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Jugando con las palabras: sobre el género de la palabra «asma».

Aunque, con carácter general, el género gramatical no es una fuente importante de problemas en el idioma español, existen palabras como asma que sí pueden suscitar dudas a ese respecto: generalmente encontramos esa palabra precedida por un artículo masculino («el asma«), pero, por ello, ¿debemos asumir que es un sustantivo masculino? ¿qué género debería llevar, entonces, cualquier adjetivo que la acompañe?

Como señala Fernando A. Navarro en su artículo «Problemas de género gramatical en medicina«, la Real Academia Española, a través de su Diccionario de la Lengua Española, es la institución que despierta más confianza entre los hispanohablantes como referente en cuestiones lingüísticas, pero, respecto al lenguaje especializado de la medicina no está claro que el suyo sea siempre el criterio más fiable. Por suerte, desde 2011 disponemos también de una excelente obra de referencia, el Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina, que cuenta con más de 50.000 entradas y en torno a 27.000 observaciones de utilidad práctica para normalizar el lenguaje médico en todo el mundo de habla hispana.

La palabra «asma» proviene del latín «asthma«, que, a su vez, procedía del término griego «âsthma«, que significaba «jadeo«, y, de acuerdo con el mencionado Diccionario de la Lengua Española, se trata de un sustantivo común de género femenino.

Existe, no obstante, una norma gramatical que determina que, ante los sustantivos femeninos que comienzan con a o ha tónica (es decir, sobre la que recae el acento fonético), como es el caso de asma, el artículo singular  (no así el plural) adopta la forma el o un.

El Diccionario Panhispánico de Dudas de la Real Academia Española explica que esta regla tiene su justificación en un intento de evitar la cacofonía (efecto sonoro que se produce por la cercanía de sonidos o sílabas que tienen igual pronunciación) que tendría lugar si el artículo precedente terminara en la letra a.

Igual ocurre con los indefinidos alguno y ninguno: es correcto «algún asma» o «ningún asma«, mientras que el resto de los adjetivos determinativos debe ir en femenino: «esa asma«, «la otra asma«.

Para que esta norma resulte de aplicación, deben darse, por tanto, tres circunstancias:

– La palabra en cuestión debe ser un sustantivo. No se aplica si se trata de otro tipo de palabra. Se dice, entonces, «el asma«, pero debe decirse «la álgida puntuación«, donde álgida es adjetivo.

– La palabra en cuestión debe empezar, como hemos dicho, por a o ha tónica: no resulta de aplicación cuando la sílaba tónica es otra (por ejemplo, «la alergia«).

– Finalmente, la regla no se aplica si entre el artículo (o el indefinido) y el sustantivo se intercala otra palabra: por ejemplo, lo correcto sería decir «la insufrible asma«.

A pesar de lo anterior, y aunque el artículo pudiera hacer pensar lo contrario, es importante recordar que el sustantivo en cuestión sigue siendo femenino: ello implica que cualquier adjetivo que lo acompañe debe adoptar, de forma concordante, el género femenino: según ésto, lo correcto es decir «el asma alérgica«, «un asma moderada«, o «esta indeseable asma atópica«.

Dicho lo anterior, que para la Real Academia Española es una regla muy clara (si bien, todo sea dicho, no muy conocida), hemos de señalar que el Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina constata que entre médicos la palabra asma se usa también, no obstante, con género masculino, y no rechaza expresiones como «asma alérgico«.

El lenguaje, como los lingüistas no se cansan de recordar, es algo vivo, cambiante. A pesar de esta última concesión de la Real Academia Nacional de Medicina, nosotros secundamos, en ésto, la propuesta de la Real Academia Española, y seguiremos, de momento, usando asma como sustantivo femenino.

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La basura y la alergia.

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Lamentablemente, después de la fiesta, las mañanas de San Juan nuestras playas amanecen sucias.

Quedan, por supuesto, los vestigios de las hogueras, en forma de montañas de cenizas en torno a algunos rescoldos todavía calientes.  Y quedan, especialmente, botellas vacías, vasos de plástico, envoltorios, papeles,  restos de comida embadurnados de arena, … basura, en definitiva: residuos sólidos que desaparecerán, al menos en parte, tras el paso de los trabajadores encargados de mantener las playas limpias, pero cuya presencia en las primeras horas del día nos recuerda, tristemente, que a veces somos exasperantemente descuidados con nuestro entorno.

Los efectos nocivos del acúmulo de basura son múltiples, tanto para el medio ambiente como para la salud del ser humano. Nos centraremos aquí en su potencial como generador de alergias.

La basura acumulada durante algún tiempo (ya sea en los lugares previstos para ello, como los vertederos, o en sitios donde se deposita de forma imprevista) constituye un conjunto heterogéneo de productos y sustancias diversas, a veces sujetas a cambios por efecto de varios elementos: algunas de esas sustancias pueden liberarse al aire de forma volátil (ya sea en su forma original o cuando se descomponen por acción de los microorganismos), y alcanzar las vías respiratorias del ser humano.

Donde se acumula basura tienden a proliferar animales diversos, muy especialmente roedores, como ratas y ratones, e insectos, como cucarachas, moscas o mosquitos. Obviando el potencial de algunos de estos animales como transmisores de enfermedades infecciosas al ser humano, también pueden representar una fuente importante de alergias.  La alergia a la cucaracha, por ejemplo, es más frecuente de lo que se cree. La fuente específica de alergia a la cucaracha está en su propio cuerpo (el esqueleto que lo recubre por fuera), y en secreciones, huevos y materia fecal que van dejando dispersa. Por otra parte, la propia basura, y la presencia en las cercanías de los roedores, puede atraer a mamíferos de mayor envergadura, como gatos y perros vagabundos. Incluso las avispas, cuya picadura se cuenta entre las causas más frecuentes de anafilaxia en adultos, se ven atraídas por la basura.

Y un problema importante relacionado con el acúmulo de residuos sólidos de carácter orgánico, especialmente cuando hay productos de origen vegetal en descomposición, en zonas sombreadas y con humedad, es la proliferación de hongos o mohos: se trata de hongos microscópicos que crecen en colonias, y que se reproducen y propagan en forma de esporas igualmente microscópicas que se diseminan por el aire, de forma similar al polen, y alcanzan también las vías respiratorias del ser humano. Entre los hongos que más frecuentemente causan alergia están los géneros Alternaria, Aspergillus, Cladosporium, Penicillium y Fusarium: las alergias que producen se manifiestan en forma de alergias respiratorias, generalmente como rinitis, conjuntivitis y/o asma bronquial.

No es ninguna broma, la basura. Ni para el medio ambiente, ni para la salud humana. Y para las personas alérgicas, menos todavía.

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