Los estudiantes tratados con inmunoterapia pierden menos horas de clase

Como ya comentamos en alguna entrada previa, la semana pasada se celebró en Copenhague el Congreso de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica. Entre los múltiples temas que allí se comentaron, se expusieron los resultados del estudio “Energy” (elaborado por Stallergenes Ibérica), los cuales ya eran conocidos por los alergólogos españoles, pues se habían presentado en el Simposio Internacional de Alergia a Himenópteros de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que se celebró en octubre de 2013 en Granada.

Dicho estudio, cuyos resultados la prensa generalista está divulgando como si fueran algo absolutamente novedoso, constata que el impacto de la alergia respiratoria sobre la actividad académica y laboral es mayor en los pacientes no tratados con inmunoterapia: es decir, que los estudiantes o trabajadores con alergia respiratoria que se tratan con inmunoterapia son los que menos ven afectado su rendimiento (académico o laboral, respectivamente) como consecuencia de la enfermedad.

La inmunoterapia con alérgenos, coloquialmente conocida como “vacuna de la alergia“, es el tratamiento consistente en administrar a la persona alérgica dosis progresivamente crecientes de un extracto que contiene el alérgeno problema hasta que se alcanza una dosis que induce tolerancia en el enfermo, consiguiéndose con ello mejorar o incluso evitar los síntomas en una posterior exposición.

Aunque la vía de administración tradicional de la inmunoterapia es la subcutánea, en los últimos años se ha demostrado la utilidad de la vía sublingual, y más recientemente se han comercializado algunos extractos de pólenes de gramíneas en forma de comprimidos orales.

El estudio “Energy” es un estudio observacional, multicéntrico y transversal para el que se reclutaron 683 pacientes adultos con rinitis alérgica moderada o grave a polen o ácaros. De ellos, el 80 % tenían un trabajo remunerado, el 20 % eran estudiantes, y, además de la rinitis, el 48 % tenía asma y el 65 % conjuntivitis.

Para evaluar el impacto de la rinitis alérgica en la calidad de vida los investigadores utilizaron el cuestionario “ESPRINT-15″, mientras que para valorar el impacto de la enfermedad sobre el rendimiento académico y la productividad laboral emplearon el cuestionario llamado “WPAI+CIQ:AS” (nombre que corresponde a las siglas de “Work Productivity and Activity Impairment Questionnaire plus Classroom Impairment Questions: Allergy-Specific”).

El análisis realizado demostró que, de los factores medidos, recibir inmunoterapia fue el que más positivamente influyó en la productividad laboral y en el rendimiento escolar, ofreciendo menor absentismo laboral y tiempo de clase perdido y mejorando la capacidad de realizar otras actividades habituales.

Ya sabíamos que, aunque el tratamiento farmacológico es útil para controlar los síntomas, la inmunoterapia es el único tratamiento capaz de alterar el curso natural de la enfermedad alérgica, motivo por el cual, cuando está indicada, su introducción debe ser precoz. Por ello, la constatación de los datos arriba referidos no supone ninguna sorpresa, pero es una prueba más a favor de la utilidad de la inmunoterapia como tratamiento eficaz en la alergia respiratoria.

Estudio

 

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