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Viajando con alergias: razones por las que debes llevar tu informe médico contigo.

Si tienes alergia, y viajas en vacaciones, es siempre conveniente que lleves tu informe médico contigo. Las razones son múltiples; de ellas, hemos destacado las siguientes:

1.- La comunicación de médico a médico es casi siempre más precisa y más completa.

Si has leído nuestras dos entradas inmediatamente anteriores, y si con ellas hemos conseguido nuestro objetivo de transmitir la importancia del informe médico, probablemente este punto te parecerá una obviedad. Por bien que hayamos intentado memorizar los términos técnicos, por mucho empeño que pongamos en transmitir verbalmente lo que en su día entendimos, la información que un facultativo puede obtener leyendo el informe redactado por un colega es, casi siempre, más precisa, pues, con una muy alta probabilidad, el informe estará redactado destacando los aspectos más relevantes; y será, también, más completa, pues ninguno de esos aspectos relevantes, si han llegado a conocerse, habrá sido omitido.

Ciertamente, con paciencia y medios, el nuevo médico podría llegar a idénticas o similares conclusiones tras un interrogatorio dirigido y una exploración clínica bien enfocada, especialmente si dispone de las pruebas complementarias necesarias, pero, dejando a un lado la evidente inconveniencia de repetir un estudio ya realizado que sigue siendo válido (no sólo por el coste económico que supone, sino también porque, en medicina, algunas actuaciones pueden ser molestas o incluso entrañar algún riesgo), existe la posibilidad de que, si necesitamos asistencia médica por causa de nuestra alergia durante el viaje, sea en una situación de urgencia que requiera una actuación inmediata. En el mejor de los casos, aunque eso no fuera así, el profesional que nos atienda no estará, como nosotros, de vacaciones, y cualquier consumo innecesario de tiempo que le ahorremos será bienvenido. Recordemos, por lo que sabemos del lenguaje científico, que el informe estará redactado no solamente de forma precisa y clara, sino también concisa: yendo al grano, sin florituras, proporcionara exactamente la información que permitirá al médico que lo lee saber exactamente cuál es el padecimiento del enfermo que tiene delante.

Ésto es importante siempre, pero resulta especialmente relevante cuando se trata de una alergia a medicamentos, pues con la lectura del informe el médico sabrá qué medicamentos puede utilizar y cuáles debe evitar.

2.- No cuentes con que el servicio asistencial del lugar de destino tendrá la información si tú no se la proporcionas.

Dependiendo de tu lugar de residencia, puedes estar más o menos familiarizado con el hecho de que el médico asistencial del servicio público de salud (ya sea tu médico de atención primaria, o un servicio de urgencias, o tu especialista hospitalario) pueda acceder, desde su ordenador, a tu historia clínica digital. No te confíes. Eso no siempre es así.  La historia clínica digital única para todo el territorio nacional es un proyecto que está en la agenda de los responsables políticos desde hace más de una década, pero todavía no es una realidad. Por eso, este punto tiene especial relevancia si vas a viajar fuera de tu comunidad autónoma, pero, incluso cuando tu punto de destino está dentro de la misma comunidad autónoma en la que resides, no puedes contar con ello. No todos los puntos asistenciales tienen acceso, en todo momento, al aplicativo informático que contiene la historia clínica, pero es que, aún cuando lo tuvieran, no podemos descartar que un fallo inoportuno del sistema tecnológico deje al médico desprovisto de esa posibilidad (aunque sea durante unos minutos: si eres alérgico, en tu caso pueden ser decisivos).

3.- Tu informe te facilitará la reposición de tu tratamiento si fuera necesario.

Imagina que durante tu viaje necesitas conseguir tu tratamiento, de forma parcial o en su totalidad. Puedes haberlo llevado contigo, pero no puedes tener certeza de no perder (por cualquier motivo) tus efectos personales: es una eventualidad que debes prever. Si llevas tu tratamiento escrito, el médico o el farmacéutico sabrán exactamente cuáles son los medicamentos que necesitas, en qué dosis y con qué dispositivo de administración, si fuera el caso: incluso dentro de un mismo grupo farmacológico, no todos los medicamentos son iguales, y la elección de uno u otro no es aleatoria.

Imagina, por otra parte, que por cualquier motivo (como una reacción adversa de nueva aparición) te ves en la obligación de cambiar alguno de tus medicamentos habituales mientras estás de viaje. El médico a quien consultes sólo dispondrá de toda la información necesaria para efectuar en cambio en adecuadas condiciones de efectividad y seguridad si puedes proporcionarle el informe en el que figuran las particularidades de tu enfermedad.

4.- Tu informe confiere credibilidad a tu declaración.

Y no queremos decir, con ello, que alguien vaya a dudar de tu sinceridad cuando haces una declaración sobre tu enfermedad alérgica: en condiciones normales, no hay ningún motivo para sospechar que durante tus vacaciones vas a atribuirte una alergia que no tienes, ni que vas a solicitar medicamentos que no necesitas. Pero es que hay medicamentos que no pueden dispensarse si no consta una prescripción médica, y precisamente tu informe deja constancia de que esa prescripción existe.

