Los trabajadores asmáticos podrían ser reacios a explorar con su médico el origen ocupacional de su enfermedad

El último número de la revista Annals of Allergy, Asthma and Immunology incluye entre sus artículos uno que nos ha parecido muy interesante y al mismo tiempo muy preocupante.

El artículo en cuestión se llama “Patient–physician communication about work-related asthma: what we do and do not know” (“Comunicación paciente-médico sobre asma ocupacional: lo que sabemos y lo que no“). En él, los autores (entre los que firma en primer lugar el Dr. Jacek M. Mazurek) analizaron más de 50.000 encuestas realizadas a personas asmáticas adultas de Estados Unidos entre 2006 y 2010, y prestaron atención a los aspectos referidos a la comunicación que estas personas habían mantenido con sus médicos sobre su trabajo y sobre el asma.

Aunque, según afirman los investigadores, en alrededor de un 46 % de trabajadores con asma la enfermedad parecía estar relacionada con factores vinculados al trabajo, tan sólo un 14,7 % del total declaraban haber hablado con su médico sobre la posible relación de su asma con su trabajo.

Cabe plantearse cuál podría ser la causa de que sólo un porcentaje tan pequeño (¡menos del 15 %!) de trabajadores asmáticos hable con su médico sobre ese asunto. La deducción de los propios autores del artículo (que no nos parece descabellada en absoluto, y que compartimos) es que el motivo podría ser que estos enfermos estuvieran preocupados por cómo afectaría a su situación laboral y a sus ingresos (en definitiva, a su medio de vida) el hecho de que se descubriera que su asma empeoraba con su trabajo.

Que el trabajo se ha convertido, en los últimos años, en un bien escaso, es una evidencia. Que, en esas circunstancias, a los trabajadores les puede causar gran desasosiego e incluso angustia no cumplir las expectativas de sus empleadores, aunque sea por causa justificada como el padecimiento de alguna enfermedad, es también una realidad. De un modo así de exagerado lo plasmaba Santy Gutiérrez en este chiste de febrero de 2012:

Incapacidad

Por todo eso, quizás lo descrito en el referido artículo de Mazurek y sus colaboradores podría ocurrir, de forma similar, en España.

El asma ocupacional es una enfermedad profesional de causa alérgica. La exposición al alérgeno presente en el entorno de trabajo puede producir síntomas y condicionar una mala evolución del cuadro; es decir, el enfermo puede empeorar claramente si no se le evita esa exposición. Por ello, es fundamental detectar la situación cuanto antes, e identificar su vinculación con el trabajo, para ponerle remedio.  Recordemos que una de las primeras medidas en el abordaje de las enfermedades alérgicas es la evitación del alérgeno, cuando ello resulta posible. Difícilmente podrá conseguirse una buena evolución si el paciente sigue expuesto, un número importante de horas al día, al alérgeno que desencadena sus crisis.

Existe la percepción generalizada entre los expertos de que se diagnostican pocas enfermedades profesionales. Ello no quiere decir que el asma quede sin diagnosticar: quiere decir que, aunque se diagnostique, muchas veces no se relaciona con el trabajo. Mal asunto. Diagnosticar correctamente las enfermedades profesionales no solamente redunda en beneficio de la salud del propio enfermo (y le permite, si cumple los requisitos, beneficiarse de las prestaciones que la Seguridad Social ofrece para su protección), sino que nos interesa a todos: un buen conocimiento de estas enfermedades (que pasa por su identificación) y de las condiciones en que se producen permite mejorar el desarrollo de medidas preventivas que eviten que otras personas las padezcan en el futuro.

Si piensas que tu asma está relacionada con tu trabajo, asesórate bien al respecto, por tu propia salud. Y una buena opción para informarte adecuadamente puede ser hablarlo con tu médico asistencial: tu médico de atención primaria o tu alergólogo.

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