Archivo por meses: abril 2015

El alérgeno del mes: El polen de olivo

La semana pasada ya se detectaron niveles altos de polen de olivo en la atmósfera de la provincia de Málaga: más de 100 granos de polen por metro cúbico de aire. Probablemente este polen no ha alcanzado todavía su pico máximo para este año (de hecho, en la provincia de Granada todavía se mantiene en niveles bajos, y en algunas zonas casi indetectable), pero los mencionados son niveles suficientemente importantes como para producir problemas a las personas sensibilizadas.

Por ello, hemos decidido dedicar hoy la sección El Alérgeno del Mes al polen del olivo.

El olivo (cuyo nombre científico es Olea europaea) es un árbol perteneciente a la familia de las Oleáceas (Oleaceae), que comenzó a cultivarse hace unos 5.000 años en el Mediterráneo Oriental, propagándose después a lo largo de la costa, de Este a Oeste, hasta alcanzar la Península Ibérica, y convirtiéndose en uno de los cultivos más habituales de las civilizaciones mediterráneas (además de expandirse a otras zonas del mundo).

Se trata de un árbol muy resistente al calor y a la sequía, lo cual lo hace ideal para la mitad sur de la Península, siendo muy apreciado en amplias zonas de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. En las provincias de Jaén, Sevilla y sur de Córdoba ocupan enormes extensiones de terreno: la extensión de olivares de la provincia de Jaén equivalen, por sí solos, a los de toda Grecia. Por el contrario, la presencia del olivo va perdiendo importancia conforme avanzamos hacia el norte.

olivos

En nuestro país la polinización del olivo suele producirse entre los meses de abril a julio, con niveles máximos generalmente entre la segunda quincena de mayo y primera de junio. Una característica destacable de este polen es su alta capacidad aerovagante (es decir, que puede viajar largas distancias transportado por el aire), pudiendo detectarse en cantidades importantes (capaces de producir síntomas) a más de 100 km de su punto de origen. Esta circunstancia contribuye a su carácter productor de alergia respiratoria con elevada prevalencia en algunas zonas: la Olea europaea representa una causa importante de polinosis en aquellas áreas donde se cultiva. Estudios multicéntricos de polinosis llevados a cabo en nuestro país en los últimos años del siglo pasado y los primeros de éste han demostrado que se trata de la sensibilización por polen más frecuente en Jaén, Ciudad Real, Sevilla y Málaga, registrándose también una gran prevalencia en otras provincias. Globalmente en el conjunto de España, sin embargo, la alergia al polen de olivo se sitúa en segundo lugar, tras la alergia al polen de las gramíneas.

Respecto a la clínica, la rinoconjuntivitis es la forma de presentación más frecuente en los pacientes que padecen alergia al polen de olivo, acompañándose de asma en el 40 % de los casos.

 Se han identificado hasta la fecha 12 alérgenos diferentes en el polen del olivo. Se denominan, respectivamente, Ole e 1, Ole e 2, Ole e 3, … y así hasta Ole e 12. Ole e 1 fue el primero que se identificó y purificó, y es el alérgeno más importante de este polen, aquél frente al cual  están sensibilizados la mayoría de personas que presentan polinosis por polen de olivo (aproximadamente un 62 % de estos pacientes).

 La identificación y purificación de los diversos alérgenos de un polen permite investigar su relación con las diversas formas de presentación y evolución de la enfermedad alérgica por sensibilización a ese polen, y ello puede determinar un enfoque del tratamiento orientado de forma más específica o personalizada. En el caso concreto del polen del olivo, por ejemplo, sabemos que Ole e 7 se relaciona con una mayor probabilidad de reacciones adversas durante los ciclos de administración de inmunoterapia alergénica (“vacuna”) frente al polen de olivo, una información que puede ser relevante en el momento de la prescripción y/o del seguimiento del tratamiento.

El pasado fin de semana tuvimos oportunidad de participar en unas jornadas profesionales organizadas por la Universidad Internacional de Andalucía y celebradas en su sede de Baeza (Jaén), tituladas “Alergia al olivo: Un modelo complejo de sensibilización“. Fue una reunión de especialistas en alergia (desarrollada en una de las zonas del mundo con mayor densidad de olivares, lo cual lógicamente determina las cantidades de polen que pueden encontrarse en la atmósfera y tiene consecuencias sobre la sensibilización de la población de la zona) orientada a exponer y debatir los recientes avances en el conocimiento de las características de este polen y de la enfermedad alérgica que produce. Afortunadamente, cada vez conocemos mejor el polen del olivo y las peculiaridades de la sensibilización frente al mismo, lo cual nos permite disponer de herramientas cada vez más eficaces para ayudar a nuestros pacientes.

