La importancia de la percepción de la inmunoterapia específica por el médico de atención primaria

Diversos ensayos clínicos y meta-análisis han demostrado de forma convincente que la inmunoterapia alérgeno-específica es un tratamiento eficaz para reducir los síntomas y el consumo de fármacos en la alergia respiratoria, con la consecuente mejora de la calidad de vida del enfermo. Pero, además, hay evidencia de que la inmunoterapia alérgeno-específica es un recurso terapéutico que, en casos seleccionados, puede modificar la historia natural de la enfermedad alérgica, por ejemplo previniendo el establecimiento de asma en pacientes con rinitis alérgica.

Sin embargo, de poco (o de nada) serviría que los especialistas hospitalarios estuviesen convencidos de estas ventajas y actuaran en consecuencia, si tal convicción no fuese compartida por los facultativos de atención primaria. El médico de atención primaria suele ser quien inicialmente tiene conocimiento de los síntomas que afectan al enfermo y quien decide si su paciente alérgico puede beneficiarse de un estudio o tratamiento a cargo del especialista. Además, gracias a su capacidad para resolver la gran mayoría de problemas de salud que se le consultan, suele gozar de la confianza de sus pacientes, por lo que su criterio, en éste como en otros tantos temas, suele constituirse en una poderosa influencia para la aceptación de tratamientos y la adherencia a los mismos.

En el último número de la revista Clinical and Molecular Allergy se ha publicado un estudio realizado por autores italianos que explora, precisamente, la opinión que tienen los pediatras de atención primaria de su entorno sobre la inmunoterapia alérgeno-específica. El trabajo se llama, precisamente, “The perception of allergen-specific immunotherapy among pediatricians in the primary care setting” (“La percepción de la inmunoterapia alérgeno-específica entre pediatras de atención primaria“), y se basa en la realización de una encuesta a 180 pediatras de atención primaria elegidos de forma aleatoria entre todos los del país. Como ya hemos referido en alguna ocasión anterior, las encuestas, cuando están bien diseñadas, pueden ser un instrumento muy adecuado para conocer la realidad social. En este caso, los autores encuentran que  los pediatras que respondieron (140) tenían un conocimiento satisfactorio de las características de este recurso terapéutico, de sus objetivos y sus límites. Además, la prescripción llevada a cabo por otros especialistas era, en su gran mayoría (78 %), bien recibida y aceptada (algo que, insistimos, en nuestra opinión puede resultar crucial de cara a la adherencia terapéutica del paciente, especialmente teniendo en cuenta que son tratamientos largos). A pesar de ello, casi la totalidad de los pediatras (90 %) expresaron su percepción de que un mayor esfuerzo divulgativo sobre las características de la inmunoterapia alérgeno-específica podría merecer la pena, pues pensaban que tanto sus propios conocimientos como la percepción que de la misma tenían sus pacientes podían mejorar sustancialmente.

Son resultados interesantes. ¿Serían similares, si la encuesta se llevara a cabo en nuestro país? ¿Y si los destinatarios de la misma fuesen médicos de familia que tratan pacientes adultos?

 La imagen alegórica con que finalizamos esta entrada es otra excelente ilustración de Norman Rockwell, que muestra la cercanía del pediatra de atención primaria con su paciente:

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