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¿Por qué los contaminantes ambientales aumentan la vulnerabilidad de algunas personas a la dermatitis atópica?

La Dermatitis Atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se manifiesta con lesiones que provocan mucho picor.  Suele asociarse a una piel seca que se irrita con mucha facilidad (las lesiones características son de tipo eczematoso, por lo que eczema atópico es una expresión frecuentemente utilizada para referirse a la dermatitis atópica), y se produce en el contexto de una atopia, por lo que es frecuente que el paciente o alguno de sus familiares directos padezcan asma, rinitis o conjuntivitis alérgicas. La dermatitis atópica afecta a cerca del 20 % de la población infantil menor de dos años (se trata de la enfermedad crónica de la piel más frecuente en los niños), y aproximadamente a un porcentaje de los adultos que oscila entre el 1 y el 5% . Suele evolucionar en brotes, los cuales duran varios días.

Desde hace algún tiempo se conoce la relación entre la contaminación ambiental y la prevalencia y severidad de la dermatitis atópica. Sin embargo, los mecanismos subyacentes capaces de explicar esta relación no estaban claros. Ahora, un grupo de investigadores japoneses de la Universidad de Tohoku (Miyagi, Japón) están convencidos de haber encontrado la causa.

Para explicar el fenómeno, implican a una proteína intracelular del organismo que se comporta como receptor de hidrocarburos aromáticos. Se llama  receptor de hidrocarburos de arilo (o también receptor de dioxina), y se conoce por las siglas AhR (de Aryl hydrocarbon Receptor). Cuando moléculas de hidrocarburos procedentes del exterior (por contaminación ambiental) se unen a esta proteína, se forma un complejo que se comporta en el núcleo de la célula como factor de transcripción: al unirse a una región concreta de ADN, activa varios genes (aumentando su expresión) que regulan la síntesis de diversas enzimas. Algunas de estas enzimas tienen actividad degradativa frente a las moléculas contaminantes, lo cual ha conducido a la idea de que este mecanismo representa una respuesta metabólica adaptativa que protege al organismo de la exposición a cierta clase de contaminantes medioambientales.

Pues bien, los investigadores referidos, liderados por los doctores Yamamoto, Hidaka y Kobayashi, refieren haber descubierto que el receptor mencionado, AhR, causa hipersensibilidad al prurito, a través de una molécula llamada artemina, perteneciente a un grupo de factores neurotróficos que promueven la supervivencia, el mantenimiento y la reparación de determinadas neuronas. La mayor sensibilidad al prurito llevaría al rascado, y el rascado empeoraría las cosas, ya que, al alterar la barrera cutánea facilitaría el paso de los antígenos y, con ello, favorecería o potenciaría las sensibilizaciones. Estas sensibilizaciones predispondrían a los pacientes a padecer enfermedades alérgicas como el asma, pero también a la dermatitis atópica. Lo cuentan en un trabajo que han titulado «The aryl hydrocarbon receptor AhR links atopic dermatitis and air pollution via induction of the neurotrophic factor artemin«, y que se ha publicado en la revista Nature Immunology.

Se trata, obviamente, de una teoría, pero explicaría la mayor prevalencia y severidad de la dermatitis atópica en casos de contaminación elevada, y también resulta congruente con el hecho de que se hayan detectado niveleselevados de activación de AhR y de expresión de artemina en pacientes con dermatitis atópica, pero no en personas sanas.

Serán necesarios, lógicamente, más estudios que confirmen esta teoría, pero, al menos, ya tenemos una.

Hidaka, Kobayashi y sus colaboradores la explican gráficamente con la siguiente imagen, en la que se representan los mecanismos mencionados:

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¿De qué hablamos cuando hablamos de alergia… «aguda»?

Durante los periodos de celebraciones, cuando son más frecuentes las comidas fuera de casa, ya sea en establecimientos hosteleros (cenas de empresa, reuniones de amigos, …) o en domicilios diferentes del propio (comidas o cenas familiares, …), aumenta la probabilidad de que se presenten reacciones por alergia alimentaria. La Navidad es, probablemente, el ejemplo más típico, pues concurren en ella una serie de circunstancias que pueden favorecer este fenómeno, y a las que ya dedicamos una entrada en diciembre de 2014: «¿Aumentan las alergias alimentarias en Navidad?«.

Ante la proximidad de esas fechas, la prensa también suele hacerse eco de este riesgo. En los últimos días ya hemos tenido ocasión de encontrar algunas referencias (valga ésta como ejemplo:  «En la navidad se incrementan los casos de alergia a marisco y frutos secos«).

Debido al enfoque que se le suele dar en esos artículos, y al cual ya prestamos atención en nuestra entrada antes referida, nos ha parecido interesante retomar el asunto para destacar que, puesto que la alergia alimentaria es (como cualquier alergia) una enfermedad crónica, no hay un aumento de las alergias alimentarias en Navidad (no aumenta su prevalencia, es decir, la proporción de personas con alergia alimentaria respecto al conjunto de la población general). Sí existen, no obstante, una serie de circunstancias en Navidad que pueden favorecer la aparición de reacciones alérgicas en personas que han conseguido mantenerse libres de síntomas durante el resto del año.

Como ya abordamos el mes pasado, la alergia ES una enfermedad crónica: cuando a una persona se le diagnostica la sensibilización frente a algún alérgeno que produce consecuencias clínicas (recordemos que ese es el concepto de alergia), esa condición persistirá durante muchos meses o años. No necesariamente durante toda la vida (a veces, sí), pero sí durante el tiempo suficiente como para considerarla crónica. El enfermo puede conseguir mantenerse libre de síntomas con tratamiento farmacológico o evitando el contacto con el alérgeno, pero la sensibilización persistirá, de tal forma que el hecho de mantenerse sin síntomas no quiere decir que esa persona haya dejado de ser alérgica: un posible contacto posterior con el alérgeno puede desencadenar la reacción.

¿A qué nos referimos, entonces (a qué se refiere la prensa), cuando decimos que en Navidad aumentan las alergias alimentarias?: Precisamente a esas reacciones que pueden desencadenarse por contacto con el alérgeno, pues circunstancias como acudir en calidad de invitados a casa ajenas, donde otras personas (no siempre con conocimiento de las implicaciones de la alergia de su comensal, o no necesariamente con la motivación precisa para asegurarse de evitar contaminaciones cruzadas) han preparado la comida, o comer en restaurantes, o descuidar la vigilancia necesaria en el contexto de lo inusual de la situación, aumentan el riesgo de contacto involuntario con el alérgeno peligroso, y, por tanto, de reacción alérgica. Y, si la reacción se presenta, ésta sí, cursará de forma aguda … tan aguda que, a veces, puede representar una situación de riesgo vital que obliga a actuar de inmediato para evitar un desenlace fatal.

Las alergias, entonces, son enfermedades crónicas, prolongadas en el tiempo, y no tienen por qué aumentar en Navidad. Las reacciones adversas que padecen las personas alérgicas cuando entran en contacto con el alérgeno problema, esas sí, son reacciones agudas, y pueden ser más frecuentes en Navidad, por los factores descritos.

Intentemos, por ello, no bajar la guardia.

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