La constancia de la prescripción suele ser también necesaria si quieres atravesar una frontera entre países llevando contigo determinados medicamentos. No te arriesgues a tener problemas por este motivo por no haber llevado tu informe.

5.- Si vas a un país donde se habla otro idioma, intenta llevar tu informe traducido.

No te olvides de que, generalmente, llevar tu informe contigo no es para que te sirva a ti de recordatorio (obviamente, no lo necesitas), sino para que otros conozcan tu condición, si ello fuera necesario. De nada sirve que, llegado el momento, les proporciones un papel escrito en un idioma que no entienden. Considera, si tienes posibilidad de hacerlo, contratar los servicios de un traductor que te adapte el texto al idioma del país al que vas a viajar.

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¿Qué diferencia hay entre los síntomas y los signos de una enfermedad?

Cuando un médico describe las manifestaciones clínicas de una enfermedad, genralmente pone buen cuidado en distinguir los síntomas de los signos. Tanto unos como otros son manifestaciones clínicas de la enfermedad, pero no se trata de términos sinónimos, sino que son cosas bien distintas.

Los síntomas de una enfermedad son las manifestaciones que el propio enfermo siente, y que nadie, a excepción de quien los padece, puede constatar. Son, por tanto, manifestaciones subjetivas, que tan sólo percibe el sujeto que las padece. El picor o el dolor, por ejemplo, son síntomas; un observador externo no puede verlos, aunque a veces puede deducirlos a partir de datos indirectos: si alguien se rasca inconscientemente, podemos deducir que tiene picor (o, recordemos, si encontramos una zona de piel liquenificada, podemos deducir que tiene picor crónico porque se rasca con frecuencia), o si se protege alguna zona del cuerpo con las manos y adopta una expresión de sufrimiento, podemos deducir que tiene dolor.

Los signos, por el contrario, son manifestaciones de la enfermedad que pueden ser percibidas por un observador externo: son manifestaciones objetivas, que otras personas, además del propio enfermo, pueden constatar; y no solamente por la vista, sino por cualquiera de los sentidos, ya sea vista, oído, tacto, olfato (afortunadamente, en la actualidad, generalmente los médicos no necesitamos hacer uso del sentido del gusto para llegar a un diagnóstico, aunque en el pasado nuestros antecesores contaban con ese sentido como una herramienta más, a veces de extraordinario valor), o con ayuda de pruebas diagnósticas (pruebas que llamamos «complementarias», porque son complementarias de la exploración clínica realizada en consulta).  Un ojo rojo, por ejemplo, o una zona de la piel enrojecida y sobreelevada (como una roncha o habón), son signos.

Los síntomas son, pues, manifestaciones subjetivas; los signos son, por el contrario, manifestaciones objetivas.

Nadie puede describir los síntomas sino el enfermo, pues es quien los padece. Por ello, es importante escuchar con atención lo que cuenta. Se atribuye al Dr. Gregorio Marañón (1887-1960) la anécdota de defender la silla como la más valiosa herramienta médica para llegar a un diagnóstico, pues permite sentarse junto al enfermo y escuchar pacientemente su relato.  Pero, habitualmente, el médico necesitará pedirle al enfermo que precise y concrete lo que quiere decir, pues con frecuencia el lenguaje común es demasiado ambiguo o impreciso para que el médico pueda hacerse una idea de lo que ocurre si no indaga en profundidad sobre matices que el enfermo quizás no haya considerado relevantes.

Por el mismo motivo, en la descripción de los signos también es importante que participe un médico. Generalmente, cuando los signos no son permanentes, sino cambiantes (como el caso citado de las ronchas, que suelen ser de evolución rápida o fugaz), a los médicos nos ayuda mucho contar con el testimonio escrito de un colega que los haya presenciado. Por otra parte, los signos no siempre son espontáneos, sino que a veces sólo se manifiestan cuando se provocan por medio de una maniobra exploratoria. Y es, lógicamente, el médico quien, a partir de los síntomas relatados por su paciente, sabe cuáles son las maniobras exploratorias que deben ponerse en práctica para que aparezcan los signos que busca. Por ejemplo, con un ritmo de respiración normal quizás no son audibles las sibilancias (los «pitidos» al respirar) de un paciente asmático, pero cuando se le pide que respire profundamente por la boca, probablemente se auscultarán de forma mucho más clara.

La exploración clínica, en su conjunto, es, en esencia, la búsqueda de signos clínicos, orientada a partir del conocimiento de los síntomas.

Signos y síntomas, tanto unos como otros, son importantes para llegar al diagnóstico y para constatar la evolución y la respuesta al tratamiento a los tratamientos prescritos.  Nadie como el enfermo puede saber lo que siente. Pero nadie como su médico puede relacionar síntomas y signos, poner de manifiesto los que espontáneamente permanecen ocultos, y describir con precisión tanto unos como otros.

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