Proyecto “Farmacia sin gluten”: pros y contras.

Ayer se ha presentó oficialmente el Proyecto “Farmacia Sin Gluten“, una iniciativa promovida por una empresa de distribución farmacéutica de la Comunidad Valenciana, Murcia y Albacete (Centro Farmacéutico) y una empresa de elaboración y venta de productos de panadería y bollería son gluten (APCEL), con la colaboración de la Asociación de Celíacos de la Comunidad Valenciana (Acecova) y el apoyo de los Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Alicante, Castellón y Valencia, junto con el aval del Consejo de Colegios de Farmacéuticcos de la Comunidad Valenciana y de la Consejería de Sanidad del Gobierno de la Comunidad Valenciana.

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Farmacia Sin Gluten” propiciará que las farmacias de la Comunidad Valenciana y de Murcia que lo deseen dispongan de productos frecos de panadería y bollería sin gluten para ofrecerlos a su clientela. La oferta de productos inicial es limitada pero hay más de 30 productos a la espera de registro para poder comercializarlos. Su elaboración se realizará bajo pedido para garantizar la calidad y frescura de los alimentos.

Los promotores del proyecto defienden que se trata de una iniciativa pensada para reforzar el papel proactivo y promotor de la salud por parte de la farmacia en la sociedad en general, y específicamente en el colectivo de las personas celíacas y sus familiares.

En principio, la idea nos parece bien, pues no cabe duda de que el aumento de los puntos de venta de productos sin gluten contribuirá a aumentar la accesibilidad de tales productos, y los farmacéuticos tendrán oportunidad de realizar asesoramientos y actividades de promoción de la salud para la población celíaca, que, de otra forma, quizás no tendría que acercarse a la farmacia o, muy probablemente, no comunicarían su condición de tales.

El aval de tantas instituciones, no obstante, probablemente no significa más que el hecho de que las empresas promotoras de la idea la han comunicado y pedido de forma expresa el apoyo, que tanto los Colegios Profesionales como la Consejería de Sanidad habrán podido dar por parecerles, a priori y sin entrar en análisis complejos, una buena idea.

Por otra parte, es evidente que tras esta iniciativa existe un interés comercial: tal hecho nos parece legítimo, y no resta atractivo a la iniciativa si ésta realmente repercute en beneficio de la población celíaca y sus familiares.

El riesgo que nos parece importante es la posibilidad de que, por venderse en farmacias, estos productos alimenticios encuentren una excusa para aumentar su precio por encima de lo que podrían costar en otro tipo de establecimientos. Si así ocurriera, en tal caso ya no nos parecería tan buena idea.

Si, por el contrario, predominan los aspectos favorables, con una repercusión positiva para las personas celíacas y sus familiares, entonces bienvenido sea  el Proyecto Farmacia Sin Gluten, y que cunda el ejemplo.

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