Archivo por meses: junio 2014

La basura y la alergia.

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Lamentablemente, después de la fiesta, las mañanas de San Juan nuestras playas amanecen sucias.

Quedan, por supuesto, los vestigios de las hogueras, en forma de montañas de cenizas en torno a algunos rescoldos todavía calientes.  Y quedan, especialmente, botellas vacías, vasos de plástico, envoltorios, papeles,  restos de comida embadurnados de arena, … basura, en definitiva: residuos sólidos que desaparecerán, al menos en parte, tras el paso de los trabajadores encargados de mantener las playas limpias, pero cuya presencia en las primeras horas del día nos recuerda, tristemente, que a veces somos exasperantemente descuidados con nuestro entorno.

Los efectos nocivos del acúmulo de basura son múltiples, tanto para el medio ambiente como para la salud del ser humano. Nos centraremos aquí en su potencial como generador de alergias.

La basura acumulada durante algún tiempo (ya sea en los lugares previstos para ello, como los vertederos, o en sitios donde se deposita de forma imprevista) constituye un conjunto heterogéneo de productos y sustancias diversas, a veces sujetas a cambios por efecto de varios elementos: algunas de esas sustancias pueden liberarse al aire de forma volátil (ya sea en su forma original o cuando se descomponen por acción de los microorganismos), y alcanzar las vías respiratorias del ser humano.

Donde se acumula basura tienden a proliferar animales diversos, muy especialmente roedores, como ratas y ratones, e insectos, como cucarachas, moscas o mosquitos. Obviando el potencial de algunos de estos animales como transmisores de enfermedades infecciosas al ser humano, también pueden representar una fuente importante de alergias.  La alergia a la cucaracha, por ejemplo, es más frecuente de lo que se cree. La fuente específica de alergia a la cucaracha está en su propio cuerpo (el esqueleto que lo recubre por fuera), y en secreciones, huevos y materia fecal que van dejando dispersa. Por otra parte, la propia basura, y la presencia en las cercanías de los roedores, puede atraer a mamíferos de mayor envergadura, como gatos y perros vagabundos. Incluso las avispas, cuya picadura se cuenta entre las causas más frecuentes de anafilaxia en adultos, se ven atraídas por la basura.

Y un problema importante relacionado con el acúmulo de residuos sólidos de carácter orgánico, especialmente cuando hay productos de origen vegetal en descomposición, en zonas sombreadas y con humedad, es la proliferación de hongos o mohos: se trata de hongos microscópicos que crecen en colonias, y que se reproducen y propagan en forma de esporas igualmente microscópicas que se diseminan por el aire, de forma similar al polen, y alcanzan también las vías respiratorias del ser humano. Entre los hongos que más frecuentemente causan alergia están los géneros Alternaria, Aspergillus, Cladosporium, Penicillium y Fusarium: las alergias que producen se manifiestan en forma de alergias respiratorias, generalmente como rinitis, conjuntivitis y/o asma bronquial.

No es ninguna broma, la basura. Ni para el medio ambiente, ni para la salud humana. Y para las personas alérgicas, menos todavía.

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Noche de San Juan, hogueras, humo… alergia y asma

El solsticio de verano es el momento en que el Sol alcanza su mayor altura aparente en el cielo con respecto al ecuador para quienes vivimos en el hemisferio norte. Coincide con el día más largo del año (cuya noche, por ende, es a su vez la noche más corta del año), y marca el momento en que, por convenio, comienza el verano en el hemisferio norte, y el invierno en el sur: eso ocurrió, como ya adelantamos en nuestra última entrada, el pasado sábado 21 de junio.

Aunque, en su origen pagano, la celebración de la noche de San Juan (en realidad, la noche previa a San Juan: es decir, esta noche) no era otra que la celebración del solsticio de verano (más propiamente suele hablarse de solsticio de junio, pues sólo en el hemisferio norte marca el comienzo de esa estación), como hemos visto, en la actualidad el mencionado solsticio no coincide con esta noche. Hace unos miles de años sí ocurría así, pero los movimientos de rotación del planeta (concretamente, la llamada precesión de los equinoccios, que es el cambio lento y gradual en la orientación del eje de rotación de la Tierra) han hecho que el solsticio se adelante. Sin embargo, una vez que, tras la llegada del cristianismo, las tradiciones paganas fueron asimiladas dentro del calendario cristiano, la tradición de encender hogueras en la noche más corta del año quedó unida a la celebración del nacimiento de San Juan Bautista.

La costumbre de encender hogueras en la noche del solsticio de junio buscaba transmitir fuerza al Sol, ya que a partir de esa fecha, y a medida que avanzaba el año, los días iban haciéndose cada vez más cortos.

La noche del 23 al 24 de junio seguimos encendiendo hogueras en muchas de nuestras poblaciones, y festejamos la fecha en la proximidad del fuego.

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¿Pueden las personas asmáticas y alérgicas participar de esa celebración?

Sí, pueden. Pero es importante que recuerden que, al igual que el humo del tabaco, el humo de las hogueras se comporta como irritante inespecífico, capaz de exacerbar una rinitis y de desencadenar una crisis de asma. Lo deseable, entonces, es que, si una persona con alergia respiratoria va a situarse cerca de una hoguera encendida, además de tener su enfermedad bajo control (para lo que es importante seguir las recomendaciones de su médico), identifique previamente cuál es la dirección del humo (lo cual, por supuesto, dependerá de las corrientes de aire imperantes en cada momento) y se ubique en una zona donde el humo no llegue. Y, si cambia la dirección del viento, habrá que reaccionar rápido para esquivar el humo.

Conocer tu enfermedad, seguir el tratamiento adecuado y utilizar siempre el sentido común permitirá que no tengas que privarte de participar en las actividades de las que disfrutan tus amigos y/o tu pareja.