Un semáforo para ayudar a controlar el asma

Este año 2014 se cumplen cien años desde que se instaló por primera vez en la calle un invento que cambió para siempre el paisaje urbano de nuestras ciudades. En efecto, aunque hay antecedentes (como el instalado en el exterior del parlamento británico de Westminster, obra del ingeniero J.P. Knight, que empezó a funcionar en 1868 usando luces de gas rojas y verdes por la noche, y que era manual, precisando que una persona lo manejase de forma continua), fue el 4 de agosto de 1914 cuando se instaló en Cleveland el primer semáforo eléctrico, es decir, el primer semáforo moderno, para gestionar el tráfico entre la avenida Euclid y la calle 105 Este de esa ciudad.

Actualmente, un semáforo se puede considerar un dispositivo eléctrico que regula el tráfico de vehículos y peatones en las intersecciones de caminos mediante señales luminosas. El código de colores mas aceptado en la actualidad incluyen el verde para indicar vía libre (paso libre, se puede avanzar), el rojo para indicar al conductor o al peatón que se detenga inmediatamente, y el ámbar o amarillo para indicar precaución o la obligación de ceder el paso.

Red_and_green_traffic_signals

Lo hemos sacado a colación porque hoy queremos hablar del medidor de flujo pico o Peak-Flow (esta última expresión obedece a su denominación en inglés, que es incluso más utilizada que el nombre en castellano).

Como hemos comentado en entradas previas, el asma se caracteriza por una obstrucción reversible al flujo aéreo en los bronquios. Pues bien, independientemente de su percepción subjetiva, el paciente asmático puede realizar sus propias mediciones objetivas que le informen sobre cuál es la situación de sus bronquios, pudiendo obtener de esa forma información sobre si se encuentran en situación de normalidad o si, por el contrario, han comenzado a estrecharse. Para ello, se utiliza un aparato que mide lo que llamamos el flujo pico o peak flow.

El flujo pico o peak flow es el flujo máximo de aire que puede generar una persona en una maniobra de espiración máxima, es decir, cuando se esfuerza por soplar de forma súbita la mayor cantidad posible de aire. Lógicamente, este flujo máximo varía de una persona a otra, pero también puede variar significativamente en una persona asmática de un momento a otro, dependiendo del grado de obstrucción de sus bronquios: cuanto más obstruidos estén, menor será su flujo pico. Y eso se puede medir (medición que, como puede deducirse, aporta información sobre el grado de obstrucción bronquial).

Para medir el flujo pico se usa un aparato que llamamos Medidor de Flujo Pico o Medidor de Peak Flow (de forma abreviada, podemos encontrar que algunas veces se le llama “Peak Flow“, aunque, en sentido estricto, Peak Flow es precisamente el flujo pico que pretende medir). Se trata de un aparato  de diseño sencillo, barato, portátil y fácil de usar, que no requiere electricidad ni más fuerza motriz que el propio soplido que le aplicara el enfermo. Es un instrumento cilíndrico que consta de una boquilla en uno de sus extremos (a través de la cual se aplica el soplido brusco) y de un émbolo unido a un indicador que, al ser empujado por el soplido, se desplaza a lo largo de una ranura con una escala que permite obtener la medida objetiva.

Este aparato tiene la gran ventaja de que puede ser utilizado por el propio enfermo, y su utilidad es múltiple. Sirve, con carácter general, para realizar un control evolutivo del proceso asmático. Permite detectar precozmente las agudizaciones. Permite también valorar la eficacia del tratamiento (cuando el tratamiento disminuye la obstrucción bronquial, el flujo pico aumenta). Resulta útil, además, para constatar si la exposición a determinados alérgenos o irritantes produce una obstrucción bronquial objetivable (por ejemplo, en el entorno laboral del paciente). Y, por otra parte, si llega a instaurarse una crisis asmática, también ayuda a valorar la gravedad de la misma.

Respecto a la posibilidad de detectar precozmente las agudizaciones, resulta interesante la llamada regla del semáforo, que utiliza el mejor valor obtenido por el paciente, en condiciones óptimas, como la cifra de referencia para valorar la situación funcional de éste. Las distintas mediciones que el paciente realiza se anotan en una hoja de registro de soplidos, como la siguiente:

 hoja de registro

A partir de la cifra de referencia (la mejor marca), se establece un sistema de zonas de colores que resulta muy intuitivo para la percepción del riesgo por parte del propio enfermo:

Si la medición del Pico Flujo está por encima del 80% de la cifra de referencia (la mejor marca), entraría en la zona verde: todo va bien, el asma está controlada, el enfermo está sin síntomas, se puede seguir con el tratamiento habitual.

Si la medición del Pico Flujo está entre el 60% y el 80% de la cifra de referencia, entraría en la zona ámbar: es indicativo de que deben tomarse precauciones, hay que ajustar el tratamiento. Lo ideal sería que el propio enfermo tenga instrucciones expresas sobre cómo actuar si sus mediciones caen en esta zona.

Por último, si la medición del Pico Flujo está por debajo del 60% de la cifra de referencia , entraría en la zona roja: es zona de peligro evidente, necesita potenciar significativamente el tratamiento, por lo que debe buscar asistencia médica lo antes posible.

En la imagen adjunta hemos supuesto, a modo de ejemplo, que la mejor marca del paciente sería 600 l/min (la unidad de medida del flujo es el litro por minuto), y a partir de ahí hemos dibujado las zonas de colores:

hoja de registro semaforo

De esta manera, con un medidor de Flujo Pico, un poco de educación sanitaria y un plan de actuación ante las diversas circunstancias, el paciente puede implicarse de forma activa en el control de su asma, algo que repercute muy favorablemente en la evolución de la enfermedad.

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