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Vigilancia de la salud de los trabajadores con alergias laborales.

En el ámbito laboral, la vigilancia de la salud es uno de los instrumentos que utiliza la Medicina del Trabajo para controlar y hacer el seguimiento de la repercusión de las condiciones de trabajo sobre los trabajadores. Engloba una serie de técnicas entre las que destacan los reconocimientos médicos que se realizan a los trabajadores.

Los principales objetivos de la vigilancia de la salud a nivel individual son tres: la detección precoz de las repercusiones de las condiciones de trabajo sobre la salud del trabajador; la identificación de los trabajadores especialmente sensibles a ciertos riesgos y, finalmente, adaptar la tarea al individuo cuando ello resulta posible, teniendo en cuenta las particularidades de éste.

La vigilancia de la salud debe ser garantizada por el empresario, de un modo completamente gratuito para el trabajador. Debe ser específica para cada caso, es decir, se realizará en función de los riesgos a que está sometido el trabajador en el lugar de trabajo, y tendrá en cuenta sus peculiaridades: eso determinará el tipo de actuaciones a realizar en los reconocimientos médicos, y la periodicidad de los mismos.

Por otra parte, la vigilancia de la salud se entiende, con carácter general, como una obligación del empresario y un derecho del trabajador y, por tanto, voluntaria para este último: el empresario debe poner a disposición del trabajador la posibilidad de hacerse los reconocimientos médicos referidos, pero sin que este último tenga obligación de someterse a ellos.

Sin embargo, la Ley establece que esa voluntariedad se rompe (entre otros casos) cuando el trabajador ocupa un puesto de trabajo en el que hay un riesgo de enfermedad profesional.

Como ya hemos visto previamente, algunas enfermedades alérgicas pueden ser enfermedades profesionales: fundamentalmente de tipo respiratorio y cutáneo.

Las enfermedades respiratorias constituyen la cuarta causa de absentismo en la población trabajadora en España. Entre ellas, la rinitis y el asma son las patologías que más se han incrementado en los últimos años, tanto en España como en otros países desarrollados. La neumonitis por hipersensibilidad o alveolitis alérgica extrínseca es otro proceso respiratorio de carácter alérgico, causado por antígenos que llegan al pulmón tras ser inhalados, transportados por partículas orgánicas e inorgánicas de procedencias diversas, y que en algunos casos puede ser de origen ocupacional: los cuadros más frecuentes son el llamado pulmón del granjero y el pulmón del cuidador de aves.

De igual modo se presta atención a la afectación conjuntival de causa alérgica: el vigente listado de enfermedades profesionales incluye referencia expresa las rinoconjuntivitis alérgicas, pudiendo proceder su reconocimiento como enfermedad profesional aun cuando los síntomas predominantes sean los derivados de la afectación conjuntival.

Las enfermedades alérgicas laborales con manifestaciones en la piel tienen también gran importancia, pues suponen en su conjunto un porcentaje elevado de las enfermedades ocupacionales, representando una causa importante de incapacidad temporal e incluso, en ocasiones, de incapacidad permanente.

El protocolo de vigilancia sanitaria específica de las alergias laborales será de aplicación a todos los trabajadores con posible exposición a agentes y sustancias capaces de producir enfermedades alérgicas al actuar como alérgenos, así como a trabajadores de los que se tenga constancia que han desarrollado algún tipo de alergia. Resulta también importante identificar a las personas especialmente sensibles o vulnerables, atendiendo para ello a la presencia de antecedentes como dermatitis atópica, asma o hiperreactividad bronquial conocidas, alergia a otras sustancias aun cuando no estén presentes en el ámbito laboral,  tabaquismo, historia de infecciones respiratorias repetidas, síntomas o signos sugestivos de enfermedad respiratoria o cutánea actuales, etc.). La periodicidad de los exámenes de salud variará en función del nivel de riesgo determinado en la evaluación correspondiente y de los factores implicados. Como consecuencia de los hallazgos obtenidos en estas evaluaciones y reconocimientos pueden emprenderse acciones y medidas de control ambiental encaminadas a disminuir la presencia del alérgeno en el medio, o cambios en los procedimientos de producción con sustitución de materiales o herramientas, o empleo de equipos de protección individual (como guantes o mascarillas).  Y, a pesar de ello, no son raros los casos en que el trabajador debe retirarse  del ambiente que le resulta nocivo: si esa circunstancia es necesaria, no depende de la voluntad del trabajador; recordemos que incluso el sometimiento a las revisiones médicas de vigilancia de la salud que el empresario ofrece pierde su carácter de voluntariedad cuando se demuestra que las condiciones laborales ligadas a un puesto de trabajo son susceptibles de generar enfermedad: en este caso, patología alérgica.

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