La basura y la alergia.

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Lamentablemente, después de la fiesta, las mañanas de San Juan nuestras playas amanecen sucias.

Quedan, por supuesto, los vestigios de las hogueras, en forma de montañas de cenizas en torno a algunos rescoldos todavía calientes.  Y quedan, especialmente, botellas vacías, vasos de plástico, envoltorios, papeles,  restos de comida embadurnados de arena, … basura, en definitiva: residuos sólidos que desaparecerán, al menos en parte, tras el paso de los trabajadores encargados de mantener las playas limpias, pero cuya presencia en las primeras horas del día nos recuerda, tristemente, que a veces somos exasperantemente descuidados con nuestro entorno.

Los efectos nocivos del acúmulo de basura son múltiples, tanto para el medio ambiente como para la salud del ser humano. Nos centraremos aquí en su potencial como generador de alergias.

La basura acumulada durante algún tiempo (ya sea en los lugares previstos para ello, como los vertederos, o en sitios donde se deposita de forma imprevista) constituye un conjunto heterogéneo de productos y sustancias diversas, a veces sujetas a cambios por efecto de varios elementos: algunas de esas sustancias pueden liberarse al aire de forma volátil (ya sea en su forma original o cuando se descomponen por acción de los microorganismos), y alcanzar las vías respiratorias del ser humano.

Donde se acumula basura tienden a proliferar animales diversos, muy especialmente roedores, como ratas y ratones, e insectos, como cucarachas, moscas o mosquitos. Obviando el potencial de algunos de estos animales como transmisores de enfermedades infecciosas al ser humano, también pueden representar una fuente importante de alergias.  La alergia a la cucaracha, por ejemplo, es más frecuente de lo que se cree. La fuente específica de alergia a la cucaracha está en su propio cuerpo (el esqueleto que lo recubre por fuera), y en secreciones, huevos y materia fecal que van dejando dispersa. Por otra parte, la propia basura, y la presencia en las cercanías de los roedores, puede atraer a mamíferos de mayor envergadura, como gatos y perros vagabundos. Incluso las avispas, cuya picadura se cuenta entre las causas más frecuentes de anafilaxia en adultos, se ven atraídas por la basura.

Y un problema importante relacionado con el acúmulo de residuos sólidos de carácter orgánico, especialmente cuando hay productos de origen vegetal en descomposición, en zonas sombreadas y con humedad, es la proliferación de hongos o mohos: se trata de hongos microscópicos que crecen en colonias, y que se reproducen y propagan en forma de esporas igualmente microscópicas que se diseminan por el aire, de forma similar al polen, y alcanzan también las vías respiratorias del ser humano. Entre los hongos que más frecuentemente causan alergia están los géneros Alternaria, Aspergillus, Cladosporium, Penicillium y Fusarium: las alergias que producen se manifiestan en forma de alergias respiratorias, generalmente como rinitis, conjuntivitis y/o asma bronquial.

No es ninguna broma, la basura. Ni para el medio ambiente, ni para la salud humana. Y para las personas alérgicas, menos todavía.

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