Tiempo de procesiones… tiempo de procesionarias

La celebración de la festividad de la Semana Santa se hace coincidir, cada año, con la primera luna llena de primavera. Ese es la explicación por la cual su fecha no es constante todos los años, y esa es la causa de que generalmente se ubique en una franja temporal que abarca la última semana de marzo y las tres primeras semanas de abril.

Precisamente por ese motivo, es frecuente que coincida con la fecha en que las procesionarias salen de sus “nidos”.

La oruga procesionaria del pino (cuyo nombre científico es “Thaumetopoea pityocampa“) es una especie de lepidóptero (es decir, es una mariposa, aunque en esta entrada nos referimos a su fase vital como gusano, que es la que puede producir problemas al ser humano) que abunda (hasta el punto de considerarse una auténtica plaga) en los bosques de pinos de Europa del Sur (por ejemplo, España) y de Europa central (también puede encontrarse en otros árboles, como los abetos y los cedros, pero en ellos es menos frecuente, siendo característica su preferencia por los pinos, como su propio nombre indica).

Durante los meses de invierno, es típico encontrar en las ramas de los pinos una especie de bolsones de seda, perfectamente ostensibles, como los de las fotografías que acompañan a estos párrafos, que no son sino refugios colectivos de estos animales.

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Tras alimentarse durante unas semanas de las hojas del árbol (las cuales, por su forma, reciben el nombre de acículas), en torno al inicio de la primavera las orugas descienden al suelo desde los árboles, en una característica formación en fila india, buscando cada una de ellas el contacto con la que inmediatamente la precede: de esta formación tan curiosa, como si fueran en procesión, es de la que deriva su nombre de “procesionarias“.  Finalmente se entierran en el suelo, donde pasan a la fase de crisálida, y de las crisálidas eclosionarán las mariposas en verano.

Las orugas procesionarias están cubiertas de pelos urticantes que se desprenden y flotan en el aire, pudiendo llegar de esta forma a contactar con la piel o las mucosas (la conjuntiva ocular, los labios) de personas o animales. El adjetivo urticante hace referencia a su capacidad de producir urticaria: en efecto, los pelos de estas orugas contienen una toxina, denominada Thaumatopina, que tiene un efecto poderosamente irritante debido a su capacidad histaminoliberadora; es decir, hace que en el organismo de la víctima se libere histamina, que es precisamente una de las moléculas que se liberan en las reacciones alérgicas, facilitando la aparición de inflamación.

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El efecto mencionado puede aparecer en cualquier persona expuesta, sin necesidad de que exista una sensibilidad especial, pues se trata de un efecto tóxico que no está mediado por mecanismo inmunológico (aún cuando el resultado sea muy similar al de una alergia). Independientemente de lo cual, y aunque es menos frecuente, algunas personas pueden padecer también una auténtica alergia frente a alguno de los componentes de los pelos descritos, originándose entonces una reacción más intensa que puede revestir gran intensidad, incluso derivar en una anafilaxia.

Si se produce una reacción tóxica, que, salvo en casos de exposición masiva, suelen ser molestas pero no revestir especial gravedad, lo primero que hay que hacer es lavar abundantemente la zona, sin frotar, con agua fría (lo ideal sería agua salada o suero fisiológico, pero, en caso de no disponibilidad inmediata, es preferible utilizar agua corriente en lugar de demorar la actuación). Dependiendo de la gravedad del cuadro, después de eso pueden utilizarse medicamentos de los que habitualmente se usan para aliviar los síntomas de algunas alergias (antihistamínicos por boca o una pomada de corticoides), siempre bajo prescripción facultativa.

Y, como siempre en materia de alergia, debe imperar el sentido común, y la primera medida, si resulta posible, es la evitación. Si vemos las bolsas colgando de las ramas, podemos asumir que tarde o temprano veremos por allí orugas reptando: evitemos, entonces, en nuestros paseos por los bosques o parques, la zona, y seamos cuidadosos, por supuesto, con los lugares donde juegan los niños y las mascotas.

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