¿Tienes alergia?: por un San Valentín seguro

La celebración del día de San Valentín, que tiene lugar el 14 de febrero (es decir, mañana), es una tradición de los países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del pasado siglo, en la que las parejas de enamorados se expresan mutuamente su amor: por ello, también recibe el nombre de “Día de los Enamorados“.

San Valentín fue un sacerdote cristinano que ejercía en Roma en torno al siglo III, en una época en que el emperador, convencido de que los varones solteros sin obligaciones familiares podían ser mejores soldados, prohibió que los jóvenes contrajesen matrimonio. En absoluto desacuerdo con esa prohibición y convencido de la injusticia de la norma, San Valentín oficiaba en secreto ceremonias en las que los jóvenes enamorados contraían matrimonio. Desde entonces se le considera, precisamente, patrón de los enamorados.

 Aunque existen variantes en la forma de celebrar este día, en general la forma de manifestar el cariño suele implicar el intercambio de tarjetas y regalos, como flores o chocolates (bombones), o incluso citas para compartir cenas románticas.

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En general, y salvo excentricidades (en las que la imaginación se muestre creativa en la sustitución de papel por otros materiales), el intercambio de tarjetas no suele revestir riesgo para las personas alérgicas. Al resto de tradiciones, no obstante, merece la pena dedicarles una reflexión.

 En lo que se refiere al regalo de flores, generalmente el polen no suele ser un problema. Al margen del hecho de que, con carácter general, el polen de las flores suele ser de un tamaño demasiado grande como para dar lugar a problemas alérgicos con repercusiones clínicas importantes (algo de lo que todavía no hemos tenido ocasión de hablar en este blog, pero que esperamos abordar en breve), ocurre que, si las flores han sido cortadas por su tallo, su proceso vital se ha interrumpido (es decir, las hemos condenado a morir), por lo que no cabe esperar ya que participen en posteriores procesos de polinización (lógicamente, esta última afirmación no resulta de aplicación en los casos en que el regalo consista en una maceta donde la planta pueda seguir viviendo). Distinto es, sin embargo, el caso de los hongos: unas flores cortadas que van marchitándose son, obviamente, materia orgánica en descomposición, y son un caldo de cultivo excelente para el crecimiento de hongos que pueden desencadenar alergias a la persona agasajada o a alguno de sus convivientes.

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Hay otros regalos típicos que pueden producir también problemas de alergia. No es muy adecuado, por ejemplo, regalar un peluche sin antes haberse asegurado de que ninguna persona alérgica a ácaros se verá perjudicada por su presencia. Y, en caso de regalar ornamentos que contacten directamente con la piel de la persona amada (gargantillas, pulsera, pendientes, …), es bueno haberse asegurado previamente de que ésta no padece una alergia de contacto que pueda dificultar su disfrute. Cuidado, entonces, con lo que se regala cuando todavía no se conoce bien a la otra persona.

Mención aparte merecen las alergias e intolerancias alimentarias en este día.

Si decides regalar bombones, dulces o caramelos, asegúrate antes de que no existe ninguna de esas circunstancias que pueda impedir su disfrute. La celiaquía es bastante prevalente como para que no haber optado por productos sin gluten pueda implicar una decepción si no nos hemos informado antes. Y es sólo un ejemplo.

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Si padeces alguna alergia o intolerancia alimentaria, nuestro consejo es, siempre, que incluso en las primeras fases de una relación lo comuniques a tu pareja o amistades. No hay nada de lo que avergonzarse, y compartir esa información puede evitar problemas y, además, nos permitirá contar con su complicidad y con su apoyo.

No tengas reparos en preguntar, con tanta insistencia como sea necesario, qué ingredientes tienen los alimentos que vas a tomar: eso no es importunar, no es ser pesado. Piensa que, en la actualidad, incluso la normativa legal obliga a los bares y restaurantes a poner esa información a tu disposición.

Por supuesto, cuando tengas una cita nunca olvides llevar contigo tu autoinyector de adrenalina si lo tienes prescrito. No, en serio, ni te plantees otra cosa: nunca olvides llevarlo.

Y nuestro consejo a los padres de niños y adolescentes con alergias alimentarias es que hablen con ellos lo antes posible sobre esas circunstancias que mencionamos en los párrafos precedentes. Ser conscientes de la importancia del tema evitará riesgos. Decir que los adolescentes que tienen una cita en este día tienen más riesgo de anafilaxia que quienes no tienen cita es una obviedad. Pero también lo es que los adolescentes que no están informados tienen más riesgo de anafilaxia (en este día o en cualquier otro) que los que sí lo están.

No podemos cerrar esta entrada sin recordar el riesgo que puede entrañar un simple beso si la saliva de la pareja contiene el alérgeno que puede dar problemas. Ya abordamos esta cuestión en una entrada anterior, precisamente con el título “El riesgo de un beso: ¿Puede un beso tener consecuencias para una persona alérgica?“, por lo que recomendamos su lectura o relectura.

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