Protección para personas alérgicas: también frente a productos de herboristería.

Una vez más, hemos de hacer referencia a los beneficios que para las personas alérgicas e intolerantes tiene la nueva normativa reguladora de la información que debe proporcionarse a los consumidores sobre los productos alimenticios. Supone, ciertamente, un esfuerzo de adaptación (que en muchos casos tendrá que incluir formación del personal) por parte de las empresas (incluyendo, eso sí, a los establecimientos que sirven comidas, por modestos que sean), pero ello repercutirá en un aumento de la tranquilidad y la seguridad (y, por tanto, de la calidad de vida) de las personas alérgicas e intolerantes.

En vigor ya la mencionada normativa, la Unión Europea pone ahora la vista en un sector al cual dicha normativa no alcanza: el sector de los productos de herboristería.

De igual forma que en los últimos años están aumentando las alergias en general, se está constatando un mayor número de reacciones frente a estos productos. Son productos que se venden para ser utilizados como especias, o en infusión, o para mezclar con la leche o con los alimentos, … se les atribuyen propiedades diversas, a veces de carácter farmacológico (antiinflamatorias, sedantes, diuréticas, laxantes, afrodisiacas, … precisamente reciben el nombre de “hierbas medicinales”), y no siempre son del todo inocuas. Por otra parte, se comercializan sin el control que impone la regulación normativa de la producción, distribución y venta de los medicamentos. Se emplean también para el cuidado de la piel (jabones, lociones, …) y como cosméticos, y también en la aplicación directa sobre la piel pueden dar problemas.

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Una de las sustancias frente a las que se están viendo reacciones es el linalool. Se trata de un terpeno (un producto derivado del isopreno, un hidrocarburo), con un grupo alcohol en su composición, cuya forma natural es común en muchas flores y productos aromáticos, y que precisamente tiene un olor agradable (mentolado) que lo hace muy apreciado en esta industria. No obstante, puede ser un  potente irritante, dando lugar a dermatitis de contacto, y también parece tener un fuerte potencial sensibilizante, pudiendo condicionar alergias (cutánea o, incluso, respiratoria) con su uso reiterado. Más de 200 especies de plantas producen esta sustancia (menta, laurel, cítricos, …), y suele estar presente en productos derivados de la lavanda, la manzanilla o la camomila.

Pero el linalool sólo es un ejemplo. Las sustancias potencialmente sensibilizantes son muchas, más bien podríamos decir muchísimas, … y generalmente el consumidor no sabe con certeza cuáles de ellas incluye el producto que va a comprar.

Por eso, la Unión Europea, una vez en vigor la norma que regula la información que debe proporcionarse en el ámbito alimentario, vuelve la vista hacia este sector. De momento, no ha dicho si tiene previsto regularlo a corto o medio plazo, pero diversas instituciones científicas de varios países europeos están investigando sobre el asunto, y preparando informes que, aún cuando no sean vinculantes, si muestran datos concluyentes serán, con una muy alta probabilidad, tomados en consideración.

Hablamos, al menos, de garantizar una información precisa y fiable. ¿A alguien le parecería mala idea?

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