Todas las entradas de: José Luis de la Fuente

La última generación de lemmings motorizados (Sobre el cambio climático)

Los lemmings son unos roedores que habitan en las tundras, en la taiga y praderas árticas del norte del continente americano, y en algunas regiones de Eurasia. Viven en manadas que, con frecuencia, se ven hipertrofiadas por explosiones demográficas relacionadas con su gran capacidad reproductiva.

Existe el mito de que los lemmings se suicidan en masa arrojándose al mar desde acantilados. Este fenómeno fue incluido en una película documental de 1958 producida por Disney y dirigida por James Algar, titulada «White Wilderness«, que ganó un Oscar en la categoría de mejor documental en 1959, así como un Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín, también en una categoría documental. La popularidad que esta película obtuvo ha fomentado y perpetuado el mito del suicidio de los lemmings, aunque la realidad es que no existen pruebas fehacientes que avalen que los lemmings se suiciden. Incluso existe polémica acerca de si las escenas incluidas en la película, que mostraban a un grupo de lemmings lanzándose al agua, ocurrieron tal como se presentan o, por el contrario, fueron preparadas y provocadas por los cineastas.

El caso es que durante mucho tiempo ha existido la idea de que los lemmings se lanzan de vez en cuando a una loca carrera que, dramáticamente, terminaba en una caída hacia las frías aguas del Ártico cuando el suelo firme desaparecía bajo sus pies, y se ha querido interpretar como un mecanismo de autorregulación de la sobrepoblación de esta especie.

Así lo presentaba el humorista gráfico Mark Parisi en una viñeta de su serie «Off the Mark» titulada «La paternidad en los lemmings«, en la que el padre lemming le dice al hijo : «Sí, Scott… si todos tus amigos se tiran por un barranco, entonces tú también deberías hacerlo».

 lemming-cartoon

Sea cierto o no el mito del suicidio de los lemmings, la idea de los miembros de una misma especie comprometidos en una frenética carrera que termina absurdamente en un suicidio colectivo nos viene, hoy, de perlas, porque queremos hablar del cambio climático.

Ayer lunes se inició la 21ª Conferencia de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, conocida de forma abreviada como la Cumbre de París sobre Cambio Climático. El cambio climático, básicamente consistente en el fenómeno conocido como calentamiento global, causa decenas de miles de muertes cada año, por razones diversas como los cambios de patrones de las enfermedades, la producción de fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor y las inundaciones, así como la degradación de la calidad del aire, del saneamiento y de los abastecimientos de agua y alimentos.

El cambio climático es un fenómeno global sobre cuya existencia y origen no existen dudas desde el punto de vista científico: hay consenso entre los expertos en lo referente a que el cambio es real y a que los humanos somos los culpables del mismo, en gran medida por la contaminación derivada de las actividades industriales y el transporte motorizado. Hay, además, consenso respecto a una gran parte de sus efectos. Hace apenas unos días exponíamos en este blog (en nuestra entrada «El desnorte de la paloma y el otoño que nunca fue«) las consecuencias directas que el fenómeno produce con repercusiones en los patrones de las enfermedades alérgicas: la época de polinización primaveral se está adelantando, aproximadamente a razón de cinco días por década, y los periodos de polinización se están alargando; el propio dióxido de carbono presente en la atmósfera parece aumentar directamente la producción de pólenes en diferentes plantas alergénicas (la época de polinización resulta, por tanto, más agresiva para las personas alérgicas, pues la presencia de polen en el aire es más elevada y más prolongada). Además, los cambios climáticos están condicionando modificaciones en la biosfera; las relaciones competitivas entre especies (de animales o de plantas) de diferentes clases se ven alteradas, y múltiples especies están siendo desplazadas fuera de sus hábitats: como consecuencia de eso, estamos constatando que aumentan también las especies de plantas que pueden generar alergias a los pacientes predispuestos.

Por otra parte, algunos de los fenómenos climáticos extremos que han tenido lugar en los últimos años se relacionan también con el cambio climático, como es el caso de algunas de las olas de calor, que tienen consecuencias importantes en la evolución de muchas personas asmáticas. Además, hay sequías y lluvias (a veces, de intensidad dramática) en épocas del año que no corresponden con los patrones habituales, lo cual puede poner en riesgo la supervivencia de múltiples especies de la biosfera, alterar los sistemas y recursos alimentarios incluso del ser humano, propiciar o intensificar grandes flujos migratorios, …

Los expertos dicen que la nuestra es la última generación con margen de maniobra para evitar que el daño sea irreversible. Pero, al mismo tiempo, se sorprenden por el hecho de que la población general, y sus representantes en las instituciones, no parecen hacerse del todo conscientes de la gravedad del problema, y las actuaciones coordinadas son más escasas o más débiles de lo deseable. Somos, siguiendo con el símil de los lemmings (los lemmings del mito), como una manada de lemmings que nos dirigimos inconscientemente hacia el precipicio… pero, eso sí, subidos en nuestros vehículos motorizados, coches automáticos de alta gama cuya contribución a la contaminación ambiental nos preocupa menos de lo que debería.

