Este verano, la Fundación argentina FUNDALER (Fundación para el Estudio del Asma y otras Enfermedades Alérgicas) presentaba en su página web una recopilación de términos y expresiones, recopilados por el Dr. Martín Ruiz, empleados en la lengua española para referirnos al asma: ¡nada menos que 60!

Ciertamente, se recogen expresiones que se emplean en diversos países hispanoparlantes, y no todas ellas se emplean en España, pero sí un buen número de las señaladas. Algunas de ellas son de uso común, si bien rechazadas por los profesionales por inexactas, erróneas o imprecisas; otras son empleadas de forma habitual por los profesionales en el ámbito clínico o académico, y, aunque no todas se refieren exactamente a lo mismo, con frecuencia resulta difícil distinguir si aluden al mismo o diferente síndrome: asma, broncoespasmo de repetición, bronquiolitis recidivante, bronquitis alérgica, bronquitis asmatiforme, bronquitis extrínseca, bronquitis obstructiva, bronquitis sibilante, disnea sibilante, equivalente asmático, hiperreactividad bronquial, tos alérgica, … y así hasta 60. Algunas de ellas son claros eufemismos utilizados para suavizar la noticia del diagnóstico al paciente: «principio de asma», «asma incipiente», «resfriado mal curado», …

Ya hemos destacado en ocasiones previas la importancia de la precisión en el lenguaje científico, y en particular en el lenguaje médico. Precisamente porque en Medicina siempre es necesario saber exactamente de qué estamos hablando, las sociedades científicas y las guías de práctica clínica consensúan definiciones de los distintos síndromes clínicos en pro de la precisión.

En el caso del asma, aceptamos que se trata de una enfermedad respiratoria crónica que se caracteriza por obstrucción de causa inflamatoria, y reversible, de las vías respiratorias bajas (bronquios), lo cual se manifiesta con síntomas como tos, dificultad respiratoria (ahogos), ruidos al respirar (“pitos” o sibilancias) y sensación de opresión en el pecho.

Un editorial en el último número de la revista Lancet (una de las revistas más prestigiosas de Medicina) aborda precisamente la denominación de esta enfermedad, bajo el título «Una nueva identidad para el asma«. Plantea que la última Guía internacional GINA, actualizada de 2015, entiende el asma como una enfermedad heterogénea a la que define como «la historia de síntomas respiratorios tales como sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica que varía en el tiempo y en intensidad, junto con limitación variable al flujo espiratorio». Obviamente, definir una enfermedad por sus síntomas implica que se pueden estar englobando en ese concepto diferentes situaciones clínicas, hasta el punto de que (y es así como lo plantea el editorial de la revista Lancet) el asma quedaría, entonces, conceptualmente, no ya como un diagnóstico final, sino como un «término paraguas» (un cajón de sastre, para que nos entendamos). Para que este nuevo enfoque resulte de utilidad, concluye el texto referidolos especialistas deberían ahora identificar, dentro de este síndrome, a las poblaciones de pacientes con similares fenotipos, genotipos y hallazgos clínicos.

Precisamente de eso se ha hablado también en el Simposio Internacional de Vía Respiratoria Única celebrado la semana pasada en Sevilla en el contexto del Congreso de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (permitidnos que ilustremos esta entrada con el cartel anunciador del mismo, aun cuando ya haya concluido):

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Los alergólogos somos conscientes de que, cuando el asma es de tipo alérgico, con mucha frecuencia se acompaña de síntomas en otros tramos de la vía respiratoria, ya sea desde su inicio o en algún momento de su evolución; y, a la inversa, cuando se diagnostica una rinitis (o una rinoconjuntivitis, o una rinosinusitis) de causa alérgica, hay que estar atentos a la posible aparición de síntomas en las vías respiratorias bajas. La modificación de su evolución gracias al empleo de inmunoterapia específica no se limita a las manifestaciones de una zona de la vía respiratoria, sino que repercute en su conjunto. No tiene sentido, entonces, entender una rinoconjuntivitis alérgica (o una rinosinusitis alérgica) como una enfermedad diferente del asma alérgica: se trata de una misma enfermedad, que puede tener síntomas predominantes en vías respiratorias altas o en vías respiratorias bajas, pero que no por ello debe concebirse (ni abordarse) como si fueran entidades diferentes.

Por ello, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica nos propone hablar de «Enfermedad Respiratoria Alérgica» (ERA), para englobar estos síndromes relacionados entre sí que no pueden entenderse como enfermedades diferentes, sino, en todo caso, como manifestaciones diversas de la misma enfermedad.

Enfermedad Respiratoria Alérgica: otra denominación que se refiere (entre otras cosas) al asma (cuando es alérgica).

Pero no se trata de una denominación caprichosa, ni es un eufemismo, ni es imprecisa.

Es una propuesta razonable.