Hace un año, tal día como hoy, hablábamos de la relación entre cambio climático y alergias

Coincidiendo con la Semana Mundial de la Alergia de 2016 (cuya edición correspondiente a este año acaba de terminar), que llevaba por lema “El cambio climático agrava las alergias a nivel mundial”, abordábamos en este mismo blog, en una entrada con el mismo título, la relación entre el cambio climático y el aumento de las alergias respiratorias, muy especialmente las originadas por sensibilización a pólenes.

¿Qué ha cambiado al respecto desde entonces?

Los hallazgos más recientes no desmienten esa afirmación, sino que, por el contrario, afianzan esa certeza.

El calentamiento de las temperaturas globales puede llevar a temporadas de floración, y, por tanto, de polinización, más largas; lo cual implica que habría polen en la atmósfera, en cantidades suficientes para producir síntomas a las personas alérgicas (o para sensibilizar a quienes no lo fueran previamente), durante más tiempo. Como consecuencia del calentamiento global los cambios entre las estaciones se van haciendo más tenues, los límites entre una y otra más diseminados: ese fenómeno, que todos percibimos, condiciona que las alergias se desestacionalicen. Las manifestaciones que antes pudieran estar limitadas a una estación concreta (la primavera como ejemplo más claro) se inician antes o/y se prolongan a partir de las fechas en que solían concluir.

La contaminación ambiental, directamente relacionada con el calentamiento global (en cuya causa juega un papel conocido), tiene también efectos sobre las alergias respiratorias.

La mayor cantidad de CO2 en el aire significa mayor disponibilidad del mismo para las plantas, que lo utilizan en sus procesos metabólicos. Eso podría conducir a más crecimiento de las plantas y más polen en la atmósfera, lo cual se relacionaría directamente con la intensidad de los síntomas de las personas alérgicas.

Por otra parte, el estrés a que se ven sometidas las plantas como consecuencia de la contaminación (hecho que se ha comprobado respecto a las partículas de diésel) origina que aquéllas reaccionen de manera defensiva produciendo nuevas proteínas, denominadas proteínas de estrés, que tienen un efecto directo sobre la alergenicidad de los granos de polen.

Malas noticias para las personas alérgicas.

Es obvio que éstos no son los únicos efectos de la contaminación y del calentamiento global, pero sí son los más relacionados con la materia objeto de este blog.

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