Andrés Rábago, ilustrador que firma en El País como El Roto, es uno de los autores que de forma más reiterada y certera nos invita a reflexionar sobre esa paradoja. Éstos son algunos ejemplos de su obra:

 Cambio climatico

cambio climatico - El Roto

El roto1

 

Cambio climatico - El Roto

Diluvio

El Roto

Quizás si nosotros no dejamos de correr hacia ese precipicio, podría no tener ya relevancia alguna hacia dónde corran las generaciones venideras.

Y así nos lo contó Wasserman, dejando que los propios lemmings, paradigmas del suicida inconsciente, se pregunten si deberían avisarnos de hacia dónde estamos yendo:

Wasserman

 

 

 

 

 

 

El Alérgeno del Mes: El Argán como posible alérgeno ocupacional

Es un hecho indiscutible que la prevalencia de las alergias en general está aumentando de forma notoria. Las hipótesis que se esgrimen para explicar este aumento son diversas, y no excluyentes entre sí. Entre las teorías más aceptadas está la que defiende que, puesto que en la sociedad industrial el ser humano entra en contacto directo con un número cada vez mayor de alérgenos (procedentes de las fuentes más diversas, y procesados por intervención del ser humano de formas variadas), la probabilidad de que nuestro sistema inmunológico reaccione de forma anómala contra algunos de ellos también aumenta.

El argán es una planta que crece de forma endémica en zonas semi-desérticas del sudoeste de Marruecos y de Argelia. Su nombre científico es Argania espinosa, única especie del género Argania. Se trata de un árbol que puede crecer hasta los 8 o 10 metros de altura, y es espinoso con el tronco rugoso. Su fruto mide unos 2-4 cm de longitud, y contiene 2 o 3 semillas que son ricas en aceite. La superficie de los bosques de argán ha disminuido mucho en los últimos años, debido a su utilización como combustible, al aprovechamiento de los terrenos para otros cultivos y al pastoreo (las cabras se comen sus hojas, incluso subiendo a sus ramas más altas, como se ve en la fotografía adjunta, de Marco Arcangeli). En 1998, la Unesco declaró Reserva de la Biosfera la zona al suroeste de Marruecos donde crece esta planta.

Goats_on_a_tree,_capre_sull'_albero

En las últimas décadas, su aceite se produce y exporta para su empleo en la industria cosmética. También se utiliza en la alimentación, pero esta utilidad tiene más carácter local: su exportación está más vinculada a su utilidad cosmética, pues se le atribuye un papel facilitador en la regeneración y renovación celular. Tradicionalmente, en Marruecos ya se utilizaba para hidratar y cuidar la piel y el cabello, y en la actualidad forma parte de la composición de productos como jabones, lociones, cremas, etc., que se emplean en diversos países.

Recientemente, este mismo mes de noviembre, la revista Allergy (European Journal of Allergy and Clinical Immunology)  ha publicado un artículo cuyos autores, partiendo de la idea de que el uso extendido del argán y sus derivados podría tener como consecuencia la sensibilización de algunas personas frente al mismo, se plantearon investigar si los trabajadores de una fábrica cosmética expuestos a polvo de argán en su trabajo presentaban alergia al mismo. Estudiaron a todos los trabajadores de forma individual, haciéndoles pruebas de diverso tipo dependiendo de sus síntomas, entre las que estaban pruebas cutáneas, búsqueda de anticuerpos IgE en sangre y prueba de provocación nasal con polvo de argán. Encontraron tres casos de asma ocupacional por sensibilización al polvo de argán, lo cual representaba exactamente la tercera parte del total de nueve trabajadores expuestos. Pudieron identificar 15 proteínas diferentes en el argán frente a las cuales reaccionaban los anticuerpos IgE de los pacientes sensibilizados, y encontraron en laboratorio que algunos de estos anticuerpos podían reaccionar también frente a alérgenos de la nuez de nogal.

Como conclusión de su trabajo, afirman que la exposición de alto nivel al polvo de argán debería considerarse como una causa potencial de alergia mediada por IgE frente a este producto, y que los trabajadores que manejan polvo de argán deberían ser estudiados desde este punto de vista.

En realidad, como hemos afirmado en ocasiones anteriores en este blog, el hecho de que hayan encontrado casos de alergia entre estos trabajadores no necesariamente implica que la causa sea la exposición al polvo de argán (no existen elementos sólidos en el estudio que puedan llevarnos a deducir de forma indubitada una relación de causalidad), pero la hipótesis es plausible, y su conclusión, por tanto, es razonable. De ser así, se trata, como ellos afirman en el título del artículo, de la primera evidencia descrita de la existencia de asma ocupacional en una fábrica de cosméticos por polvo de argán, una sustancia cuyo uso está cada vez más extendido y que, por tanto, debería merecer consideración en los protocolos de evaluación de la salud de estos trabajadores.