“Queratosis rubra pilaris”: un nombre bien rebuscado para la piel de gallina.

En la raíz del vello, bajo la piel, se esconde un pequeño músculo erector del pelo: un pequeño músculo por cada pelo, cuya función es traccionar de éste y hacer que el vello adopte una posición perpendicular a la piel. Es la piloerección, y cuando afecta a múltiples vellos de alguna zona del cuerpo, el resultado (el vello erizado) es lo que comúnmente llamamos “piel de gallina”, porque su aspecto recuerda al de la piel de las aves cuando son desplumadas. Esta piloerección ocurre como respuesta al frío (cuando los vellos se erizan, crean una capa de aire por encima de la piel que protege a ésta, levemente, del frío) o a emociones intensas (de ahí la expresión “poner el vello de punta”, para referirnos a algo que nos produce una emoción intensa).

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La queratosis rubra pilaris (también llamada, simplemente, queratosis pilar) es otra cosa, aunque, a veces, su aspecto puede ser similar al descrito. Se trata de un trastorno en el que los orificios de los folículos pilosos, por los que salen los vellos, se obstruyen por tapones de queratina (la queratina es la proteína que forma la capa más superficial de la piel, la llamada capa córnea), y el vello queda atrapado. Ese atrapamiento del vello condiciona que éste quede también erguido, de un modo similar a cuando se erguía porque su músculo traccionaba de él. El aspecto externo, por tanto, es similar al descrito antes en la “piel de gallina”. En este caso, además, hay un grado variable de enrojecimiento (eritema) alrededor de cada uno de los folículos: de ahí el calificativo “rubra”, que significa, precisamente, de color rojo (algunos autores reservan el nombre completo, “queratosis rubra pilaris”, para los casos en los que hay un enrojecimiento marcado, lo cual es más evidente cuando ocurre en las mejillas).

Aunque al tacto transmite una sensación de rugosidad (y no es raro, pues hay un pequeño taponcito en cada uno de los folículos pilosos, que son los orificios por los que asoman los vellos, y eso determina la presencia de múltiples granitos), lo más habitual es que, al margen de la alteración estética (que suele ser leve), subjetivamente no produzca síntomas, o, al menos, no produzca síntomas importantes.

Se trata, por tanto, de un trastorno prácticamente irrelevante.

Como tratamiento, generalmente basta con una buena hidratación continuada de la piel, aunque suelen ir mejor si la crema que se utiliza contiene urea (un 10 % como mínimo), ácido láctico o ácido salicílico.

¿Y qué interés tiene la queratosis pilar en un blog como éste, dedicado a las alergias? Bueno, pues resulta que este trastorno es mucho más frecuente en pacientes con dermatitis atópica: un 37% de niños con queratosis pilar, es decir, más de la tercera parte de todos los que la padecen, refieren ese antecedente.

Así pues, aunque su causa no es del todo conocida, parece que, al menos, una cierta relación con la alergia puede tener. Aunque sea puramente epidemiológica.

 La fotografía (queratosis pilar en un brazo) es de Irja, y está tomada de Wikipedia:

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