Sobre la seguridad de los repelentes contra mosquitos de aplicación sobre la piel

El último número de la revista australiana de salud pública Public Health Research & Practice incluye una revisión sobre la seguridad y la eficacia de diversos repelentes contra mosquitos de aplicación tópica (es decir, local, sobre la piel).

Al margen de la molestia que suponen para cualquier persona sus picaduras y de que pueden transmitir enfermedades infecciosas, algunas de ellas graves, hay personas alérgicas a la saliva de estos animales (recordemos el síndrome de skeeter, al cual dedicamos una entrada en la Alergopedia). Por ello, los repelentes contra los mosquitos resultan de interés para este blog.

El trabajo está hecho en Australia, pero los autores analizan los repelentes que pueden encontrarse igualmente en nuestro país, y de los que ya hemos hablado aquí previamente. Abordan las características de la N,N-dietil-meta-toluamida (abreviado DEET), de la picaridina y de algunos productos naturales cuyos olores han demostrado cierto efecto repelente, entre los que destacan el aceite de eucalipto y otros extractos botánicos.

Como resultado de su análisis, concluyen que, aunque constatan una percepción extendida de que la DEET puede ser desagradable de usar o representar algún riesgo para la salud, la mayoría de los estudios que han investigado los posibles riesgos para la salud asociados a su empleo encontraron que, si se usa como está recomendada, tales riesgos para la salud son mínimos o despreciables. Aunque la seguridad de la picaridina no se ha investigado con tanto nivel de profundidad, también se considera un producto seguro. Tanto uno como el otro se consideran seguros incluso en caso de mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.

Respecto al aceite de eucalipto (p-mentano-3,8-diol, abreviadamente PMD), encontraron divergencias en las recomendaciones de las autoridades sanitarias de distintos países. Los Centros para Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (conocidos internacionalmente como los CDC, siglas de su nombre en inglés: Centers for Disease Control) recomiendan que no se utilice en niños menores de 3 años. En Australia, sin embargo, la restricción se limita a los menores de 12 meses, y los autores no encontraron evidencias científicas que hicieran recomendable hacer extensiva la limitación a niños mayores de esa edad.

Llaman la atención, no obstante, sobre el hecho de que, aunque los repelentes basados en “extractos botánicos naturales” con frecuencia son percibidos por un amplio sector de la población como más seguros que otros repelentes por el hecho de ser “naturales”, la realidad es que los aceites esenciales extraídos de diversas plantas tienen el potencial de causar reacciones cutáneas adversas (incluyendo la posibilidad de producir dermatitis alérgicas), lo cual consideran motivo suficiente para desaconsejar el uso de repelentes no registrados (y, por tanto, no controlados por las autoridades sanitarias) o de elaboración casera.

El trabajo en cuestión se llama “A review of recommendations on the safe and effective use of topical mosquito repellents” (“Una revisión de recomendaciones sobre el uso seguro y efectivo de repelentes tópicos para mosquitos“), y puede leerse en su versión original en inglés pulsando sobre la imagen:

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