Las reacciones cutáneas por la procesionaria no suelen ser de tipo alérgico, sino tóxico

Las orugas procesionarias, a las que ya nos hemos referido previamente en este blog, están cubiertas de pelos urticantes que se desprenden y flotan en el aire, pudiendo llegar de esta forma a contactar con la piel o las mucosas (la conjuntiva ocular, los labios) de personas o animales. El adjetivo urticante hace referencia a su capacidad de producir urticaria: en efecto, los pelos de estas orugas contienen una toxina, denominada Thaumatopina, que tiene un efecto poderosamente irritante debido a su capacidad histaminoliberadora; es decir, hace que en el organismo de la víctima se libere histamina, que es precisamente una de las moléculas que se liberan en las reacciones alérgicas, facilitando la aparición de inflamación.

Debido a las elevadas temperaturas y a la ausencia de lluvias durante este invierno, la aparición de la procesionaria puede adelantarse e incluso estar presentes con mayor abundancia que en otros años. Por ese motivo, la prensa está presentando ya referencias a las mismas, y con frecuencia hablan de las “reacciones alérgicas” que pueden causar.

Sin embargo, el efecto mencionado puede aparecer en cualquier persona expuesta, sin necesidad de que exista una sensibilidad especial, pues se trata de un efecto tóxico que no está mediado por mecanismo inmunológico (aún cuando el resultado sea muy similar al de una alergia, ya que la Thaumatopina produce su efecto tóxico precisamente provocando la liberación de histamina, que es precisamente uno de los mediadores de la inflamación que se liberan en las reacciones alérgicas). Es cierto que algunas personas pueden padecer una auténtica alergia frente a alguno de los componentes de los pelos descritos, originándose entonces una reacción más intensa que puede revestir gran intensidad, incluso derivar en una anafilaxia, pero son casos excepcionales, frente a la reacción general de carácter tóxico que puede aparecer en cualquier persona expuesta.

Es importante, por ello, tener presente que las reacciones adversas producidas por la oruga procesionaria de los pinos no está condicionada por la existencia de una especial predisposición, como ocurre en las alergias, sino que depende de un mecanismo tóxico, no inmunitario, y por ello cualquier persona (o animal: cuidado también con las mascotas) debe evitar el contacto directo con estos gusanos.

Recordemos que no todo lo que pita es asma, ni todo lo que pica es alergia.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3e/Thaumetopea.pityocampa.01.jpg

Fotografía de Jürgen Appel.

Compártelo Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn